Caballero como del siglo XVI
Hay veces que, por mucho que procedan de los mismos trazos, (o te empeñes tú), las formas no acaban de cuadrarte en la escena, (ni en el relato).
En tal caso, las elimino, conservo una solamente (aquí sería “el caballero“).
Dejo esta entrada así como recordatorio de esa parte del proceso.
.Caballero como del siglo XVI.
El caballero es como del siglo XVI.
Tiene mirada de poeta romántico que ¡tanto!, (de lo malo), ha visto,
(de lo bueno quiere ver).
De niño inocente que apenas nada, (ni malo, ni bueno), ha notado.
Así gira, su mente, en torno a ella misma una y otra vez para siempre regresar, (partir del), al mismo punto:
lo que ha experimentado, lo que le experimenta a él.
Su cara, a trozos, carece de cicatrices.
Sí, le han arrancado pedazos los duelos, (con floretes y sin ellos) pero, de alguna manera, se mantiene, se sostiene (con cicatrices de espacio vacío)
en su puesto.
Girado es perfil de …
con acolchado en la nuca, y boca cortada,
sobre cabeza de…
Lleva al pecho una medalla nunca ganada que es broche de no corbata, (no existen, todavía, en el XVI).
Su cuerpo fibroso,
(atlético, tonificado y vestido con malla ajustada),
que mantiene un equilibrio perfecto entre la masa muscular y el bajo porcentaje de grasa,
atravesó proceso, al de su rostro, igual.
De piernas carece.
Su nombre,
(entre metálico y látex que girado es gafa y florete y pluma, y pata y…),
le sostiene.
Hay quienes, por ello, creen que no es más que un maniquí, y a su antojo le visten, (le desnudan), o solamente le hace dar vueltas, (como si juguete fuera), que todo le desbarata, que lanza, despedidas, a sus partes.
Se convierten en muñeco muy corto de vista, dando la espalda a lo que no le apetece ver.
Con su nombre por gafas, que así usa, porque el niño, (y lo que no ha notado todavía), necesita juguete que vea por él.
O broche, cabeza y cuerpo en florete, boceto y peana, (tintero), se convierten.
O en, de barro, figura su camino con desenfado buscando
y escribiente con pincel metálico en pizarrón en posición de zarei escribiendo pues,
el escritor atormentado,
habrá de saludar con el merecido respeto antes de atacar
(a él enfrentarse)
al vocablo.
Están equivocados,
es caballero,
(como del siglo XVI).
. Los dos trazos del “caballero como del siglo XVI”
En Amorado y Odaroma
En Amorado
Amorado es un lugar (en donde puedes vivir o desvivirte), y nombre..
Amor vive un amor.
Lo alimenta desde una distancia prudencial, (regándolo con la esperanza de que florezca), a la espalda del maniquí objeto de su deseo.
Siempre con una flor en el pecho, que ofrecer, aunque no sepa, la figura (que atrás jamás mira, y con su apariencia sobria, rigurosa, implacable, estricta), ni tan siquiera de su existencia (del amor ni de él).
Ado vive en un amor que le alimenta, le asienta, le sustenta.
Lo mira de frente con pasión y observa su cara huesuda bajo la cofia militar que lleva.
Él, (¡que sale casi como despedido de su asiento taburete cuando la ve!), que nada tendría, (¿tendrá?), que, con ella, (que, ni cuando de frente le tiene, le ve) ver.
Amorado es un lugar. Puedes desvivirte, o vivir en él.
Odaroma es un lugar y nombre.
Oda huye, (su sentimiento ya no resiste), tan rápido como puede, dejando a su suerte, (a su insistencia), su cabeza, extasiada todavía, ante lo que cree es el torso, (sin nada más perturbador o inusual en él ser capaz de reconocer), de su amada (que le podrá corresponder, nunca).
El pensamiento de Roma, (en otros tiempos amor), alcanza al vuelo el último brote que, sabe, le servirá, (en el viaje), de alimento, (del olvido, un recuerdo).
