Aguja que no pincha
La aguja que no pincha eyecta.
A tinta, de colores diferentes según le plazca, (no ordenes, no pretendas que obedezca).
La aguja que no pincha administra, cual suero, palabras, (de advertencia, de contexto, de descripción, de…), de consuelo.
Como deshechos, hechos echa.
La aguja que no pincha, pincha en el hueso ese de quien también eres sin serlo.
Liebre no corre ya, (es más que no quiere que, que no pueda).
Mira, con sus lentes colocados como sea, (de las que una patilla siempre anda a su aire), al suelo.
Camina, en pie, sobre sus patas traseras.
Más larga la una, alargando, (como con aguja extensible de cuerpo de liebre), la más pequeña cuando cojea.
A pasitos cortos, de otra manera.
Rebile pesca, de poder, patillas rebeldes de gafas de liebres, de así no ser, nombres, direcciones, datos, detalles que localicen…
Con pico, como de aguja, los pincha y, más que tragarlos, los enhebra en, de aguja cuello, convirtiéndoles.
Su apetito voraz, insaciable, hace que se le abran sus carnes blancas y muestren así, sus entrañas de tinta, (los usos de esta substancia ya lo saben), negra.
Briele tiene, de las anteriores, ser, de sus colores, combinación.
Su cuerpo diminuto acude a donde la llamen, (de nada oír quieta se queda), caminando, de los dedos de sus pies alzados, sobre las yemas.
Cae, a su encanto rendida, un cuerpo entero de agujas:
la que el punto exacto busque para oírla, la que para sanarla, huya, la que cual Buffon bufa…
. El único trazo de aguja que no pincha.
Trazas, hoy, línea sin del papel levantar la mano y, de sus recovecos y giros al final, te espera, (que no pincha), aguja.