Retrato de un tipo sospechoso

Hay imágenes de las que sé qué quieren contarme, (independientemente de que el cómo sea leguaje simbólico o complejo, el qué, lo sé). Otras, (como aquí), serán más divagantes, farragosas, como si estuviesen decidiendo qué decir o cómo condensar en una, las varias cosas pero, también a ellas les concederé, oportunidad, (trabajo, reposo, respeto).

El tipo sospechoso lo es semántico, (como de diccionario normativo) y adquiere su dignidad por “imaginario basado en conjeturas fundadas en apariencias o indicios.”.

¿No denotan, a caso, ese sombrero ladeado, esa mirada rasgada, esa boca de labios más que prietos forzadamente apretados, algo?,

¿Y su paso, siempre con un pie en el suelo mientras que el otro perfectamente, a él perpendicular, en el aire?.

¡Pero si, hasta su pelo, a poco que lo dejase crecer, sería un antifaz también !.

¿Y la nariz?... bueno… ahí… igual tendría que estar partida o algo pero… ¡no por un indicio aislado vamos a retirarle la sospecha!

¡Ay el vaivén de cómo camina!, y su barbilla más al frente que hacia abajo….

Y el brazo ese, como retorcido y a su espalda, del que sólo se puede reconocer el dedo índice señalando, (intentando hacia allí llevar nuestra atención, sin conseguirlo, pues seguiremos sospechando),  hacia arriba y a un lado. ¡Qué me dices!. !no hay discusión!, ¡a ver en dónde encuentras otro así y nada le sospechas!

La asohcepsos apit , (mira, léelo, de derecha a izquierda), camina.

Levanta la pierna, (hasta dejarla en ángulo recto con el muslo), con ese pie que carece de falanges y su calcaño extenso y alargado.

Nunca la verás apretar los labios, (lo hará, más no mostrándolo),  sólo una boquita distendida y pintada verás.

Su naricilla redondeada, (que cuelga con gracia en donde debe de estar en su cara), describe, en ocasiones especiales, (cuando quiere confundirte o camelarte), movimiento pendular.

(¡Según parece, algún asunto, sospechoso, de narices, les sucede, en las narices, a este par!).

En general, su perfil (de ella), es chato y su pelo ondulado.

La mano que la precede, enguantada,  señala hacia arriba y a la derecha, impidiéndonos, en su rostro, fijarnos, consiguiendo despistarnos.

Al sospechoso y a asohcepsos les une un cordón umbilical del humo de un cigarro que se dejó de fumar hace décadas; el placer, (por naturaleza de lo que habiendo sido consumado quedó en humo imposible de darse por satisfecho de nuevo), de asochcepsos cada vez que el tipo, (la tipa), sospechoso, (que sospecha), ha de apretar el gesto por el dolor inmenso de cada paso más que les mantiene juntos, (separados),

Un vicio, (una supeditación, una naturaleza), irreparable; con apetito insaciable de una parte que , la otra, pese a todo, remediaría con cortar un hilo, en realidad, de humo ,aunque, con ello, cayese (¿inexorablemente?) en la parte, oscura, intrigante y sospechosa, de la historia.

Si los girases verías que, en realidad, sus rostros no permanecen en sus contornos, ni están a ellos fijados, (sino al aire), que el vínculo permanece suspendido.

Pero no miramos, (no se miran), girándonos.

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