2d
Los “2d” son los que la aplicación de acceso gratuito, (hoy ya descatalogada pero todavía la que uso), así define, (en dos dimensiones).
Hasta el momento utilizo, mayoritariamente, sus pinceles, (yo diría que incluso por este orden de más a menos), relleno , marcador y aerosol seguidos ya más o menos de lejos, por el resto, (que son 6).
De forma anecdótica, quizás alguna incluya algún trazo añadido en 3 d.
Me enseñaron que 180° son sentidos opuestos de una misma dirección, que 360° son cuatro veces 90, (cuatro historias distintas en una), y el poder de variar la distancia a la que se mira.
Me llevó un tiempo descubrirlo, más ahora, siempre me acerco a ellos (y me, de ellos, alejo), y los giro. Eso les invito a hacer a ustedes cuando los miren.
.Mujer de gorro fenicio.
.Mujer del gorro fenicio.
Es única esta mujer:
surgen las caras, siempre, sin a cuento venir, (otro cuento del que en su lugar de nacimiento se cuenta)
ella es, a quienes no la encuentran, concesión.
Me dices que no la ves aquí y, sin precedente sentar, te la muestro.
Pugante
Hubo, es cierto, por allí colgando, un puente, que dos acantilados unió.
Por aquel lugar surgió su cuerpo reduciéndose desde grande arriba hasta pequeño, (de la amplitud de sus miras, a los pasos de su insignificante pie).
Colgaron sus partes uniéndolas por cicatrices de glicina que su caída suspendiese.
Se separó de su oído, que en su sitio quedó, la oreja de agua que en la parte posterior de la cabeza desembocó.
Y esa boca en bocina terminada con pitido de habla.
Conectando pensamiento y escucha, ve.
De su silueta de cúspide lampiña fue a caer en la frente, (bello no es), el vello.
Sobre el valle de su cuello cuelga el peso de una garganta de piedra sujeta, en su extremo, por bejuco solamente.
Y su nariz de embudo olfatea, con curiosidad y desconfianza, un futurible ignoto.
Sí, hubo, una vez, allí una pasarela; si el hombre tumbado, aún hoy conecta de la espalda su parte más baja, con un muro, y su, de cueva, entrada.
Hay ahora, alguien, (elevando al tiempo su pierna flexionada), sentado sobre una pieza de piedra en equilibrio inestable y firme, sujeta, al del suelo un agujero, por, de lianas, pendiente.
.Pujante.
Vive Pugante, en donde, de manera alguna, todavía cuelga un puente.
.Deseo.
Posibilidad, por naturaleza pretendida, a la realidad tatuada con técnica de línea permanente y fina.
.Deseo (frecuencia).
Algo intenta decir, (dice).
Para ello estira,
(en horizontal sacándolos hasta de su nariz igualar el largo),
los labios.
Sólo ruidos encuentran, (interferencias), sus oídos
en el afán ese de encontrar el rango en donde su espectro sea el tuyo.
.Sin tronco deseo.
Hay en su cuerpo un deseo que aflora del tajo que la separa de su cabeza,
y ella, que, de sí misma, (y su mirada, y los rastros que deja), se alimenta,
sigue el mismo camino como si todavía tronco, que tuvo, tuviera.
.Deseo (ósculo).
Con, de explicaciones, ósculo, busca boca que en su idioma coincida.
Cree, haber estado, alguna que otra vez, a un instante de piel de conseguirlo.
Cuanto mayor el empeño,
(de la vereda que, al principio trace su resto líquido independientemente),
mayor la gravedad recta de su despeño.
.Dos alas de deseo.
De las alas (dos), de un anhelo, (una creencia), al medio tajada, partirá
hacia un camino, sin retorno, que sólo en su… existirá.
Con gráfica de parte de sus ruidos como guía,
(más que atrás),
de, de su horizonte la línea,
dejando, debajo, los demás.
Hará cuerpo, (sostén), del rostro que tuvo un día.
Y una cabeza, completa y distinta, la seguirá.
P.S: el usar el modo de edición con formato “tarjeta” oscurece el fondo blanco de la imagen.
De hojas ojo
¿Recuerdas, de la ventana aquella adentro, el panorama?
¿qué apareció cuando su manecilla ojal, (de entre oval y de ojo contorno), terminó por caer a la superficie de un recuerdo con fondo?
Todo a través de ventana invisible ves, hasta que la hoja abres, (tras del marco haber desmontado), que cambia, (algo), todo.
.De hojas ojo.
