Desechados
¿Sabes de lo que sin ser desecho en sí, (ni des hecho, ni desdicho, ni …), desechas?. Es lo que , , , en contra de tu impulso, no eliminas por completo (conservar, aunque aparte de, pese a que aparte… esa manera de permitir…), son pasos de un camino que sólo lleva hacia adelante.
Por su apariencia no los mostrarías a nadie que no conocieras, los muestras por lo que hicieron, (te contaron a) ti.
Joven, palomo, conejo, patada y ave expectorante.
No te agradará
llegará, desde el comienzo, a disgustarte
no te gustará
no querrás que te guste.
Le consentirás
gustar (y disgustar)
le permitirás (a riesgo de equivocarte) quedarse.
No accederás a que, levantando vuelo,
se vaya por cualquier cielo,
ignorando, de sí, qué le sucedió
de dónde proviene.
El joven, de pelo a ondas y gris, contempla, ensimismado un pájaro negro. Nada más que eso, (ni tan siquiera su vuelo), ve.
El palomo blanco reposa su cuerpo sobre la piedra en postura algo incómoda, (que hace parecer a su cola deforme e inmensa). El, la postura, por la herida roja y abierta que tiene, para que cure.
El conejo sentado en roca de desfiladero mira con serenidad al mar (que es el cielo) y a todo lo que entre su mirada y ellos hay.
Un bichejo, llamado de arena porque con ella cuenta, (como un reloj), el tiempo entre cada vez que el pie pone en punta, así mismo asegura ser karateka, pegando patada, (eso cree que debe hacer y eso hace), lo demuestra.
Es en, realidad, pata de ave expectorante que, por la boca, aves, una a una, esputa.
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Caramelo de fresa con palo y relleno de chicle
Hoy, (conversar contigo… ¡el camino ese!), llegué a un lugar del que no guardaba memoria significativa alguna.
Se mostró como globo ocular en un rostro apareciendo, (desapareciendo), en las nubes de distintos tiempos, (y como cinta de sudar el palo, caramelo el cierre, en frente de cúmulo amarillento, y como…).
La fascinación de aquella niña al ver,( ¡lo que nunca primero!), ese, intacto, me fue entregado, (regresar a un momento feliz, al que solamente tuyo siendo, no habrías, de otra manera, alcanzado).
No está en tu mano, (de la mía hablo), recordar lo que alguien más evocará independientemente de su intención buena, (a este tipo de persona me refiero aquí, a las otras no), en tu mente, en tu sentimiento y hasta en tu cuerpo.
¿Qué palabra, (sonido, gesto…), te llevará allí de donde no te habías vuelto a acordar, ni relevante en absoluto, (esta clase de memoria traigo aquí, no otras), lo consideras?
Encontrar el recuerdo será como rebuscar apariciones, con otras mezclándose, sin confundirte confundiéndose, (de estas hablo, las confusas son otras), entre nubes a cámara rápida, (desenfrenada), y borrosa. Desenfocado y mezclado con los demás de toda la vida, (sin orden ordenados). Reconocerle y ser capaz de congelar, en el momento preciso, la imagen que lo contiene.
Entre memorias, (olvidos), que no lo serán hasta décadas después y en un conjunto que, hoy, reinterpretarías, (si eso fuese lo que pretendieses, consintieses, que no lo es), de una manera diferente. Conjunto que pinta, (manteniendo el escenario original), una escena, (varias incluso), bien, (mal), distinta.
Pero le dejas llegar como está, (sin que nadie más lo haya vuelto a visitar pues sola lo descubriste, lo presenciaste), decidiendo, (así de generosa te encuentra), que así se quede.
Necesitarás gafas con lupa, (como usa el relojero para construir lo que el tiempo medirá), en color pez payaso, y, bajo ellas, siendo el palo boca recta, a su izquierda, encontrarás aquel caramelo de chicle relleno.
