Ele Fanta y Atnafele
Ele Fanta es algo coqueta y alguna cosa más.
Hace, con una liana, de su pie acolchado, una alpargata, (no cualquiera, ¡de tacón!), con su cinta de atar trepándole la pierna y todo.
Se la come, también es verdad, pero es que, con lo suyo, (y con lo de los demás siempre que puede), hace lo que en gana le viene.
Se alimenta, (ella, ¡cosas de esas como zampar, o engullir!, no practicará): en dos fases que mirándote directamente a los ojos discurrirán:
primero como que la comisura de la boca aprieta, (al tiempo que los labios abre de manera insinuante), para atrapar alimento; (segundo) mastica de lado poniendo su cabeza,pues fingir modestia, (lo justo), es coqueteo también.
Esa torsión, hace que parezca como que un colmillo hacia abajo tuviera y otro hacia arriba pero también ese golpe de efecto, (aunque no fuese buscado), le compensa.
Tiene nombre y apellido, porque decidió que solamente un apelativo era, para ella, demasiado vulgar.
Atnafele hubiera querido llamarse algo más sencillo, (menos enigmático), pero no fue él quien eligió su nombre y, por más señas, uno, su destino acepta.
Vive entre rocas pulidas y grandes en las que perfectamente, encaja, para esconderse, para no ser diferenciado del paisaje salvo que sea estrictamente necesario, (que casi casi sería en caso como de vida o muerte).
Si necesidad de alimentarse tiene, (será cuando llega al límite de la supervivencia), se estira, sobre sus tres patas triangulares, tanto como puede para atrapar cualquier alimento que a boca tenga. Con su cola de marfil, (y triangular, y puntiaguda), de un tajo la corta.
Luego se retira y, en silencio de roca pulida, la ingiere.