Al hacerlo, su pico choca con el extremo del resto de quien un día imaginó, y, le llama despedida, (y beso).
Odaroma es un lugar del que, cuanto antes, escapar.
Los cuatro trazos de En Amorado y Odaroma
Ganchos
Y con la paciencia, (atención, fortuna…), suficiente, encontrarás algo de lo que enganchar, a lo que enganchar, (en donde engancharte).
Y en el camino incesante, también habrás de parar.
Detenerte.
Y el momento que tengas para, lo que estás haciendo, hacer, no hacer.
Dar una capa a cada forma individual pues señalar origen es parte del devenir interpretar (respetar).
Nada más hacer de lo que, a hacer, hayas venido.
En reposo, en paz, y con cierta distancia, (que mentira no sea),
contemplar movimiento del que sólo en mínima parte, (¡qué le vas a hacer!, hacer más, , técnicamente, no sabes), podrás conservar registro.
Presenciar.
Porque saber quién eres, también será contemplar, (antes de haberlo hecho), qué, (en el origen), hiciste.
Seq es, (en la aplastante mayoría de los casos), la firma Sinequi de los productos en 3d.
Si bien difiere, (considerablemente muchas veces), su apariencia, nunca requiere más de mi atención que el trabajo en curso.
No fue así hoy.
Lo desplazó.
No sentando precedente, lo respeté.
Me enganché, por un rato, a enganchar las 3 letras de Seq.
Resultaron ser ganchos, capaces de sujetar mundos inexistentes, (¿incipientes?), en un equilibrio,(al que se enganchan también), de otra manera, imposible.
¿Es motivo, suficiente, para a Seq, dejar hacer?
Bajo superficie
Todo parte de un hilo de brillo fosforescente; de energía inagotable; de origen, (inicio), inidentificable.
Pero siempre, (todo hilo luminiscente), tuvo, (¿en la oscuridad?), un inicio, un origen.
Todo pende de un hilo que reposa en tierra firme, mezclada con arena, en equilibrio que garantice drenaje, nutrientes.
Hilo.
No lo mires, no lo veas, no le sigas, no le indagues.
Todo lo que construyes, (destruyes), de un hilo pende.
A poco que lo más nimio incluso, y ajeno, (de tu alcance, voluntad, esfuerzo fuera),
todo se derrumbará, (sin romperse, quedando capa sobre capa como de un castillo de naipes),en tu presencia.
Mira cerrando los ojos.
¿A dónde lleva, el hilo, bajo superficie?.
¿Estás, acaso, por, de la superficie debajo, bajo tierra?,
¿no a caso que alimento rezume, lo que de silencio, de descanso, de serenidad, (ajeno al ruido, al espacio, a la necesidad ajenas), queda?
Emerge, florece, (de bajo), sobre la tierra.
Quedarás, en principio, (todo comienzo, un hilo tiene),
suspendido, (y en suspenso)
Mira, oscuridad aparte, a parte de qué drenaje hilas.
Los cinco trazos de bajo superficie
Naza
Naza es a quien, de su misma entraña, su mitad han arrancado.
Aún ignora si la misma es, si dos (pedacitos), si una, si reflejo, si…
Se reclama, (por si acaso y por ello), como dos distintas una siendo.
Y así, individualmente, se rubrica,
(se marca paso que, en su lugar, la mantiene).
Habiéndole sido, la tura, suprimida, ignora cuánto durará, si es flauta de caña en ceremonia ancestral en época de hacer del maíz cosecha, o niña corta de edad, o Señora o…
Carezca de lo que una vez dispuso, (la conformó), o no, algo es:
Naza.
Naza, la sabia, expulsa savia, la llora, la vomita, la ingiere, la…
Su digestión convierte los deshechos y el dolor, (la angustia), en brotes, (más o menos), verdes.
Alguien, (algo), la presencia desde las ramas, (escondida, camuflada), perenne.
Un par de ojos saltones en hojas lacerantes… algún bicho de cabeza triángulo cortante, (isósceles, estirado, y verdinoso),
o...
