Sireno y la playa
Sireno, desde su mar, entre las rocas de la zona costera encajándose, mira directamente a la playa y en ella contempla el rostro más deseable que jamás presenciado haya.
La playa, cantos de Sirena escucha, y se encanta.
El sireno ama.
Ignora a la manta que, en su cabeza, intenta impedirle al peligro del amor aproximarse.
Y se encarga del cetáceo que quisiera mantenerle a raya.
y…
Ama a la playa, y a él ella.
Y allí va y en ella entra.
Y deshace, su agua, (de él), en, (de ella), su arena.
Y permanece, (de su deseo en contra), en su lugar, la playa para que, del sireno el agua, sepa en dónde retornar a ella.
Cada uno, en un lugar, juntos, (separados).
Resiste del mar toda embestida la playa,(aunque, la deje, cada vez, deshecha), pues allí vive, (de allí regresará), su Sireno.
Hay un amor de piel de arena que el agua salada envidia y, en cada oportunidad que tiene, disolverlo intenta,
la playa, espera, a costa del tiempo con, de reloj, arena, hasta su regreso.
Presa de la dicha de la palabra nunca pronunciada:
ama Sireno, una sólo vez lo hace cada vez, y, tras ella, a su agua va para nunca al mismo lugar volver.
.Sireno y la playa.
La cobra y Tizul
¿Qué rumores, de qué océanos surcando, te susurraron qué historias de forma tan irrefutable?
¿Qué reptil, sobre el pensamiento ese erguido, veneno semejante te inyectó?
¿No calzas, acaso, botín capaz de esto aplastar con todo lo que has hollado?
¡Claro que juntos caminan!
(¿no es eso, acaso, andar, cada cual, por su lado…?)
Mira, (halagada por la atención, por el ímpetu turbada), la tierra fértil de montaña.
¿Cómo habría podido imaginar que Tizul, !aquel de los ojos rasgados y el pelo de cielo el color!, pudiera de esa manera desear tan de cerca encontrarla?
Qué podría hacer, (ella, por naturaleza inmovilizada), que no fuese, permanecer, (de él), a su vera.
Se cobra, la cobra, su cuenta.
Le sonrías o duermas (estando, por ello, completamente indefensa), no importa.
No hay bota alguna que la pise, (cuyo peso), la detenga, ni bravura de mar cuya ola la engulla.
Comparte, de compartir con cobra espacio la deuda, y, con tu vida, sáldala.
Tiene, Tizul, esposa.
Los drenantes de caballos
Le consideran una rareza, de monigote una especie con quien no comparten ojos ni cabeza, que por ahí anda, como levitando, (eso todo lo que no sea seguir, de ellos, los pasos, es), por vericuetos que a ningún lugar autorizado, (respetable), puedan, (por mucho que los hechos confirmen lo contrario), llevarle.
Y eso les autoriza, (como uno actúan, dos son), a perpetuidad, a drenarle, (obligándole a él, en aplicación de la ley esa, a consentirlo).
.Los drenantes de caballos.
Está, el caballo, en constante diálogo entre su frente y su hocico.
Sabe, la una, que la están vaciando de contenido, de significado; tiene, el otro, dudas, o explicaciones para aceptarlo.
Acaba, el uno, por asumir que carece de final, (con fin), el proceso, (será insuficiente el vaciado completo, continuará con convertir, el vacío, en mentidero); ignora, la otra, cómo zanjarlo.
Y mientras, un mismo tronco, con entradas y salidas dos, le atraviesan.
A costa de su alimento, (para hambrientos continuar, succionando con labios que dicen lo contrario estar haciendo), se alimentan.
.Ladrón drenante.
Actúa, el ladrón drenante, con antifaz, (ocultación) y sonrisa, (burla y satisfacción).
Ni un solo pelo de tonto tiene.
Disfrazado como de perrito dulce y bueno, por ello, se conduce, naturalmente, despatarrado con las gónadas así, ¡como de ser ha!, al aire.
