Gusano rosa y feliz

El gusano, abandonado un día, es, hoy, rosa y feliz.

De su lado más oscuro emana, perfectamente ordenado y transportado por hilo (de no seda, de pelo negro), luz (tenue, tranquila, serena).

El gusano rosa y feliz vive en un zapato que tiene por punta una nariz.

De él salió, y sale, aunque, en él, nunca haya entrado.

No sabe cómo es que apareció allí o quién en semejante lugar le dejó abandonado antes de que recuerdos tuviera, memoria, y de que su cuello saliese con tanta fortaleza sujetando una boca bien abierta que se confunde con su cabeza hasta parecer que la devora.

Se desprenden, de su cuerpo, algunos hilos negros, muy pocos, es que es gusano de pelo, no de seda.

 

Es perro de oreja roja y boca negra, de cuerpo fino, y pata muy gruesa con dedo, solamente uno, sin uña.

Cabeza con cabeza con un ser de ojo de rosa difuminado y casco de visera negra, o con habitación oscura y luz tenue y mate.

Y muslo parlanchín con boca en la entrepierna.

De él, como puede, (será supervivencia), escapa cualquier gusano que se lo encuentre.

Es tipo con tal cabeza que mirar al frente y atrás, al tiempo, le consiente.

A algún lugar llegar aspira, (y lo consigue), mientras la base de su cuerpo, aspirando va, los desechos que, para alcanzarlo genere, asegurándose de que, como huella, sólo la de las plantas de negros pies deje.

Es ave faraón malhumorada cuya cola le señala, (mareando a la parte posterior de su cabeza que a discutirle se pone), directamente, ruta que seguir exactamente contraria a la que lleva.

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