.Familias.
Unidades encargadas de brindar estabilidad, crecimiento y bienestar emocional a sus miembros.
Secreto
¿Te cuento un secreto, así,
en susurro cómplice mi mano acercada a mi rostro,
tu cuerpo al mío
tanto como para que la intimidad no te intimide,
que la cercanía no te consienta ver la verdad en, de mis lentes, el reflejo?
Hay confesiones que sólo una espalda, (sola y sin remedio), merece
¿acudiría yo, a dónde más, a confesar mis secretos?
Tengo un secreto, tapando mi boca ni a mí misma me lo cuento.
Nos (yo a él, él a mí), pertenecemos.
¿Te cuento un secreto?
Secreto es una mujer partida en dos por una línea mitad cortante (recta), mitad sinuosa (obscura).
Cuando diestra, segura, (con razón), de que puede confiarte sus confidencias,
cuando siniestra, contando, sin preguntarte siguiera,
lo que imagina (sin cierto ser) es tu secreto.
Para en seco, (o en mojado de lágrimas de pena si el caso fuera),
sea quien esa mujer sea,
a quien imagina tus secretos.
Secreto es una raza de perro algo barbudo, gafotas, y con oreja erecta que todo escucha (ve).
Con nadie hablará nunca.
No podría,
(lo intentó en su momento y le convirtieron en perro).
No se habla con los vivos, los problemas, se padecen, (y se acallan), no se resuelven.
No contará sus secretos.
No se habla de los vivos ,
no se cuentan ni verdades, ni sus mentiras,
eso está mal.
No se habla (ni con una sola persona siquiera) de qué hicieron los muertos (eso es hablar mal).
Eso es maldad.
Secreto es un can,
lleva una vida de perros.
El secreto es silueta imperceptible salvo que, dedicándole a partes iguales atención e imaginación,
encuentres su boca abierta y su ojo negro, (su cuerpo blanco, en lado derecho).
Le delimita línea muy fina que, además, de tu propio contorno (límite) es la misma.
De apariencia inofensiva, insignificante, trivial, infantil incluso.
Susurra constantemente a tu oído, a tu cabeza, a tu nuca…
(si durmiendo, si en vigilia…)
asegurando,
de la tuya a costa,
la supervivencia suya.
Fuego
De fuego sus ojos.
Los tres: el que muestra, (cálido, inocuo), y los dos…
!mágicos!
Ese par que sólo si abre su boca, (su sentimiento), surge.
Que calcinan cualquier oportunidad de ser.
Que destruyen lo construido mientras su boca cerrada, (contenida su rabia).
Que sólo consienten sobrevivir, (reptando), a su condición envenenada.
Y, sobre su obra, convenientemente envuelto, (ocultado), atado, (¡que, ni muerto, vaya y se expanda a su criterio!), el cadáver que dejará, su boca, (su naturaleza), si abierta.
No es su disfraz falaz, (de autenticidad, candidez, empatía, y…), lo que te habrá consumido, habrá sido, descubrirla primero, y luego,(respeto se llamaba), no haberla, ni una sola vez, desenmascarado.
Ogeuf camina mirando hacia arriba, y a distancia.
Su lengua cuelga fuera de su boca cerrada, como la del perro que intenta regular su temperatura, (su furia, su rabia).
Está hinchada y, en su centro, con úlcera negra, (como su alma desperdiciada).
Su par de ojos mirando hacia atrás, (siempre guardándose la espalda), mientras, hasta el último momento, intentar impedir partir a, de su fuego, los restos.
Nave con orza por la que el veneno no reptará.
Con vela de cuerpo amortajado, (con esa forma disfrazado como única escapatoria),
y atado, (asegurando, así, que no cambiará de opinión en el último momento, que se irá).
Con una bandera improvisada, (condición indispensable para viajar).
Y con mástil color, que la cara del fuego, tuvo.
Caballero mata dragones
Escena del “caballero mata dragones”
Cubre su faz.
