Cisne enamorado de un naranjo
El cisne está partido en dos, literal, y verticalmente: en uno que contempla, (desde ese ojo en cabeza a punto de separarse del cuerpo), y en el otro, que se conmueve (eso le mueve).
¿Qué podrían haber hecho, ambos, (que uno son), el día que se encontraron aquel arco?: ¿disparar flechas?, ¿burbujas de jabón gigantes mostrando, de su luz, los reflejos?, ¿usarla como fusta, como silbato?.
Ni arma, ni azote, ni instrumento hueco a cuyo través hacer pasar ningún aire.
El frutal tiene hojas grandes, frondosas, carnosas y caídas (para gustos, una especie de languidez insinuante).Sus frutos crecen colgando de las hojas directamente, o, sobre ellas, reposando. No podría decir nada más en particular que lo describa salvo que, quizás, tenga más pinta de pertenecer a una selva tropical que a los humedales en los que viviría un ánade.
Y, sin embargo, ahí están: el uno despertando apetitos, el otro, con apetitos despertados.
El cisne, enamorado de un naranjo, apoya un arco en el cuello de la mitad de su cuerpo, y, con la otra mitad, toca el violonchelo y ronda a su objeto de deseo. Su música es firma con formas de aves y de flores o plantas, muy rudimentarias, (todo lo que sabe componerle ofrece, regala).
Son Violón, y Chelo, dos a punto de convertirse en amantes, ¡ay, que música no compondrán, si consiguen, encajar, (emparejarse)!.