Trucha de río

Tirarás tantos y, sin embargo, otros , como éste, ignorando el motivo, los conservarás.

La trucha, (te preguntas porqué, no te respondes), has de, por el momento, guardarla.

¿A cuánto conservas en tu vida que… para qué?

Regresarás, pon por caso, un martes de noviembre. Tras toda obligación, responsabilidad, apremio, (tras ningún ocio, entretenimiento, aplazamiento gratuito, fingido), que aplacen tus…

No dedicarás más tiempo, (si fuese por no deber lo continuarías haciendo, no podrás), del imprescindible, a la tarea.

Pero habrás, hasta que hayas dejado de hacerlo, regresado. No abandonaste ni a la primera, ni a la segunda, ni a la centésima., ni a la…

Tendrás la misma cabeza, (que habrás de corregir, de perfilar, de mejorar, de rematar, de…. aceptar.).

Sin acudir al, (sin olvidar), ni el primer trazo, (ni el segundo, ni el tercero, ni el…), ni comienzo. Comenzando, cada vez, de nuevo.

Y no te castigarás por ello. Sólo cabeza asomando desde cualquier lugar. Sólo, de la cabeza, un trozo al menos. Suficiente. Bastante. Y pedazo de aleta caudal de recuerdo, (de olvido del cuerpo desvaneciéndose).

Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco. Ni agua que mueva la rueda de molido que no sea infecta, turbia. Ni el ventanuco ese desde el que comprar la harina molida al kilo de tu cabeza.

Habrás comenzado, por fin, buscando manera de relacionarte contigo misma y así es como te relacionarás con el

Anterior
Anterior

Punto de inflexión

Siguiente
Siguiente

Puente colgante