Siempre había ido a visitar, a estos dos dragones, a rostro descubierto.
Años, y años, y años, tantos, como los dragones, en su vida, vivieron.
Pero no hoy.
Ocultación no, protección indispensable.
Que la golpearán lo sabe.
Estas bestias encuentran en los pasos de frente y conciliadores, no confianza, sino amenaza, (provocación violenta). Es, a traición, como comprenden que, el mundo, se comporta. No importa, lo que se muestre, (durante años, y años, y años, todos los que los dragones viven), así son hasta su muerte, (a la que llegarán, inexorablemente, matando).
Y monta caballo ‘ bipático‘, (que, de haber tenido pies habría sido bípedo y, además, es simpático), con una cola larga que bien podría servir, (si fuera, él, otro), de látigo.
Enfrenta, a dragones, dos.
Y lanza, (ya que palabras enteras no sirven), letras, al menos partes diminutas de invitación a la conversación.
El monstruo negro las transformará, de inmediato, en alaridos, (gritos de guerra y dolor para los demás, y para él mismo).
El verde las regurgitará, hirientes y retorcidas, sin apenas ruido.
¡Malditos los tres!, ¡malditos!
Trata como hermanos, (humanos), a los animales, y asume, (acéptalo), que procederán de acuerdo a su naturaleza y no a tus años, y años, y años.
Serie del dragón verde del “Caballero mata dragones”
El caballero mata dragones lleva una coleta, (sobresaliendo de la malla que cubre su rostro), roja como, de su zapato, la suela. Como sus ojos.
Como su único ojo, en dos, (por el medio), partido.
Los pintó como regalo, (para estos dos dragones), de despedida, (mostrarse, por una vez, para lo que tendrá que disfrazarse, como ellos la miran).
Cabalga un equino casi, (pues de algo blanco en su cola, o en sus crines, carece), palomino.
Lanza con apenas fuerza, y al trote, su arma, (única y exclusivamente hecha de materiales nobles), que, según avanza, es:
pluma (lanza palabras), dardo, (para poder alcanzar el objetivo), o Shuriken, (aquellas estrellas arrojadizas de los ninjas a los que, con su disfraz, el caballero, algo se asemeja).
Estrellas, perdiendo luz, camino de estrellarse.
Ha de lanzar tinta roja como rojas las miradas de los dragones y del caballo (cuyos ojos, de este último, son espejos que reflejan las vistas de esas bestias que no son él).
Sabe que a oscuras todos desaparecen, (animales y humanos), y sólo se verán los ojos, (incluso si cerrados), del daño, (de los dragones, y del metal si como arma usado).
Pero va, incluso así vestida, a las claras.
La alimaña verde puede desplegar su rostro del contorno de su cabeza y atacarla en un instante permaneciendo, a ojos de quien no la tenga en frente y cerca, (su cabeza), en calma. Allí regresa tras cada uno de sus ataques preventivos, (perversos siempre), siempre. A su cobijo inestable, su mutable fortaleza.
Al hacerlo, se repliega: rostro en cabeza, en cuerpo testa y se convierte en…
dependerá de la vez.
La fiera negra atemoriza más a quien la imagina, (la piensa), que a quien la ve, pues con cada paso que da, se funde, se deshace rápidamente. Por eso no abandona nunca su cueva en donde, atemorizando, (atemorizada), ruge.
No apareciendo, desaparecer, previene.
A no ser que vaya tras la alimaña verde, en cuyo caso, permanece.
El caballero mata dragones, a nadie, (a nada), mató, su crimen salir de esa cueva y sus alrededores.
Cuarto oscuro
Habrás hecho , en tres dimensiones, otra escena de una complejidad incomprensible, (frustrante, apremiante) y , al revisarla más adelante, descubrirás porqué la guardaste: tras ella, había una historia, (mucho más…. ¿simple?) que, en dos dimensiones, quería contarte.