Siempre.
Ignora, (de tura carece), hasta cuando más, mas hasta el momento, incesantemente.
Naza metaboliza hechos (des).
Los dos trazos de Naza.
Sofá en el parque
La única (salvo error u omisión), que, hasta la fecha, siendo 3d, firma Sinequi y no Seq.
¿Crear también verano y otoño?
Dejó su sofá de dos plazas, (la de su compañero y de él), en el parque, así, sin nada explicarle.
El abandono le convirtió en hierro ambiguo, (inoxidable y mullido).
Le acompañaron las aves en los días de primavera, y las farolas encendidas, (y los paseos, y las conversaciones, y…), en las noches de invierno.
Le disfrazaron las hojas de otoño con sus bailes.
Fue reposo y consuelo de quien le contaba porqué, continuaba paseando a esas horas y solo, (y de quién, al hacerlo, se acordaba), en las tardes más calurosas de verano.
Tanto y más, con satisfacción e incredulidad, (nunca nadie llegó para vandalizarle), es.
Sólo el hueco ese recóndito en el que su compañero acababa por perder algo siempre, (unas monedas, una nota de amor nunca vuelta a leer, unas gafas una vez que ¡no se rompieron!,…), permanecía aparte, aceptando, ya, haber sido desechado pero no que jamás, (a él que no se habría ido en ningún caso), le hubiesen explicado el porqué.
Y un día, alguien pasó, a alguien, en silla de ruedas de hierro ambiguo, (inoxidable, y mullido), empujando.
Era viernes, como cuando él también, allí había llegado.
Las compañías, (del sofá del parque), se preguntaron si no era ese hombre, (sentado), quien tantas veces había allí ido buscando, (tan preocupado), ese rincón adecuado, en el que algo dejar acomodado.
No recuerda ya, ese hombre, (sentado), nada haber abandonado, (ni tenido), ni qué sabía entonces que le empujaba a hacer lo que hizo, (con quien, de saberlo, sin compañía, se habría quedado a su lado).
No encontraría en el huequito recóndito, (del sofá desconocido), un pedazo de papel en donde aún habría podido leer:
“de verdad nos quisimos, el sofá es testigo”.
Fuego
De fuego sus ojos.
Los tres: el que muestra, (cálido, inocuo), y los dos…
!mágicos!
Ese par que sólo si abre su boca, (su sentimiento), surge.
Que calcinan cualquier oportunidad de ser.
Que destruyen lo construido mientras su boca cerrada, (contenida su rabia).
Que sólo consienten sobrevivir, (reptando), a su condición envenenada.
Y, sobre su obra, convenientemente envuelto, (ocultado), atado, (¡que, ni muerto, vaya y se expanda a su criterio!), el cadáver que dejará, su boca, (su naturaleza), si abierta.
No es su disfraz falaz, (de autenticidad, candidez, empatía, y…), lo que te habrá consumido, habrá sido, descubrirla primero, y luego,(respeto se llamaba), no haberla, ni una sola vez, desenmascarado.
Ogeuf camina mirando hacia arriba, y a distancia.
Su lengua cuelga fuera de su boca cerrada, como la del perro que intenta regular su temperatura, (su furia, su rabia).
Está hinchada y, en su centro, con úlcera negra, (como su alma desperdiciada).
Su par de ojos mirando hacia atrás, (siempre guardándose la espalda), mientras, hasta el último momento, intentar impedir partir a, de su fuego, los restos.
Nave con orza por la que el veneno no reptará.
Con vela de cuerpo amortajado, (con esa forma disfrazado como única escapatoria),
y atado, (asegurando, así, que no cambiará de opinión en el último momento, que se irá).
Con una bandera improvisada, (condición indispensable para viajar).
Y con mástil color, que la cara del fuego, tuvo.
