.El camello que anda.
.El camello que anda.
El camello descansa, (no podría ser en cualquier lugar, él no es cualquier cosa, ¡anda ya!), sobre arena blanca.
Sonríe pues disfruta de nada hacer mucho más que, de por ahí, cualquier cosa (a cualquiera) andar llevando.
Lleva puesta una silla de montar que nunca se quita pues le molesta el tener que, una y otra vez, nada andar ajustando.
El viento se está llevando, de la silla, la capota, pero no le importa porque, (eso dice, sonrisa dibujándose), su camellero, siempre anda con otra.
Anda algo jorobado porque le dicen que, en realidad no es camello sino dromedario y eso, le joroba.
Está tumbado el camello que sólo sueña despierto pues, si dormido, ve a criaturas y a escenas, que no comprende y le espantan y el considera pesadillas más dañinas que de tormenta de arena no blanca:
figuras que conversan pretendiendo comprenderse y con desconfianza y al acecho, se miran; y bestias que le atacan, y a él mismo en otras posturas, intentando, por ejemplo, atrapar un sobrero al vuelo que por ahí, (¿para qué lo necesitaría?), anda, y…
Está, el camello, tumbado,
así anda.