Abrecartas

Hubo un tiempo,, (hay), en que ,(se), escribían, a mano, cartas.

Tus manos están, hoy, escribiendo, !qué valiosa!, ( !que valor!),una carta.

El abrecartas es de madera y metal.

Ave con alas de leño que busca las palabras que, solo tuyas siendo, te fueron dichas y no enviadas, y las recoge, y te las trae al vuelo.

Puñal de empuñadura de palo de filo solamente amenazante, (hiriente), para los sobres, (que nunca dañará al verbo).

Y reposo al que todo vocablo tuyo, por solamente para ti haberse dicho, podrá acudir a, de necesitarlo, recostarse antes de, a ti, llegar:

Abre, con él, las cartas, (o sin él, desgárralas, despégalas, des… ), de tu pasado no leído antes, y léelas.

Sus historias y sus cuentos.

Lo que podría haber sido, y lo que ser, podría.

Y, una vez discriminadas, te cuento que, hay un cajón en el que, bajo el abrecartas, conservarlas, (tirarlas).

Escribe esa carta que pensaste al recordarle, (al encontrarte por su recuerdo asaltada) y, luego, si es que decides enviarla, (veces hay en que decir es suficiente, que antes de poner destinatario, poner remitente hay que ), ojalá que, a quién lo hagas, disponga de este abrecartas.

Anterior
Anterior

Yegua Herrada

Siguiente
Siguiente

El Birroh