La conservarás con fecha de mensaje primigenio y apariencia del día en que lo comprendiste.
. Cuarto oscuro.
Y si todo fuera un proyecto, (boceto, borrador…intento), eterno…Siempre inacabado, en proceso. ¿En dónde estaría el reposo?, dónde el agotamiento.
¿Recuerdas?.
Aquel suelo de baldosas blancas y negras. Como un tablero de ajedrez en el que andar constantemente saltando de una a otra casilla, (con normas, a cada paso, nuevas, viejas, distintas). Mostrándolo impoluto al visitante y asegurándose de que no las caminaría.
¿Caminaste sobre ellas?: ¿Lisas unas, por desgaste abombadas, (aunque más cual cojín viejo que como cerámica abotargada), otras?, ¿tropezaste en ellas?.
Aquella salida desvencijada de una habitación sin entrada. Expuesta siempre, en todo momento oculta tras… ¿Qué era aquello que la ocultaba?.
¿Olvidaste a aquel animal de patas tan pequeñas y tan sucio, tan obsceno, que ni la oscuridad lo distinguía? que tal parecía, allí, escondido, (solamente allí mostrado), que tenía solamente cuerpo (sin alma, sin …) y ese par de ojos brillando en lo oscuro, que no abría nunca sino allí?. ¿Recuerdas si existía?, ¿te han vuelto a visitar, alguna vez, sus gemidos, sus mentiras?, ¿su paso inaudible y acechante?, ¿su arañazo afilado y sibilino?. ¿Te han, alguna vez, abandonado?
¿No?. ¿Cómo podrían?, tú nunca estabas en aquel oscuro y cuarto. Tú mirabas, desde arriba y desde afuera, hacia ,(desde), otro sitio. Querer mirar, ver más allá, sentencia de… vida (en el cuarto oscuro).
Cuarto:
- primero: ¿y aquel perchero en donde nada podía dejarse colgado?, nada, ni tuyo, ni no tuyo, hasta que, como siempre, (como si siempre se hubiese podido), se pudo; todo lo que, siendo tuyo, en tu ausencia se encontraba ¿en dónde podrías haber dejado colgada toda la vergüenza, cualquier duda, la señales de alerta, el instinto de…?
Aquel perchero del que colgar la confianza, la certeza, la entrega, la dignidad, la… para ser traicionadas, violentadas. Que devoraba cualquier reacción, duda, queja, y tras escupirla, la pisoteaba. ¿Recuerdas?, ¿no existía?, ¿existió nunca?;
-segundo: baldosas que garantizan caer sin conservar, sobre ellas, huella alguna (huella dejando);
- tercero: animal acechando con un par de cristales negros por ojos cerrados y miembros, (intenciones), ocultos;
- cuarto: el cuarto, oscuro, en el que tenía que haber, (seguro, inseguro), alguna rendija, por la que escurrirse, por la que ver, (algún resquicio al menos), lo cierto.
De haberla visto, (¿cómo lo habrías soportado?), no la habrías usado.
Pero no recuerdas haberla visto.
Recuerda: el perchero era color madera, la pared pálida y limón, y, el suelo, no era de baldosas blancas y negras…
Retrato de una familia (ala) luna
Hay una historia en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.
De ese tronco procedieron.
A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo , (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de leyenda.
De esa rama proceden.
Caminando su camino juntos y, cada uno, el suyo, a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.
De ese árbol procederán.
Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar qué ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.
Que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es otro asunto.
El nido que fue, ( lo que albergó en su día), no cambió, (no varía).
Cerería
¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?
.Cerería a puerta cerrada.
De pequeña, (cuando oscuro),
la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.
La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),
para confundirlas con la luz;
pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.
La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:
“Hasta cuándo
hasta cuánto
encendida.
Hasta cuando
me consuma
hasta cuando
decidas que has de apagarme tú.
¿Y si cerrases los ojos?
Enterrada, apagada, oscura, encendida.
No me toques
no soy tuya,
no soy suya
no soy.
