Retrato de mujer de cuello largo
La posesión más preciada de la mujer de cuello largo es un camafeo de un ojo entre ámbar y dorado.
Réplica del humano y perfecto con, por cadena, una tira en forma de labios de persona finos y prietos,
(más enjutos que apretados),
pensando más que conteniendo un pensamiento, (un sentimiento).
Pero no lo lleva puesto, (ni quitado).
Su nariz, tan alargada, podría ser, en sí misma, un cuerpo entero, un alma misteriosa e intrigante con su mirada, (bajo la boca), en el cuello.
Pero es mujer de cuello largo, (y retrato).
Si cuerpo tuviera, caminaría despacio, levantando manos y pies a un tiempo.
Acompasados como si, en realidad, sólo uno fueran y, entonces, se detendría un instante imperceptible,
(por esa cadencia enmascarado),
para mirarte de soslayo.
Notarías, tú, (de hacerlo), fugazmente su perfil, más ella te vería, por entero, a ti.
Perfecta, imperfecta, e incorpórea.
No querrás, todavía, escuchar lo que ella ve si decidiera contártelo.
Pero, antes de poder, querer … (ver, entre ámbar y dorado del cuello, el largo).
. Retrato de mujer de cuello largo.
Alargó, esta mujer, la distancia con el boicot (esa voz crítica por el innecesario desperdicio de tinta, de papel, de tiempo…), y así, (aquí), Sinequi comenzó a imprimir sus garabatos.
Es dejar, (impreso, escrito, dicho …), dotar de una dignidad que el sabotaje continuará atacando.