Bruma
Sabrás que no es ceniza de cualquier incendio, o de algún volcán en erupción más o menos remoto:
la respirarás y ni toserás.
Dudarás si es suciedad, polución venida desde a saber qué origen:
pero la inhalarás, y ni siquiera carraspearás.
Indagarás si es un carboncillo de mala calidad, o un lápiz simplemente mal borrado:
no será un dibujo, que tos te provoque, lo que aspires.
Sea lo que fuere lo que su encuentro te haya mostrado, (ocultado), por tu camino continúa:
si de todas esas presencias suyas, (ausencias), consigues el destrozo evitar, lo verás trazado con la precisión de un tiralíneas.
Sólo habrá sido, (será):
bruma.
Con voz propia rostro.
Y pedazos del siniestro total del casco de ese barco del que aún se oye el quejido de mástil en pie, (de los deshechos en la playa), cada vez que un aire salado hace escocer las heridas abiertas de su vela ajada.
Mira, con sus en los labios ojos, al cérvido de cuernas rotas ya extinto.
Con esa palabra mirando es, que de él, (la unión, que de un hilo de labio les une, corta), se separa.
Parte que ilumina, (y de donde parte), del escenario ese a bombo de gorra, (bombín no) de circo, (y, de cría bramido), anunciado.
Claramente indicado el pasillo claro de entrada,
el de salida, (y lo que te hará), ignoto.
A todo lo demás lo lleva, a su aire, el viento
pero ella dirige su vuelo,
mirando, eso sí,
con los ojos de su cogote, de su nuca, (de las frentes de sus integrantes simples que la convierten en por dos partes compuesta),
hacia donde van quienes no son ella (que son sus trozos).
Causan la confusión y la falta de visibilidad de la bruma, destrozos que, de atravesarla toda, nos convierten en otros (otra).
P.S: cuando a discernir no aciertas qué mensaje recibes, (qué imagen conservar… sospechas que más en camino vienen…), las apartas, y, hasta que se aclaren, (la bruma de su alrededor se despeje), en reposo las dejas.
En muro de ningún tipo las cuelgas.
No es ésta, de ese cuando, la ocasión.
A ver a qué lleva…