Sólo sombra si con luz a oscuras”.
Esto sucedía estando, (la niña), rendida.
Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.
.Cerería a puerta abierta,
La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.
Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.
Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.
El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.
Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).
Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:
una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.
Siempre hay una.
Siempre (nunca).
La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .
De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.
Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;
es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.
Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.
También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.
La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo., (que lo es).
Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.
La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.
Verás, en su fachada, algunos cirios:
en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…
…y un grifo, por si un incendio se produjera.
Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.
La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.
También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.
Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.
La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.
La madre muerta
Prueba, (con tanto titubeo como lo que nunca has hecho requiera), a lanzar, alguna vez, palabras tuyas al viento.
Aunque hayas de arrancarte la garganta, y abandonarla a su suerte de aire, para hacerlo.
Cada obstáculo que crucen te las devolverá como un reflejo.
Las oirás.
Hasta que se desvanezcan sus ondas y dejen de golpear.
Hasta que se apague el eco.
Prueba,
(eso sí, intenta elegir, arriesgando no acertar, el viento),
o te devorará el silencio.
. La madre muerta.
Sólo luz en la tierra que ¡por fin en paz! la alberga.
Y llega.
Con idéntica presión en el pecho que siempre le impidió acceder, (desde ella), a ella.
Esa presión, (opresión), en el pecho.
Esa.
La mirará a través de un cristal (de esa cuchilla transparente que refleja trozos tuyos, suyos).
Juzgada por el silencio de las palabras dichas solamente a la espalda.
La madre pájara, en vida, siempre con la pata oprimiendo el pecho de la rama misma,
el suelo, (tumba de sus polluelos), que la enaltece, que la eleva, en el que habita, (que deshabita por completo).
Tanto mayor la opresión del pecho a quien más, (no ofreciendo resistencia alguna), resista.
Beneficiando, de su prole, a nadie, perjudicando más a quien menos se le oponga, más anteponga sus necesidades , insaciables, a las propias.
Siempre mostrando estar bajo una roca pesada, (peligrosa), en equilibrio inestable, siempre a punto de abandonarse a su peso y causar… ¿qué destrozo añadido?
Siempre pendiendo, (bajo su aire), ese cristal impoluto, perfectamente transparente del que no podrías ver los bordes cortantes ni a tu mismo lado, del que no sabrás todavía qué sajó, hasta donde está hendido, que,
sI sucio,
debiera mostrar siempre limpio el pecho oprimido.
De no haberlo podido hacer antes, no te culpes, o cúlpate si eso requieres, pero enmárcala, (delimítala).
Se irá por sorpresa y, sin embargo, habiéndose minuciosamente encargado de dejar tras de sí la paz que la acompañó en vida: ninguna.
Confrontación únicamente, dobles verdades, (triples…) y múltiples mentiras.
Retorcidas, como las ramas del árbol en que habitó.
Irás.
Sin ojos a la espalda no verás, todavía, a qué te enfrentarás,
con quién tienes en común la paz que la pájara deje al irse: ninguna, la nada.
Detrás el vínculo, el abismo oscuro e inmenso en el que, confía, descansa el padre en paz,
( la luz de quien fue pájaro jamás, y es todavía compañía y guía).
Y, aún más atrás, el cuerpo de uno, tacón de la bota de otra en, (a), quién así, (no es pisoteo sino simbiosis), se apoya.
Irás, atravesando continentes, (o sin nada atravesar), con sayo que cubra tu dolor, tus responsabilidades guarde, (y tu cansancio y tus problemas),
y que usarás, ante el frío, de manta, ante el calor de tenderete y, ante el descanso, de almohada.
Descubrirás, (con tiempo y dolor suficientes), el tipo de garras que, bajo la pata de la pájara, se ocultaban.
.La pájara muerta viva.
P.S: tienen, las aves, garras. De acuerdo a sus almas, las usan.
Retrato de familia (al sol).
