Mujer devorando lo que pilla
La mujer devora, más con ansia que apetito, lo que pilla.
Con insidia lo busca, al acecho lo localiza y, sin previo aviso, lo asalta.
Lo envía (directamente y sin masticar), a sus amígdalas.
Saliva de forma particular, como en un reguero recto y finito, (infinito), que gotea desde su vértice lingual romo.
Sus gotas son de un ácido corrosivo.
En donde caen provocan, además, efluvios y gases y reflujos,
y…lava lo que a su paso esté, lo arrasa.
Es una auténtica alimaña, todos los requisitos para serlo cumple, y tal como es, (ese mérito, en esa caverna oscura que habita, exhibe), se muestra.
Pero, la pobre, (con la compasión que merece aléjate tanto como puedes de ella), no puede ser otra cosa:
vive para convertir en podredumbre lo que sale de las, (mentas, almas), bocas
su poder: así es como vive, que mata, o muere
Retrato de mujer
Me dicen que no la ven.
Den un segundo vistazo que obvie, un óvulo fertilizándose, o una escafandra con su tubo al exterior, o …
y vayan a la nariz respingona más abajo
(aparte de, lo que vean, véanla).
.Retrato de mujer.
Ojos cerrados, (o abiertos).
Mirando directamente al pensamiento.
Para no ver.
Ojos cerrados, (o abiertos).
Mujer.
Escafandra con la que adentrarte en el espacio fértil, (estéril) del futuro del que, la mujer, será pasado, (esa otra manera de denominar al origen, de invocarlo).
Retrato de mujer de cuello largo
La posesión más preciada de la mujer de cuello largo es un camafeo de un ojo entre ámbar y dorado.
Una réplica de ojo humano y perfecto con, por cadena, una tira en forma de labios de persona finos y prietos,
(más enjutos que apretados),
pensando más que conteniendo un pensamiento, (un sentimiento).
Pero no lo lleva puesto, (ni quitado).
Su nariz, tan alargada, podría ser, en sí misma, un cuerpo entero, un alma misteriosa e intrigante con su mirada, (bajo la boca), en el cuello.
Pero es mujer de cuello largo, (y retrato) .
Si cuerpo tuviera, caminaría despacio, levantando manos y pies a un tiempo.
Acompasados como si, en realidad, sólo uno fueran y, entonces, se detendría un instante imperceptible,
(por esa cadencia enmascarado),
para mirarte de lado.
Notarás, tú, su perfil, más ella te verá, a la perfección, a ti.
Perfecta, imperfecta, y, sin cuerpo.
No querrás, todavía, ver lo que ella ve si decidiera contártelo.
Pero, antes de poder, querer…
Aquí comenzó Sinequi a, (esa voz diciendo que qué desperdicio de tiempo, tinta y papel enfrentó), sus garabatos imprimir. Es dejar escrito, (impreso, esculpido, incluso dicho), dotar de una dignidad que el sabotaje no tolera.