Elzorro y Elcán
Trazas contorno en verde oscuro.
Acaba, por ser, el relleno de sus blancos, (salvo una mano y un rostro anecdóticos, diminutos), negro y escaso.
¿Debieras, así siendo, rebelarte, de la línea, (de lo episódico), contra esos colores?
¿o puedes ser, (llamarte), lo que eres, (negro y blanco), conservando tinte de un origen, (de un encuentro)?
Hay garabatos que son pensamientos…
.Elzorro. (todo junto)
Elzorro, (con su sombrero de ala alargada y rostro cubierto por máscara, dejando solamente cuello y ojos, que ver),
más que montar,
sobre el caballo tobiano, camina,
(así arrea al animal sin dolor causarle y no precisa de monturas ni piernas largas y fornidas).
Juntos, y de esta guisa, buscan,
(escudriñando todo lo que a su paso se presente),
¡una causa justa!
Eso les supondrá, (¿podrán?), atrás dejar el cansancio, (alto y delgado), que a duras penas puede sujetar el peso, (por ello encorvada) de su espalda, (y ésta de su cabeza), al caminar, por lo tanto, con tal espacio de tiempo dejando entre paso y paso.
(Añadir todo de lo que, de sus causas aparte, tendrán que tener cuidado o andar cuidando).
Queda, desde su oriente, todo registrado:
la mujer del kimono blanco y melena en vertical atada,
(usando ese pincel como curvado cuya escritura grapará lo sucedido en papel),
escribirá en mesa de espalda de hombre arrodillado y plegado, para eso, (una memoria sola, de más de un soporte requiere), ser.
Es, (de Elzorro), su mundo, blanco, (y negro),
pues ese rostro, (la mano esa), no es de él, ni los límites de esos tonos diferentes, ve.
.Elcán.
Tiene, Elcán, por ojo un pez, y una boca, (en su ceño fruncido), entreabierta.
Algo, como su aspecto, severo, (si por nacimiento, o por existencia, no sabemos), le sucedió en las orejas:
una, de ser de un lugar, sería, “te”, en kana alguna, y en un color enraizada que no debiera existir en su mundo negro, (y de cana muy blanca)
otra, más que escuchar, mira, y de todo cuanto ve desconfía, camino por el que le ha de llevar su vida incluido. Nada busca que encontrar, ni defender. Nada escucha, ni registro conserva de lo que a su mirada le haya contado, su vida. De lo que la rodea todo, nada, (que no sea oscuridad, suciedad), ve.