Caras de la caverna
Es el muchacho, de pelo color del limón la cáscara, feliz.
A su manera, (que abriendo por completo la boca es), ríe, aunque poco se le note con la tela que, en desorden, su rostro venda.
Un tipo con turbante cubriendo su cabeza, chilla del dolor que le produce el enorme colmillo que le está saliendo.
Tanto abre la boca para que el quejido salga, que está casi, en dos partiéndose, su cara.
Sólo ella, (ese es su secreto, su tesoro), la reconoce.
Como pudo, (cuando cabeza, y su otra mano, tenía), la pintó, pues no quería olvidar a la rubia de rostro celeste que un día conoció en el agua.
Viven, ni se sabe cuántas formas las acompañan, en la caverna.