La familia al sol cuando del pasado historia que no se replica, ni se revive, (eso, ni a la sombra).
. Retrato de familia al sol.
La traición permanente, esa forma elevada de destrucción, de devastación, que, (acéptalo, llegó el momento, abandonará su hábito nunca), es un disfraz de mariposa negra: exterior de belleza, elegancia, armonía, delicadeza…interior de inquina de mirada y azul tanto más imbatible cuando seis el número de los ojos de sus alas.
Abandonar, sus guerras., (tras como irresolubles en contra de tu corazón, de tu naturaleza, reconocerlas), en paz.
No te acerques a la mariposa negra con tres pares de ojos de diferentes azules.
No sin defensas, no sin ardides, no con…no nazcas criada bajo sus alas no la quieras, no la cuides, no la respetes a tus expensas, no la consientas,
no… la…
No, ni a la más pequeña o alejada, (como fuera), distancia.
No te confundas de nuevo, no insistas, (no te destruyas más),
Es antifaz con colmillos y aguijones venenosos por correas, por tiras que tiran y tiran y tiran sin descanso, sin piedad, sin…
Créelo, sin castigarte por el número de evidencias que has necesitado para concebirlo,
(por no haberte permitido admitirlo, por no haberte podido creer, lo presenciado):
sólo tenías, enfrente, ese pasamontañas (no de protección ante inclemencias, de ocultación de …) con hueco para esos ojos azules (tres y tres).
Erial de dolores, enfermedad, heridas abiertas y cicatrices.
Alimento de otros vuelos por ellos, a su vez, alimentada.
Y a un lado, el lugar a donde debieras, (¿podrás? ¿querrás?), ir:
el, (con tantos matices, accidentes y tormentas), azul despejado, claro, nítido.
Eres de donde, (¿dónde?), vienes, de a donde, (¿dónde?), vas…
Y del erial,
del pedazo despejado que a la devastación sobreviva y apartado esté de lo de remedio imposible,
lo imposible, (el remedio), surge.
Que solamente de sí mismo sea y cada uno, a su lugar, se dirija,
con trazos de tiza que no se lleva el primer viento,
(ni la segunda ventisca, ni el tercer vendaval),
aunque a ellos expuestos.
Y a la luz del día.
Luz al final del …
En donde la oscuridad fue oportunidad,
(nadie quiso instalarse en ese lugar con luz apagada y vacío que, habría de llenarse de… hogar),
criaron, (ella y él), a quien tanto quisieron como para dejarle ir, (quien era siendo), a donde le correspondiera,
conservando los brazos, (los abrazos, los lazos), que les unían.
¿Te imaginas tener lugar al que regresar en el que siempre el bien hallar?,
(y hay quienes le llaman … oscuridad…).
La luz al final del…
no lo era del túnel, ni luz,
sólo que, (de allí), afuera,
aguardaba el papel en blanco que habitar, en donde tanta falta haría disponer de tinta, (para ese borrón ,sin cuenta nueva ni antigua, en rojo criado), … oscura.
Criaron, sin ellos serlo, un borrón, y casi no lo cuenta.
.Luz al final del ….
Interiores
Aún no sabrás que el lienzo se puede ocultar, !como para saber si podrás acercar o alejar, una forma, del plano!
Continúa y, si alguna vez, vuelves aquí a mirar, recuerda que, en vez de no hacerlo, un día, otro paso diste, que fue tuyo.
. órganos internos.
Esos órganos, (de tan adentro), están impolutos, relucientes, impecables, deslumbrantes, (cegadores).
¿De verdad algo que, en funcionamiento esté, puede mantener aspecto semejante?.
Unidos estrechamente por…
tajos limpios, sablazos secos que…
No serán percibidos.
Es todo lo que no ves, lo que más les une
(condena a estar juntos).
Y el corazón ese, tan de inocencia infantil bruñido, está, en su interior,
(tienen, los órganos internos, interiores también), podrido.
Putrefacto.
Corrompido.