.Motero de casco al hombre.

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.Motero de casco al hombre.

El motero, con su copioso pelo en melena y barba, (y bigote), lleva en la boca cigarro encendido liado con papel, y a mano.

No lo consume, en sus labios le permite, (acompañándole), consumirse.

Su humo termina siempre, a enchufe conectado.

Vive en, de reparaciones, un taller, vistiendo un sayo, (color puerta de cortina), del largo que no se sabe si los esconde, o es que no hay pies.

Dejó de ser capitán de la banda de sus moteros, (de nombre “elefante negro con ojos rojos” que nunca fuera de su cabeza existió), para convertirse, de familia careciendo, en fraile, (de ahí la túnica), hermano, (o padre).

Conserva, eso sí, su casco, apenas diferenciable del pelo de su cara y lo lleva, siempre, salvo cuando no descansa, cargado “al hombre” que, según señala, es ahí y no al hombro, en donde ha de llevarse.

El motero tiene una cabeza enorme que no le cabe en el cuerpo, (ni en el casco), al hombre.

Pero lo intenta, siempre que el cuerpo ve llegar, la cabeza, le acerca.

.Casco del motero cargando.

Hay, en el taller ese, (que… qué repara), en donde algún manillar, (ruedas algunas), pueden imaginarse, un aparato que tal parece estar sobre el suelo sentado y despatarrado.

No se diferencia, de ser del mismo color, (como es el caso), del casco en que se encaja, aunque sea, en realidad, su cargador.

Hubo una vez un motero que, en moto siguiendo a un amor, perdió la cabeza.

Requiere, ahora, para en el cuerpo mantenerla, de un casco a la parte posterior de ella acoplado para sostenerla, encajada, a las vértebras de un cuerpo.

Algo recuerda, él, de un hombro, (de un hombre).

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.Payaso triste.