Mieve y Ánforo

Mieve es, comenzada con M, (a veces, las letras patinan, resbalan, eso sucede), nieve. Encuentra, (como mínimo), en ella, los siguientes 15 objetos:

1.          Oso polar algo sonriente por tener delante cucurucho de helado al revés.

2.          Zorro, ¿o será lobo? al acecho.

3.          Uno, algo rechoncho, que se quedó, sin ser fraile, a un “poquicillo”.

4.          Con color de luna, un sol.

5.          Iglú, para montañista de icebergs a los que les pille la noche, (o la intemperie), por sorpresa pues, quienes en el lugar viven, en una cueva lo hacen.

6.          M muy grande que se ignora que puede andar haciendo por esos lares.

7.          Lechuza, más que escondida, oculta por su blanco, de blancas nieves y pico negro azabache.

8.          Morsa sin colmillos largos y mirando con atención y.., ¿enfado? a un… ¿huevo frito?

9.          Pingüino sin ninguna orientación política y, sin embargo, de un color que, no siendo el natural suyo), tal parece que una tuviera.

10.      Red, por ahí tirada, por si de repente, aparecen agua (o aire) en donde pescar peces, (o aves)

11.      Lámpara de techo y colgante.

12.      Cabeza de pez atrapada bajo el hielo, o aplastada por hombre enorme antes de desplomarse.

13.      Ánfora rebosante de… que, a saber, cómo ha llegado hasta ahí y para qué.

14.      Cabeza de hombre, tan grande como la de la morsa, que, quizás, fue quien, en su caída, aplastó al pez.

15.      Pie de ser de las nieves.

16.      Ser mitológico de nombre “Ánforo”.

Ánforo no pega, (ni con la cola que tiene), en la Mieve.

Es un ser mito y lógico y gato y...

De sus pechos, por gravedad derrotados, (condenados), emana leche perpetua (con condena de a desperdiciarse).

Careciendo de forma de ser llamado, se le llamó, (pero en masculino), como a la vasija de la que proviene, (a donde va), su leche:

“Ánforo”.

¿Ves su morro en forma de pico mirando a la derecha tuya, que es hacia su el frente?,

¿y los puntos de sutura en su cuello atrapándole en una realidad, (soledad), que no desea?

¿y su espalda de fauces desdentadas y abiertas para alcanzar la leche del ánfora?

¿y sus enrojecidos ojos derramando lágrimas blancas, densas, de pudor, de cansancio, de dolor, que, (de su gravedad), emanan?

Entraste en él ignorándole, (ignorándolo), como en una cueva.

Seguiste el susurro de un destello.

Fuiste al encuentro de la lámpara colgante promesa de algún calor meciéndose en el aire gélido.

Tu apetito congelado, la encontró.

Con cada balanceo, un dibujo en el suelo oscuro y álgido.

Y el ronroneo.

Entraste en una cueva de Mieve y te adentraste, (con qué más te habrás encontrado), en Ánforo.

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