Dice ser uno y carecer de plan alguno, pero alimenta a un mismo tronco, del que dos forman parte .
P.S: tiene, el caballo, cabeza, no hay lugar del que salir no se pueda de conseguir mantenerla, a ella, en su sitio.
La mula y la alforja
Para lo que anotas, cuatro posiciones de la imagen debieras poner.
Una, y sola, dejas.
Tiempo, y alentar, a la otra parte, (del lado al otro), a ello hacer.
.La mula y la alforja.
Descansa, la mula, dejando caer sus alforjas mientras reposa, en pie, empujando su cara alargada sobre cualquier árbol que se lo permita.
Le da vueltas la testa, así le sucede siempre que, por asalto, sin permiso, recuerda todo lo que, con el morral, ha, más que hecho, sido.
La fuerza de qué corriente guiaba a las árguenas, por todo medio, a cualquier sitio.
Todo lo que erguidas, juntas, caminaron como si, de todo baile, fueran pareja, (como si no hubiera habido evento que, en fiesta, no hubieran convertido).
Cuando despatarrada, pretendía que los bolsillos de la talega eran un gran sujetador de otro tipo de hembra.
Y…
Su alforja, (única compañía), compañera y ella; y la marea, (el mareo), de lo que fueron, al suelo vacío cayendo.
Tus labios y el duende
Dibujaría tu boca.
Labios de color ajado por el tiempo carnosos todavía.
Comisuras oscuras, casi negras, al igual que cuando en contacto con el otro, (la otra), el uno.
En tu cabeza un pañuelo enredaría al viento, (que tu rostro y tu cuello serían),
cubriría la mitad de tu cara por él, (tiempo), por ello, no manoseada.
Dibujaría tu ojo inmenso, (de tamaño que abarca un mundo, una época, un sueño), cerrado;
ocupando casi todo tu rostro cuando tú así, plácidamente, en reposo.
Dibujaría, tu ojo, que sería boca, cuando tú, ahí, casi escondida tras, (…tu rostro),
a punto de venir a mi encuentro.
Pintaría en hojas de fibra de morera, y sedas y de papel maché y te preguntaría si te reconocías en algunas, (todas), de ellas.
Te dibujaría.
Si existieras, si existiéramos, (si supiera).
¡Cómo no te besaría entonces!
Qué, de no haber dejado de hacerlo, con tus labios, no haría.
.El duende.
El duende, de un solo e inmenso ojo, quiere acercar sus labios, a tu boca.
Y tú sonríes, dejándola, (traviesa, juguetona y diminuta),
ir, mientras una mano,
(pie de dragón como de oriente y que más que volar es, cual pañuelo, por el viento llevado),
del, a tu espalda y duende, te aleja.
Te crio, con toda ternura, (cuidado, saña), de que fue capaz, una bestia;
te cortejó un deseo fantástico, (imaginario)
y fuiste (por el viento a cualquier lugar llevados) labios.
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Pares
A todo debieras poner un nombre lo más escueto posible , (para que lo encuentren, para que lo busquen, para que recuerden, para que…), y, sin embargo, habrá historias que, ¿cómo las nombras?, ¿ son “pares” o “dos” o parejas, o…?
.Pares.
¡Siempre hay tu idéntico?,
(¿qué mayor prueba de existencia que un “tener que haber estadístico”?).
Pon atención.
Vendrán.
A tu espalda, de frente, arrastrándose, colgando de un hilo apenas, sigilosamente, o…
Te encontrarán,
¿les reconocerás?
¿Qué harás?
¡Cómo no va a haber eso que eres tú, seas lo que seas?
No estás sola.
Sólo en otro lugar.
No vendrán.
Permanecerán encerrados en cuevas de barrotes idénticos a los de la tuya.
Y no les verás.
No les encontrarás, (ni les buscarás siquiera), jamás.
¿Qué no harás?
Vendrán.
No vendrán.
Qué harás.
Qué no harás.
Habrás muerto, o morirás.
¿Importará?