Los drenantes de caballos

Le consideran una rareza, de monigote una especie con quien no comparten ojos ni cabeza, que por ahí anda, como levitando, (eso todo lo que no sea seguir, de ellos, los pasos, es), por vericuetos que a ningún lugar autorizado, (respetable), puedan, (por mucho que los hechos confirmen lo contrario), llevarle.

Y eso les autoriza, (como uno actúan, dos son), a perpetuidad, a drenarle, (obligándole a él, en aplicación de la ley esa, a consentirlo).

.Los drenantes de caballos.

Está, el caballo, en constante diálogo entre su frente y su hocico.

Sabe, la una, que la están vaciando de contenido, de significado; tiene, el otro, dudas, o explicaciones para aceptarlo.

Acaba, el uno, por asumir que carece de final, (con fin), el proceso, (será insuficiente el vaciado completo, continuará con convertir, el vacío, en mentidero); ignora, la otra, cómo zanjarlo.

Y mientras, un mismo tronco, con entradas y salidas dos, le atraviesan.

A costa de su alimento, (para hambrientos continuar, succionando con labios que dicen lo contrario estar haciendo), se alimentan.

.Ladrón drenante.

Actúa, el ladrón drenante, con antifaz, (ocultación) y sonrisa, (burla y satisfacción).

Ni un solo pelo de tonto tiene.

Disfrazado como de perrito dulce y bueno, por ello, se conduce, naturalmente, despatarrado con las gónadas así, ¡como de ser ha!, al aire.

Dice ser uno y carecer de plan alguno, pero alimenta a un mismo tronco, del que forman parte dos.

Tendrá, el caballo, (habrá de hacerlo y eso, al final, sin fin previo, hará), que arrancarse la cabeza, así, de cuajo y de, por toda vez, una.

No habrá otra manera que no sea del cuerpo, (del corazón), apartarla, para, en su sitio, conservarla.

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