Hoy sé, (apartando alguna otra cosa más), que nunca fue, aquel dulce, de sabor a fresa, (¡el primero, de su especie, en aquel lugar!), más que un recuerdo de chicle pues, (¡palabra de fabricante!), sabía a cereza.
Evocación, (acompañando y acompañada), de lo más diminuto, (lo más grande): ¿conoces fresa, (cereza), con sabor que se le pueda asemejar?
PS: el tipo de “frente de cúmulo amarillento” del primer párrafo de esta entrada es esta última foto girada 180 grados.
Botín de hilo
Deja aparecer lo que aparezca y, tras ello, hazte cargo de que de ti no viene sino a ti, (que a ti llega), para guardarlo, desecharlo, o para irse a otro lugar que no seas tú, que, (ojalá que, tras el número de apariciones consentidas que requiera), ya no serás quien eras.
El botín de hilo, de verdad, lo es.
Y lleva una flor, (de mentira), también, (como de ‘pega‘ ,de verdad, como esa muerte que me comentas).
Y ese hilo que le sale del escote, (que senos no requiere), ¿a qué más allá se dirige?
No lo cortas, ni lo estiras, ni lo recoges, ni de él tiras. Le dejas que adorne, que cuelgue, que…, con el destino de los hilos, cumpla: llevarte a algún lugar, solamente, si les sigues.
El botín de hilo es de tacón alto.
Hazte, de esa carga, cargo.
En ocasiones vendrá a calzarte, a pisarte en otras, la mayoría no pasará ni por tu lado. Me dices que, del dolor, te mató su taconazo pero bien sabes, que, sin estar mintiendo, verdad no dices.
Hilaste un botín de verdad, (mentira), de hilo, de tacón alto, y fino.
El Birroh
El Birroh es horrible: lo, por tu mano creado, (visto aparecer, presenciado), que no te produce más que rechazo y desagrado hasta la zozobra, (la turbación, la congoja); al que no querrías rehacer sino deshacer, (hacer desparecer).
Sobre el que viene Sinequi, (Seq), a decirte, y te dice:
Consiéntete el ¿error? que no te consentiste, (no te consintieron); lo que, al otro en nada perjudicando, reprimiste hasta tal extremo, (porque, a quién eres,hacerlo desaparecer no puedes), que, en ti estando, no lo encontrarías, (no aparece).
Será horrible enfrentar las ignorancias ajena y propia, (esas en la que el niño ha de comprender asuntos de adulto, y el adulto, buscar remedios con el conocimiento y las capacidades de un niño derrotado e indefenso).
No querrás verlo, !ni mirarlo!..
Hazlo.
Mueve, en todas direcciones, las piezas todas, sobre todo, las que te duelan más, (las que encajen menos).
Te elevarás, (te elevarán) y serás lo que, desde ese otro lugar, (con aquel aire), seas.
O morirás, (una parte de ti , no la asesines déjala seguir su curso, morirá),
y vivirás.
Más de una vez habrás de enfrentar, (lo que, al otro en nada perjudicando, cuidar de), algo, El Birroh,
, tras él,
tú aparecerás.
Instante
¿Cómo dibujas un instante?,
¿es la palabra esa, de papel, que te mantuvo en un pedazo de cordura de lienzo ?,
¿la compañía de aquel silencio, de tela, a tu lado?;
¿la contemplación compartida de aquel cuadro intangible (sin marco) del que ignorábamos, en realidad, qué significaba entonces, (qué significará después)?
¿Te refieres, quizás, al instante ese que te consientes presenciar, que permites que suceda a expensas de tu impronta, del impulso de tu pudor, del tamiz del rubor y la incredulidad (y la inocencia)?
¿Ese que retienes, (que capturas), antes de que, (mientras), se desvanezca?
¿que por ser, de esa manera, tuyo, rubricas pero en tamaño diminuto por no verte en él ?