La rosa y Asor
He abandonado, (eso espero….), cultivo de vida que requiere esfuerzo constante resultando en desarrollar raíces a costa de tus cimientos invadirte, en espinas de ataques preventivos, en dedicarte casi en exclusiva, a contentar a quien mostrará su delicadeza, (¿no es, ella, de belleza un sinónimo?), tan fugaz, que toda tu atención requerirás dedicarle para notarlo, (nada más, a su lado, criarás).
Aunque he de estar alerta para tenerlo presente, no la crío, (no ya).
Pero a ésta, que en su lugar nace, (y allí volverá), me complace que de visita, (fugaz), venga.
Rosa, (de paloma blanca, algodón dulce, nube en cielo despejado), y Rosa.
De raíz invadiendo, (creando), a su alrededor, el espacio.
Sustento del pájaro blanco de los rosales que, de otra forma, carecería de alimento.
Rosa, del color de su nombre, del aspecto de un rostro entre inofensivo e inquietante.
Con tallos alimentando nombres que llevan a orígenes de igual color que la rosa.
Y Asor quien, en pie, la monta.
Asor, quien se lleva el grueso de las raíces de Rosa.
Con sus ojos de niña, (rosa), brillante y diminuta, (por huecos obturadores),
y su cuerpo deforme formado de una (blanca, y rosa), Rosa.
P.S: si existiesen ‘ sub-etiquetas‘ , (que pudieran extraer de un lugar un solo personaje), tiene Asor algo que, quizás, encuentro “favorito”.
La bestia y tú
La bestia se alimenta devorándose así misma, (sin ensañamiento, sin encono). A hebras como las que quedan de un metal que hubiese sido trefilado. Avanza erguida, decidida, dispuesta… dejando a su espalda, como huellas, los restos de lo que sus ojos, (en donde los ollares alberga) , resoplan y que al suelo caen.
La bestia arremete dominante, vestida a tiras que más que cubrir el cuerpo, lo sujeta a partes. Lleva, a su espalda, cicatrices sólo cuando incandescentes visibles, en cuyo caso, en hierro de marcar se convierten. Serás, a su vera, res. Será látigo en su brazo terminado de esquirlas de metal despuntadas. Tras ella los restos de los bufidos de sus ojos que ennegrecen a medida que caen.
La bestia y, sólo tú, (un duelo entre bestias presenciando).
Farolero y Oreloraf
Seq vuela: ignoro si es cigueña rosa portando dos nacimientos, o flamenco de ‘pata negra‘ con luces, (dos), para faroles.
Como fuere sea, si volando, alumbramiento, si en pie, luz.
Seq gestándose.
Camino llevaba de ser vano y ostentoso, de logros, (capacidades, posibilidades…) imaginadas, pero no.
A pecho descubierto camina, independientemente de que por ello tenga algo que mostrar, (ocultar), solamente porque aprendió que sólo así podrá, lo que hace, hacer.
Quizás por ello sepa crear, (forzada y medidamente), pueda mostrar y, (con inmensa dificultad, deseando pudiera delegar esa tarea), vender lo que crea.
Creer, crear.
Podría haber sido, (de no ser él), cualquier cosa lo que su figura atlética portase, (que incluso su propio cuerpo exhibiese). Fueron luces con sus formas, tamaños, pesos, (pesares), … y sombras.
Camina, (cuando se expone), con negro y apretado pantalón, su torso desnudo y fibroso, y ese ombligo puntiagudo en su punta negruzco y peligroso, (tanto le costó cercenar el cordón umbilical que así le quedó, castigando, a su pesar, a quien se le acerque demasiado, con un corte).
Cabeza y mano cubiertos, reforzados, para soportar el peso que han de acarrear a diario y porque, ¿para qué necesitaría mostrar un rostro quien a pecho descubierto va?
EL farolero, de cualquier material, (metal, piedra, su propia pierna, planta…), crea, (eso cree al menos, y yo le creo), faroles. Después, en su cuerpo, los acarrea. Nada dice, sólo muestra lo que para ofrecer tiene.
Oreloraf despierta gran interés.
Es por el misterio: no se sabe qué pinta tiene, (ni qué carácter, ni qué tipo, ni si es tipa, ni…). Si sale, es todo cubierto, para no mostrar, (para esconder).
