Elefante hindú
Habría sido su vida, tan diferente, de haberse combinado, en forma otra, sus pedazos…pero estas partes, y así, le tocaron.
.Elefante hindú.
El elefante hindú carece de colmillos.
De tenerlos serían de tela.
No hay, de marfil, tejido.
No tiene amigos.
No están, de amistad, los géneros, urdidos.
Su compañía, retales:
del que más que caminar pincha, cual aguja, el suelo que pisa,
del que del techo cuelga como los hilos de los telares antiguos,
de la cabeza cuyo estampado piensa y mira en distintos puntos,
o …
.Elefante hindú reptando.
Le agrada más lo que le rodea si por el suelo reptando con el cuerpo y patas hacia arriba, (del encaje los bolillos), erectas.
Se empaña menos su mente con ese paño.
Escucha, del hilo, entonces, cada puntada.
Nota, como las fibras, en su mismo cuerpo, se entrelazan.
Se preguntaría si eso sucede por arrastrarse o está, en realidad, reposando
(podría, así, estar ¡tan acompañado!),
pero no reptan, (no arrastran por suelos de hebras el lomo), ni piensan, los elefantes de trapo.