Sireno y la playa
Sireno, desde su mar, entre las rocas de la zona costera encajándose, mira directamente a la playa y en ella contempla el rostro más deseable que jamás presenciado haya.
La playa, cantos de Sirena escucha, y se encanta.
El sireno ama.
Ignora a la manta que, en su cabeza, intenta impedirle al peligro del amor aproximarse.
Y se encarga del cetáceo que quisiera mantenerle a raya.
y…
Ama a la playa, y a él ella.
Y allí va y en ella entra.
Y deshace, su agua, (de él), en, (de ella), su arena.
Y permanece, (de su deseo en contra), en su lugar, la playa para que, del sireno el agua, sepa en dónde retornar a ella.
Cada uno, en un lugar, juntos, (separados).
Resiste del mar toda embestida la playa,(aunque, la deje, cada vez, deshecha), pues allí vive, (de allí regresará), su Sireno.
Hay un amor de piel de arena que el agua salada envidia y, en cada oportunidad que tiene, disolverlo intenta,
la playa, espera, a costa del tiempo con, de reloj, arena, hasta su regreso.
Presa de la dicha de la palabra nunca pronunciada:
ama Sireno, una sólo vez lo hace cada vez, y, tras ella, a su agua va para nunca al mismo lugar volver.
.Sireno y la playa.