Diseña, (con faroles), robots, que solos se mueven, de ser necesario se despiezan, y así mismos se venden.
Ellos, unoS a otros acompañándose, por ahí andan sin esfuerzo, voceando eslóganes que van cambiando para que ningún oído se acostumbre a escucharles y, con ello, dejen de atenderles.
Solamente de latón creen que se pueden hacer, (se crean).
La música que tararean, hoy, los vende faroles.
El robot así la ve (luz, resplandor, en un espacio vacío, oscuro y metálico).
No la oye, ni nada le conmueve su sonido pero sí las saben traducir en sonido. En las barras y los puntos ve otros mensajes, (¿ estará relacionados estos mensajes aparecidos con “apariciones” ?) que sí son son suyos y tú, no puedes leer.
Retrato de un tipo sospechoso
Hay imágenes de las que sé qué quieren contarme, (independientemente de que el cómo sea leguaje simbólico o complejo, el qué, lo sé). Otras, (como aquí), serán más divagantes, farragosas, como si estuviesen decidiendo qué decir o cómo condensar en una, las varias cosas pero, también a ellas les concederé, oportunidad, (trabajo, reposo, respeto).
El tipo sospechoso lo es semántico, (como de diccionario normativo) y adquiere su dignidad por “imaginario basado en conjeturas fundadas en apariencias o indicios.”.
¿No denotan, a caso, ese sombrero ladeado, esa mirada rasgada, esa boca de labios más que prietos forzadamente apretados, algo?,
¿Y su paso, siempre con un pie en el suelo mientras que el otro perfectamente, a él perpendicular, en el aire?.
¡Pero si, hasta su pelo, a poco que lo dejase crecer, sería un antifaz también !.
¿Y la nariz?... bueno… ahí… igual tendría que estar partida o algo pero… ¡no por un indicio aislado vamos a retirarle la sospecha!
¡Ay el vaivén de cómo camina!, y su barbilla más al frente que hacia abajo….
Y el brazo ese, como retorcido y a su espalda, del que sólo se puede reconocer el dedo índice señalando, (intentando hacia allí llevar nuestra atención, sin conseguirlo, pues seguiremos sospechando), hacia arriba y a un lado. ¡Qué me dices!. !no hay discusión!, ¡a ver en dónde encuentras otro así y nada le sospechas!
La asohcepsos apit , (mira, léelo, de derecha a izquierda), camina.
Levanta la pierna, (hasta dejarla en ángulo recto con el muslo), con ese pie que carece de falanges y su calcaño extenso y alargado.
Nunca la verás apretar los labios, (lo hará, más no mostrándolo), sólo una boquita distendida y pintada verás.
Su naricilla redondeada, (que cuelga con gracia en donde debe de estar en su cara), describe, en ocasiones especiales, (cuando quiere confundirte o camelarte), movimiento pendular.
(¡Según parece, algún asunto, sospechoso, de narices, les sucede, en las narices, a este par!).
En general, su perfil (de ella), es chato y su pelo ondulado.
La mano que la precede, enguantada, señala hacia arriba y a la derecha, impidiéndonos, en su rostro, fijarnos, consiguiendo despistarnos.
Al sospechoso y a asohcepsos les une un cordón umbilical del humo de un cigarro que se dejó de fumar hace décadas; el placer, (por naturaleza de lo que habiendo sido consumado quedó en humo imposible de darse por satisfecho de nuevo), de asochcepsos cada vez que el tipo, (la tipa), sospechoso, (que sospecha), ha de apretar el gesto por el dolor inmenso de cada paso más que les mantiene juntos, (separados),
Un vicio, (una supeditación, una naturaleza), irreparable; con apetito insaciable de una parte que , la otra, pese a todo, remediaría con cortar un hilo, en realidad, de humo ,aunque, con ello, cayese (¿inexorablemente?) en la parte, oscura, intrigante y sospechosa, de la historia.
