Ranca
Ranca, que algo busca en su cabeza,
con trozo, (prolongación), de lo que ve, mira.
La sostiene, si sentada, una espina dorsal esquelética, si en pie, un brazo alargado que usa también como pierna.
Si la giras 90 grados, (y sólo con el miembro te quedas), es ser, más pensante que pensativo, de cuerpo alargado y pies tan en el suelo, que empezando a echar, raíces en él;
si otros grados, (misma cantidad y sentido), frente de niña llegando a los ojos, asomándose parece haber, a ver a ver…;
si ya el último dos veces 45, viste un frac con dos lengüetas de acero negro directamente sujetas a camisa de su piel (manteniéndole, en su lugar, bien quieto), y rostro…bueno, a estas alturas, lo que vean…
Ranca vive en un lugar, (no ha lugar a, sin lugar, vida), y lo observa (y le mira).
Ranca
Arráncate ese dolor, esa pertenencia perniciosa, lesiva.
¿Has visto la sombra que, en el rostro, deja el apego enfermizo cuando despega?
¿Probado el pesar, la penumbra que de tus recuerdos, tus experiencias, invertirá permitirte descansar?
Extirpa ese dolor con sabor a colada sucia colgada al aire como si él, (por limpio, fresco), pudiera la mancha de aquella eliminar.
Arranca la sombra y (no requieres basura, a cualquier pared, en suelo cualquiera), a plena luz del día, (de la noche a oscuridad plena), tírala.
¿Observaste a la bestia alimentando plácidamente las aves del peor de los augurios en su caída?
No, no hay nada que caminar en ese camino imperturbablemente perturbado, en esa colina de la que siempre te podrás fiar (siempre, ¡la pobre!, la rica, perjuicio causará).
Tanto peso soportado por tan poca espina… Tanta fortaleza dorsal (de qué materia estará compuesta esa cordillera, de qué altura).
Arráncalo, como te extraes una pieza dental sana, (enferma), para salvar el resto de la boca, (del poso que a su través, a tu alma, entrará), de tu vida (de la de los demás).
En un arranque de cordura, (de locura), arráncatela.