La madre muerta
Prueba, (con tanto titubeo como lo que nunca has hecho requiera), a lanzar, alguna vez, palabras tuyas al viento.
Aunque hayas de arrancarte la garganta, y abandonarla a su suerte de aire, para hacerlo.
Cada obstáculo que crucen te las devolverá como un reflejo.
Las oirás.
Hasta que se desvanezcan sus ondas y dejen de golpear.
Hasta que se apague el eco.
Prueba,
(eso sí, intenta elegir, arriesgando no acertar, el viento),
o te devorará el silencio.
. La madre muerta.
Sólo luz en la tierra que ¡por fin en paz! la alberga.
Y llega.
Con idéntica presión en el pecho que siempre le impidió acceder, (desde ella), a ella.
Esa presión, (opresión), en el pecho.
Esa.
La mirará a través de un cristal (de esa cuchilla transparente que refleja trozos tuyos, suyos).
Juzgada por el silencio de las palabras dichas solamente a la espalda.
La madre pájara, en vida, siempre con la pata oprimiendo el pecho de la rama misma,
el suelo, (tumba de sus polluelos), que la enaltece, que la eleva, en el que habita, (que deshabita por completo).
Tanto mayor la opresión del pecho a quien más, (no ofreciendo resistencia alguna), resista.
Beneficiando, de su prole, a nadie, perjudicando más a quien menos se le oponga, más anteponga sus necesidades , insaciables, a las propias.
Siempre mostrando estar bajo una roca pesada, (peligrosa), en equilibrio inestable, siempre a punto de abandonarse a su peso y causar… ¿qué destrozo añadido?
Siempre pendiendo, (bajo su aire), ese cristal impoluto, perfectamente transparente del que no podrías ver los bordes cortantes ni a tu mismo lado, del que no sabrás todavía qué sajó, hasta donde está hendido, que,
sI sucio,
debiera mostrar siempre limpio el pecho oprimido.
De no haberlo podido hacer antes, no te culpes, o cúlpate si eso requieres, pero enmárcala, (delimítala).
Se irá por sorpresa y, sin embargo, habiéndose minuciosamente encargado de dejar tras de sí la paz que la acompañó en vida: ninguna.
Confrontación únicamente, dobles verdades, (triples…) y múltiples mentiras.
Retorcidas, como las ramas del árbol en que habitó.
Irás.
Sin ojos a la espalda no verás, todavía, a qué te enfrentarás,
con quién tienes en común la paz que la pájara deje al irse: ninguna, la nada.
Detrás el vínculo, el abismo oscuro e inmenso en el que, confía, descansa el padre en paz,
( la luz de quien fue pájaro jamás, y es todavía compañía y guía).
Y, aún más atrás, el cuerpo de uno, tacón de la bota de otra en, (a), quién así, (no es pisoteo sino simbiosis), se apoya.
Irás, atravesando continentes, (o sin nada atravesar), con sayo que cubra tu dolor, tus responsabilidades guarde, (y tu cansancio y tus problemas),
y que usarás, ante el frío, de manta, ante el calor de tenderete y, ante el descanso, de almohada.
Descubrirás, (con tiempo y dolor suficientes), el tipo de garras que, bajo la pata de la pájara, se ocultaban.
.La pájara muerta viva.
P.S: tienen, las aves, garras. De acuerdo a sus almas, las usan.