Sofá en el parque
La única (salvo error u omisión), que, hasta la fecha, siendo 3d, firma Sinequi y no Seq.
¿Crear también verano y otoño?
Dejó su sofá de dos plazas, (la de su compañero y de él), en el parque, así, sin nada explicarle.
El abandono le convirtió en hierro ambiguo, (inoxidable y mullido).
Le acompañaron las aves en los días de primavera, y las farolas encendidas, (y los paseos, y las conversaciones, y…), en las noches de invierno.
Le disfrazaron las hojas de otoño con sus bailes.
Fue reposo y consuelo de quien le contaba porqué, continuaba paseando a esas horas y solo, (y de quién, al hacerlo, se acordaba), en las tardes más calurosas de verano.
Tanto y más, con satisfacción e incredulidad, (nunca nadie llegó para vandalizarle), es.
Sólo el hueco ese recóndito en el que su compañero acababa por perder algo siempre, (unas monedas, una nota de amor nunca vuelta a leer, unas gafas una vez que ¡no se rompieron!,…), permanecía aparte, aceptando, ya, haber sido desechado pero no que jamás, (a él que no se habría ido en ningún caso), le hubiesen explicado el porqué.
Y un día, alguien pasó, a alguien, en silla de ruedas de hierro ambiguo, (inoxidable, y mullido), empujando.
Era viernes, como cuando él también, allí había llegado.
Las compañías, (del sofá del parque), se preguntaron si no era ese hombre, (sentado), quien tantas veces había allí ido buscando, (tan preocupado), ese rincón adecuado, en el que algo dejar acomodado.
No recuerda ya, ese hombre, (sentado), nada haber abandonado, (ni tenido), ni qué sabía entonces que le empujaba a hacer lo que hizo, (con quien, de saberlo, sin compañía, se habría quedado a su lado).
No encontraría en el huequito recóndito, (del sofá desconocido), un pedazo de papel en donde aún habría podido leer:
“de verdad nos quisimos, el sofá es testigo”.