Tienen, las hojas, ojos, y ven, lo que no está escrito.
Lo que no está cortado, cortan
y
, de su caída antes,
todo lo que por delante se les pase
(día, noche, festivo, laborable… ¡descansan nunca!)
registran.
Tienen, los ojos, hojas, en las que escriben, (cortan), registro de su historia.
Antes de mirar poder algunas cosas, sólo caricaturas ven,
con figuras infantiles, (cándidas, rudimentarias, torpes…), escondiendo, bajo enigmas, advertencias adultas.
Una ventana hubo tantos días…tenía dos hojas (ojos).
.De Tizul la esposa.
Tiene, Tizul, a su mujer ideal, en la cabeza.
Y la busca, (tras en el cielo no haberla encontrado), en la tierra.
Ella, (la mujer), quiere decirle que no existe:
que la imaginó su viento, y que su cuerpo de aire, (¡que se fije!), bien podría ser, (de la nada aparte), cualquier otra criatura, (¡que la agite, que la gire!), que más se asemeja a cría de algún animal con mirada mansa y triste, o a… que a…
Alza, de perfil, su rostro con su nariz cortada y su cabello azul mostrando al hacerlo, y eso, (en la cabeza de él), piensa:
(Que mujer, de en la vida y real busque, le desea).
Él, a su deseo, (del deseo de ella a pesar), se esposa.
.De Tizul la esposa.
.Colmillos negros.
Me interesan, de esta imagen, los horizontales, (horizontes no alcanzados, no terminados, todavía), pero me conducen a observarlos y a no describirlos.
Hay cosas, (eso sucede en ocasiones, sin que secretos sean), que solamente el silencio, (y sólo a ti), te cuenta.
.Colmillos negros.
Camina, con sus medianamente rectas par de piernas, con estilo más de felino que de ave.
Sale, de su cadera derecha, su cabeza.
Abre sus mandíbulas de las que emergen sus dos colmillos, (no sólo de huesos blancos están hechos, depende de para qué se vayan a usar, las piezas dentales), negros:
uno que laminará a sus presas, otro que las lonchas pinchará y arrastrará a sus adentros, en donde ya no se sabe qué sucede con ellas, (aunque nunca desaparece del todo lo que los corazones albergan, incluso aunque los digieran, o en lascas de músculo endurecido como piedra se conviertan).
Comen, esas fauces, corazones, (solamente de ellos se alimentan, destrozándolos se engrandecen), incluso uno solamente, si lo suficientemente grande es, puede durarles casi indefinidamente dándoles un tiempo, (entre las rebanadas de tortura), para regenerarse.
Los resecan antes, la respiración impidiéndoles, hasta convertirles en hojas secas de otoño de la vida cayéndose (con ella, todavía, atrapándoles).
O, de eso no poder hacer, les ponen una pátina previa de mancha pues la limpieza, de su alimento, les indigesta.
Matan así, a los sentimientos, mínimamente dos veces:
cuando lo hacen, y cuando les hacen aparecer con una suciedad, (sin opción a limpiarse), que les caracterizó nunca.
En la pieza laminadora, (hay tareas, que acaban, independientemente de tu grado de dureza, de resistencia, por devorarte), grieta incipiente, (imperceptible casi), crece.
Camina, el colmillos negros, recto y como apretando, a cada paso, las nalgas.
Es porque para algo tiene que hacer espacio entre las piernas, (en donde sus afectos residen).
Si la boca abre, por mucho que diga, nunca será para hablarte.
Será entonces, (cada vez), cuando sepas quién, (qué), en realidad es, pero será, (todas las veces), tarde.
.Negros colmillos.
Parecen iguales, (de forma, de color, de tamaño, de…) y, como si por ello uno fuesen, (para ello ser), sus labios , (enrojecidos por el pudor primero, por la fricción después), unen.
Consiguen dos, muy parecidos, ser, (sus bocas rozando).
Cree uno que así el mismo amor único se tienen,
no nota que va del otro el corazón solo, por ahí, a un lado, caminando apoyándose en las gotas de sangre negra que va derramando.
.Cara de Chimeneo.
Necesitó, Chimeneo, de otra cara:
de, en su rostro, otra parte,
(que todo su humo sin rechistar tragase),
de, en su estómago
(que todo resto de llama que, para expulsar no fuese, digiriese).
. Una cara de Chimeneo.
De aquí viene esta cara.
Blanco y negro
Hay cosas que solamente en blanco y negro surgirán, ¿significa eso que sólo así se pueden contar?
