Criatura de su caverna saliendo
.Criatura de su caverna saliendo.
La criatura sin cabeza, y de un sólo un brazo, sale de su caverna.
Su piel parece una malla apretada, (con color copiado de la humedad de alguna, del lugar, piedra), que la sujeta entera convirtiéndola en silueta.
Aparentan, sus piernas juntas, ser parte inferior de un tronco que será, en su parte superior, mucho más robusto.
Pero sí que las tiene y con pies a pasos cortos y rápidos, se mueve.
Recoge agua de la charca cercana y, sobre ella del cielo, sol.
Les guarda, (en su piel y en su estómago), y retorna a su guarida.
A donde, para suya hacerla, a brazo, y cabeza, (ambos tajó), renuncia:
a él, por empeñado en dibujar los monigotes esos inútiles e irreconocibles por completo,
a ella, para que dejase de ver lo que a su brazo obligaría a, con ellos, el tiempo perder.
Y sale, y se guarda, del agua el dulce y del sol el calor y a su gruta regresa.
Allí, a donde, sin importar qué se haya hecho, sigue, lo que ve, (verá), viendo.
El mago anciano de cabello y barbas, (y bigotes), poblados, y largos, y dorados, habita, de la gruta, una pared, (dependiendo del momento su suelo, o el techo también) y su brazo, (con la manga de su sayo tan amplia) sujeta todo lo que la criatura llegará a ver, (a no ver), alguna vez.
La liebre, (tan veloz y despierta siempre ella), corre y, con ello, tal parece que sus orejas estén horizontales en vez de…lo hace sobre animal negro a rayas claras, con quien, (otro más aparece), compite en carrera que, a ambos, les encanta.
¡Cuánto mundo no recorrería de no ser, en realidad, parte de la cabeza de otro ser, (el de, en la pared, pintura)!
La bestia de la caverna, (con sus orejas enhiestas, su cornamenta al cuerpo paralela), mira a la pared, (en donde reflejo de sí misma encuentra), y la enfrenta berreando con su boca bien abierta.