.Ejnom y el monje.

Había un lugar alzado, vertical, en donde tantas bendiciones aguardaban…

y aparecieron unas tiras horizontales de tiempo, como con flecos borrosos de creencias, que lo comenzaron,

(a él así superponiéndose),

a borrar.

Hasta que lo tumbaron.

.Ejnom.

¡Es tan feliz Ejnom!:

 quizás porque sea tan joven que aún le está saliendo un primer diente que ni eso parece, así, tan redondo y pequeño, como si luz en la oscuridad fuese, (quizás porque de más luces carezca… o…)

Mira a todo a su alrededor con ilusión tal que, hasta lo que no hay, encuentra.

 Todo lo que le rodea le alegra, le interesa.

Para él, la vida es una fiesta adornada siempre con espumillón blanco

(aunque envejecido y enmarronado por su caída a tierra esté, no le afecta).

.El monje.

Tiene rostro amable, el monje.

Mira, al futuro, (a su imaginación), de frente, (al frente).

 Con dulzura que ilumina con un punto su mirada, de otra manera, oscura, (invidente).

Sin ver nada más que pudiera encontrarse, (detenerle).

Desdentado, con su alargado mentón y su nariz cortada, mira con esperanza, con tal convicción, (fe), que le mantiene atrapado en cárcel, (convento), con barrotes de espumillón blanco.

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.Firma de posesión cerámica 5.

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.Bruma.