Caballero mata dragones

3d

Escena del “caballero mata dragones”

Cubre su faz.

Siempre había ido a visitar, a estos dos dragones, a rostro descubierto.

Años, y años, y años, tantos, como los dragones, en su vida, vivieron.

Pero no hoy.

Ocultación no, protección indispensable.

Que la golpearán lo sabe.

Estas bestias encuentran en los pasos de frente y conciliadores, no confianza, sino amenaza, (provocación violenta).  Es, a traición, como comprenden que, el mundo, se comporta. No importa, lo que se muestre, (durante años, y años, y años, todos los que los dragones viven), así son hasta su muerte, (a la que llegarán, inexorablemente, matando).

Y monta caballo ‘ bipático‘, (que, de haber tenido pies habría sido bípedo y, además, es simpático), con una cola larga que bien podría servir, (si fuera, él, otro), de látigo.

Enfrenta, a dragones, dos.

Y lanza, (ya que palabras enteras no sirven), letras, al menos partes diminutas de invitación a la conversación.

El monstruo negro las transformará, de inmediato, en alaridos, (gritos de guerra y dolor para los demás, y para él mismo).

El verde las regurgitará, hirientes y retorcidas, sin apenas ruido.

¡Malditos los tres!, ¡malditos!

Trata como hermanos, (humanos), a los animales, y asume, (acéptalo), que procederán de acuerdo a su naturaleza y no a tus años, y años, y años.

Serie del dragón verde del “Caballero mata dragones”

El caballero mata dragones lleva una coleta, (sobresaliendo de la malla que cubre su rostro), roja como, de su zapato, la suela. Como sus ojos.

Como su único ojo, en dos, (por el medio), partido.

Los pintó como regalo, (para estos dos dragones), de despedida, (mostrarse, por una vez, para lo que tendrá que disfrazarse, como ellos la miran).

Cabalga un equino casi, (pues de algo blanco en su cola, o en sus crines, carece), palomino.

Lanza con apenas fuerza, y al trote, su arma, (única y exclusivamente hecha de materiales nobles), que, según avanza, es:  

pluma (lanza palabras), dardo, (para poder alcanzar el objetivo), o Shuriken, (aquellas estrellas arrojadizas de los ninjas a los que, con su disfraz, el caballero, algo se asemeja).

Estrellas, perdiendo luz, camino de estrellarse.

Ha de lanzar tinta roja como rojas las miradas de los dragones y del caballo (cuyos ojos, de este último, son espejos que reflejan las vistas de esas bestias que no son él).

Sabe que a oscuras todos desaparecen, (animales y humanos), y sólo se verán los ojos, (incluso si cerrados), del daño, (de los dragones, y del metal si como arma usado).

Pero va, incluso así vestida, a las claras.

La alimaña verde puede desplegar su rostro del contorno de su cabeza y atacarla en un instante permaneciendo, a ojos de quien no la tenga en frente y cerca, (su cabeza), en calma. Allí regresa tras cada uno de sus ataques preventivos, (perversos siempre), siempre. A su cobijo inestable, su mutable fortaleza.

Al hacerlo, se repliega: rostro en cabeza, en cuerpo testa y se convierte en…

dependerá de la vez.

La fiera negra atemoriza más a quien la imagina, (la piensa), que a quien la ve, pues con cada paso que da, se funde, se deshace rápidamente. Por eso no abandona nunca su cueva en donde, atemorizando, (atemorizada), ruge.

No apareciendo, desaparecer, previene.

A no ser que vaya tras la alimaña verde, en cuyo caso, permanece.

El caballero mata dragones, a nadie, (a nada), mató, su crimen salir de esa cueva y sus alrededores.

Anterior
Anterior

Pizarra

Siguiente
Siguiente

Yegua Herrada