Si los girases verías que, en realidad, sus rostros no permanecen en sus contornos, ni están a ellos fijados, (sino al aire), que el vínculo permanece suspendido.
Pero no miramos, (no se miran), girándonos.
Arpa de seis cuerdas
Hoy quiso.
Cuídate de no discriminar la apetencia; de no discernir si es el lugar, la manera, la tarea; si dispones del instrumento, (del tamaño que fuera), de descanso, de reposo; de que no vendrá, tu deseo a perturbar, a sembrar, (en vez de armonía), discordia.
Hoy quiso música.
Figuras vinieron a invadir el pentagrama en donde debiera de haber notas, letras…Las cinco líneas negras nacieron en cuerdas y, en un horizontal perfecto, fueron conducidas, al vuelo, por figura que no se sabe si a su destino las lleva, o las roba. Los renglones, al vibrar en el proceso, conservando las formas, se deshacen de las notas.
Notas, (letras), que, más que caer con la violencia de su peso, yacen suspendidas con paciencia. Sabiendo cuál es, (sin dudarlo), su lugar, en, (con), esa fortaleza, aguardan su momento.
No, no desaparecen las palabras nunca dichas, (nunca compuestas): aguardan, suspendidas, al momento correcto, a la persona adecuada, que las encuentra, y las coloca en su lugar.
Las dirán allí, ¿quién las escuchará?
Del arpa de seis cuerdas sólo una se tocará libre de renglones que van, todos, al mismo lugar.
Hoy quiso y cometió todo error de principiante y mezcló, a pesar de bien advertido estar en contra, ingredientes incompatibles. ¿O solamente lo consintió?
Pero ya no.
No hay recomenzares ni reinicios. Hay lo que fue y lo que será. Sin comienzos distintos. !Admite ese sentimiento de frustración innecesaria que tanto precisas!.
Quieres, de alguna manera, querer, (creer en), lo que creas, y que no te disguste, te confunda, te decepcione o, (esa forma de dolor), te repugne.
Es, a veces, crecer, solamente dejar suceder.
No sabes, (no todavía, no es, obligatoriamente, nunca), escribir música:
El arpa de seis cuerdas se envía notas, que tú forzarías en renglones rectos, (tensos y no distendidos), así misma.
Nota al margen
Trazar, (en vez de a ciegas como habitualmente haré), mirando:
a un tipo con bigote estrecho y alargado,
a una aguja de impresión 3d,
una silla ósea,
la lámpara de la habitación tuya,
el ave que vuela con hélice de follaje amarillo del que cuelga,
el corazón atravesado que deja al hombre partido….
Conservo, como nota al margen, este ejemplo de lo que, normalmente, (mirar al trazo al hacerlo), no haré.
.Nota al margen.
Todo está conectado
Esta es la versión en japonés como intento de despertar, en ello, el interés de mis hijos.
Dejar desperdigadas las letras,(kanas, ideogramas, o …), para componer la frase, cabe en cualquier idioma (no lo identifico con una lengua específica).
PS: acerca del Interés, no va a ser, (entiéndase con sonrisa), la primera, ni la última vez, (no), despertado.
.Todo está conectado.
Todo está conectado, o quizás no.
A lo mejor solamente, (con la fortuna, la pericia, la paciencia…suficientes),
acaba por encajar puesto en la posición precisa, exacta, tan inestable que el mínimo giro mostrará, a cada cual, como en realidad está,
a su aire,
tan fuerte, que pudiendo cada pieza, (cada cuál), tener su propio lugar, (camino),
todavía puede funcionar como un todo, sin perjuicio a lo uno ni de lo otro.
A lo mejor, (a lo peor), sólo penden, juntos, de un hilo enganchado con fuerza a un plano vertical que, si desapareciese, ¿revelaría qué?
El lienzo, (la pared, el plano), puede ocultarse hasta la invisibilización más completa, ¿desaparecen, por ello, acaso?,
Todo está conectado:
su desidia, tu esfuerzo, aquel odio, ese amor, el ruido, este silencio, la lluvia, el …
… y tú
y yo.