Así, solas, se cuentan.
.Cara de Samu y Rai en el cañaveral.
. Cara fuera de Samu y Rai en el cañaveral.
Se camufla en un zapato de tacón y punta y así camina:
golpeando el suelo cual pico, (sin pala que nada recoja después), a saltos.
Convencido estando de que, así, ya que vive en donde los cuerpos son calzado, (de una pieza sola, siempre la misma), podrá, en el mundo que le rodea vivir.
Pero se verá su rostro asomando y, con ello, no habrá paso dado, (sin dar), que no le ponga en… ¿su lugar?
.Mar Blanco.
De no ser blanco, su color marearía.
.Mar blanco de noche.
El mar blanco es, de noche, sereno y con igual color que de día.
Su profundidad, entonces, clara, limpia, nítida.
Verás, en su superficie rayada, lo negro, pero serán las olas (mostrando qué sucede cuando en él rompen y no quién es).
El gigante que lo habita mira a un mecanismo en el cielo oscuro sujetando toda una vida pendiente de un solo hilo.
Y eso contempla al tiempo que su lacrimal produce forma salada de mar…
(¿es llorar que mane, de los ojos, gota de líquido mudo?)
Hay un rostro de mar bajo el mar que está completo, (vacío).
Miran, todos, (el mar encima cayéndoles), al mismo lugar:
el blanco, (con ojo de lágrima derramándose, con baba de su boca brotando), y el animal de melena larga y canosa y patas seis, y el rostro, y…
como cuando algo, (sin que nada andes buscando ni creas poder encontrar), por en tu horizonte de la nada aparecer, hayas de contemplar.
.
Es, el mar, siempre blanco, aunque, de día, bajo él la oscuridad de la noche aguarde al atardecer del que emerger.
Hay en él un guarda que, con tan solo de frente mirarle, le guarda porque eso ha de suceder: mantenerse, a flote, así sea de hilo pendiente y bajo el agua.
Camina, (intentado el mar partir en vertical), el día, sobre la noche a pasos.
Más que besarla la ingiere.
Noche de donde procede, en donde los dedos de su mano están enraizados, (enmarañados), unidos por línea recta, firme y fina a la estancia en que reside.
De donde procede, (a donde se dirige).
.Cara de lluvia de tinta.
.Cara escondida en la lluvia de tinta.
La mujer de senos caídos y generosos, (y boina irlandesa), tiene un problema de piel.
En forma de península le baja por la frente, sobre los labios le sube, y en la nuca, y en los codos, (y en partes que solamente el espejo, cuando se hace las curas, ve).
A la mujer da forma, a su piel tersura, la tinta de lluvia.
.De manecilla negra de reloj, cara.
Llaman los maullidos al tiempo, siendo, sus labios, manecillas, de la boca sobresaliendo, al hacerlo.
Se ofrecen, (ellas), a sostener, del paso, su peso, siendo patas con que, (¿de desearlo él?), continúen en movimiento.
Creen, en su cima clavadas, conquistado haberlo por aparecer hincadas como una bandera señala un dominio.
Y terminan por ser, de gato, bigotes, a su cuello, caídos.
Son, las manecillas, negras, de un reloj y señalan, (con cada movimiento), un tiempo hallado, (perdido).
.Caras de la caverna.
Es el muchacho, de pelo color del limón la cáscara, feliz.
A su manera, (que abriendo por completo la boca es), ríe, aunque poco se le note con la tela que, en desorden, su rostro venda.
Un tipo con turbante cubriendo su cabeza, chilla del dolor que le produce el enorme colmillo que le está saliendo.
Tanto abre la boca para que el quejido salga, que está casi, en dos partiéndose, su cara.
Sólo ella, (ese es su secreto, su tesoro), la reconoce.
Como pudo, (cuando cabeza, y su otra mano, tenía), la pintó, pues no quería olvidar a la rubia de rostro celeste que un día conoció en el agua.
Viven, ni se sabe cuántas formas las acompañan, en la caverna.
.Cara de Frank en Stein.
.Cara de Frank en Stein.
Esta cara la cueva de Frank custodiaba.
Solamente, al regresar él cada día, de buscar lo que no encontraba, le miraba.
Nada nunca le contaba salvo, a diario, una sola vez y la misma siempre, una cifra:
“uno… uno… uno… uno…”
Y Frank, así, a otro día más, (uno), paso daba.
Hasta que a Stein encontró.
¿Qué diría, ahora, la cara, si te le acercaras?