Vaca, funambulista y rostros

La vaca de ojos negros, boca abierta, y cola pequeña, está tumbada.

Algo, (una sombra a su espalda), la increpa.

 A su frente, otra la reta estirándose para tocarla pero ella, ahí continúa, (sin otros asuntos interesarle), sin inmutarse.

El rostro de pelo corto y flequillo irregular se corta el cabello así mismo y le pone, por nombre, (todo lo nombra, a nadie llama), “capa de murciélago con trabilla”.

Se tapa la boca con la mano con los dedos pulgar, corazón e índice plegados y otro estirado y así anda siempre,

como si para una foto estuviese posando,

haciéndose el interesante.

La funambulista es aleccionada por una figura cuya autoridad se adivina de la sombra de su uniforme de abrigo hasta los pies, y gorra y cómo con el dedo, (el arma), apunta.

Pero a ella ni esto, ni, a su otro lado ese tipo, esa mano, alargándose para despistarla, la perturba.

Guarda, (en él encuentra), su equilibrio en el aire.

Ninguna otra cosa, despierta su interés.

El rostro te mira, tras un antifaz, a los ojos directamente.

Tiene una camiseta por pelo y se dejó una especie de bigote y barba baja pues quiere fingir que de boca carece así ocultándola.

De hablar, sin embargo, (le veas o no los labios mover), no para

como si lo que cuenta que interesarte tuviera.

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