El martillo imposible

. El martillo imposible.

El martillo imposible tiene extremos.

En la cabeza dos: romo uno, el otro en punta.

En su interior un cuerpo humano y masculino descabezado, (o, quizás, con la cabeza gacha, derrotada), y con muñones por rodillas, (con nada bajo ellas), camina, (con sus brazos, carentes de manos), como en horizontal empaladas. Enterradas en la cabeza de cualquier mango de martillo (imposible) de donde, este último, obtiene, precisamente, su fuerza precisa.

Camina, el uno, con sus brazos mancos siempre en cruz, el otro golpea y golpea tan silencioso que imprevisible, (inevitable), tan rápido que antes que dolor, desorientación, desconcierto. Caminarás, sin saber qué te ha pasado, y continuará, lo mismo, sucediéndote.

Mango que dice ser de madera áspera y quemada y, sin embargo, no es, no tizna. Sin huella suya que rastrear, tú, (si, por el motivo que fuera lo tocases, otra manera de decir, te tocase), hollinada, marcada, condenada a nada tocar, para ensuciar nada.

Sólo mostrará su cochambre si reducido a cenizas, sólo lo que de él quede mostrará, (¿qué tipo de resarcimiento, (imposible), es ese?), qué era.

Se deja ver tanto con clavos como con sacacorchos. Que no te confunda, sólo es prueba de que puede machacar tanto al retorcido como al franco.

Dispone, este martillo, de la cualidad imposible esa, de que solamente con cerca tenerle, (sin que te toque, sin que le roces siquiera), te desangrará su presencia inocente.

Tu sangre derramada, (pese a su rabia y tu sorpresa), será gusano de sangre de seda y reptará, por el aire, (contra toda gravedad), para a ti regresar.

No tiene remedio el martillo, (es imposible).

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Diana