No presencies lo que no deseas que habite tu cuerpo,
(¿carece, acaso, de residencia corpórea tu, (olvido), memoria?).
Ni de soslayo.
Ni por un instante aunque, cuando vengas a darte cuenta, ya será tarde, no podrás no haberlo… presenciado, (esa otra manera de protagonizarlo).
Hoy miré esto que sigue, (¡qué tendría que ver?),
inopinadamente me asaltó un recuerdo del instante de tu mano tocándome, (casi como se expande la onda del agua que crea tu nado), de toda la vida en mi piel.
¿Cómo dibujas un instante y en, (para), qué?
Puente colgante
Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fondo no alcanzarías a ver si lo quisieras.
Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú y a alzar el suelo mismo que pisas: descubrirás que sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.
¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…
¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…
¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?.
Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?.
Croqueto
Parte de la etiqueta “desechados” lo son prácticas de idioma, cuyo texto se puede utilizar, pero la imagen no funciona.
Dejo este ejemplo.
Puedo hablar un poco de deportes, juegos en donde la diferencia en fuerza física no es relevante, de literatura, (aparece en “Alicia en el país de las maravillas”, en “Mujercitas” en “el rayo verde”), cómo surge en Francia, si lo hay en España (Gijón), la fama en Reino Unido…
pero la imagen no …
La explicación de cuál es el contorno de la cabeza de perfil, hizo reír a mi hijo.
De así no ser, estaría eliminado.
Ya saben: guarda, a la primera, el sentimiento lo que, la razón, ni a la última.
.Croqueto.
Croqueto está firmemente convencido de que su cabeza es un campo de croquet.
Deja a la entrada de su cuello, (en caseta aún por construir), los mazos, (también llamados martillos), y la estaca, (o pica), pues,
por un lado,
podría ser peligroso, (considera), mal, utilizarlos, y,
por otro, a él, para jugar, le sobra y le basta, su vasta cabezota.
Tan obsesionado está que hasta cuando un refresco toma, ve, en las lengüetas de las latas, los aros, (arcos), del equipo para ese deporte que es también juego.
Le da igual que su piel no sea de césped, ni su visera, (o el cuello de su camisa), de hierba.
Él es Croqueto, y ¡vaya lo que en la cabeza tiene!.
Croqueto es nombre de un campo de croquet muy exclusivo y al que sólo podrás entrar por invitación del hombre de mismo nombre, si te gustan las croquetas, y si eres muy muy coqueto.
Dejarás, a la entrada,
(en donde debiera de haber una caseta aún no construida),
los mazos también llamados martillos, porque,
lo de tocar bolas, lo harás a cabezazos, a manazos, a… ¿pelotazos?, o,
reglas faltando, como surja.
Te obsesionará tanto que, hasta cuando un refresco te estés tomando, pensarás que la lengüeta de la lata será, del croquet, aro, (arco).
Eso sí, nunca podrás decir nada al respecto, pues este club deportivo, Croqueto, es secreto.
El hombre amarillo
El hombre sin rostro tiene una pierna mucho más larga que la otra, (como el doble como mínimo), y lleva, con forma de pata de elefante, el pantalón. Camina tomando impulso con su pierna grande para, al bajarla, arrastrar hacia adelante el resto de su cuerpo así sea un poquito.
Muy poco a poco, camina.
Vigila su espalda una criatura verde con sus ojos atentos y fuera, (por encima), de su cabeza, (del bicho).
Desde arriba, (del hombre vestido de amarillo), le observa con curiosidad y atención, un rostro en cabeza puntiaguda.
El hombre sin cara lleva su corazón atrapado, (¿protegido?), dentro de una jaula que le cuelga del extremo más frontal de su cabeza.
Observado, camina.
No son, su color, (ni el sabor suyo), limón.
. El hombre amarillo.
También es, como ella misma dice, P. mirando desde arriba a un hombre al que le increpa: “!aféitate el bigote!”.