El rosal y Lasor

El rosal, (infecto), no da rosas, sino sarpullido, pústulas muy cuquis, (también cucas), que, al exterior supuran muy poquito, y muy pálido, y muy rosa (como si brotes sanos fueran, aunque no lo son).

Sabe disimular, así, (despertando lástima, a su paso, y de paso apariencia de floración), lo peligroso de sus espinas que sus uñas son.

Es, su tronco, copia exacta de sí mismo: mitad superior idéntica a la inferior si invertida y a la izquierda girada.

El rosal es invertido, retorcido, rebuscado, enrevesado, hiriente, herido.

‍ ‍.Lasor.

Lasor aprendió, (quedar en dos partido le costó), que florecer era caminar, al margen de la infestación irresoluble.

Hubo de replicar el tronco que le quedaba para construirse un cuerpo al que añadir, ocular, globo, (crear mirada en donde vacío), y, de pata, algo, ambos, con restos de los colores de en donde nació, (del ojo la niña, el pie de la pata), rosados.

Arrancó, de sus raíces, de aquella tierra la enferma, y todo sacrificio, ‘leñal’, (de su persona, hay veces que no sabrás la palabra, otras, la habrá no), dedicó para asegurar que su cuerpo, tan curvado como torcido, pasos, que a ciegas no fuese, le fuesen propicios.

Se desplazó girando solo, (sin precedente ni ayuda a la que injertarse, al destierro, a bocados de su procedencia, abocado), despacio, (¡qué descomunal, de cada zancada, el esfuerzo!), sobre eje, de sí mismo, vertical.

Sus palabras fueron los dos pies de sus raíces leñosas, (aquel con el que nació y, el otro, que, en forma de nombre propio, se talló).

Y caminó, con sus jorobas más o menos pronunciadas, erguido.

Ignoro si al que, una vez, flores, (como sus pies dos), diera, se le puede llamar que floreció.

. El único trazo de “El rosal y Lasor”.

Es único Lasor:

  • sólo él, (de, hasta el momento todos), está hecho de dos trazos que son el mismo repetido.

  • lo ha cedido, además, (algo sin precedente también), para que “Magua” tenga su mitad superior.

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