Hoz de hoja de cobre con mango metálico

Lo vio en vídeo con giro completo y me dice:

-”te vas a reir pero yo veo ahí un feto como bien protegido en el útero y todo”.

No era comentario con intención conceptual ni simbólica y, sin embargo, qué afortunada habrá sido Sinequi si cuidada y protegida cuando embrión, si capaz de cuidarse (de protegerse), cuando nacida.

La hoz de cobre con mango metálico brilla y pierde, más que virutas, puntas de flecha; con las que se afila.

Corta, (si no hay más remedio), cabezas de las bestias que no saben hacer más que daño. En seco, sin emponzoñar el escenario ni en lo más mínimo.

También siega y, en caso de necesidad, dispone, (parece que fuera un rabo), de un garfio de reemplazo, (también metálico), aunque sin cobre, y bruñido.

El mango de cobre de la hoz está pulido. Lo empuña un embrión mínimamente desarrollado para poder hacerlo y que está protegido en cubierta en donde, cual pieza de puzle, encaja. Ahí podrá ir formándose ,(no deformándose).

No será, la hoja curva, perfecta pero incluso pedazos suyos que podrían echarse a perder se pintan y, para otros, fines, (hasta calzados para tareas especiales), se usan.

La hoz de cobre con mango metálico, brilla haciendo brillar los recuerdos que la crían.

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