Atnafele y Elefanta

Atnafele es, al revés, Elefanta.

Aunque sólo a ellos te presente, en realidad, a quien más miraré, es a la noche que, (no sólo, pero también si tumbados), les rodea.

Es gracias a ella, y a como se conduce, que ellos pueden aparecer.

Atnafele y Elefanta Sinequi (Seq)

Atnafele es un Dios con sombrero negro de ala ancha a donde, a través de sendos agujeros, lleva, a sus ojos, a asomar.

De carecer de otro cuerpo se diría que su cuello repta hasta, en el tocado, encontrar ese lugar adecuado en el que colocar su mirar.

Pero torso, sí que tiene, con en su medio un pico de ave acicalando una única pluma alba, y con sus hombros cubiertos por solapas grises de, a la medida hecha, chaqueta.

A sus ambos lados, dos columnas le limitan, (¿le sujetan?), y sus rostros no se sabe si con complicidad se miran o, en realidad, se enfrentan.

Elefanta alcanza el mundo de otros vivos, (de otras vidas), en vez de volando, (reptando), poniéndose boca abajo y dejándose caer a cuerpo muerto, muy vivo, con planeo planeado desde el principio que alguna vez rotará y alguna hará algún giro (algún otro rostro mostrará).

La elefanta sin colmillos y con ojos cándidos, (que le consienten ver lo que ve y no lo que mira), tiene trompa larga, aplastada y más sinuosa que retorcida que deja reposando como si el descanso fuese, de alguna manera, en sí mismo, un camino.

Tiene, Elefanta, cabeza y trompa solamente y, ya con eso, le basta y le sobra para la tarea que de frente, (en su interior), tiene.

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