Magua

Hay maguas que son, de la lengua, brazo.

Podridas, (abyectas), vendrán a retorcer cualquier cuello, (atisbo), de diferencia, verdad y alma.

Atacarán constriñendo, primero, a la presa, que serás tú, (cualquiera que no sea ella), y, luego, tras replegarse, (cuando creas que ya estás a salvo de ataque), a velocidad casi inmediata de tan grande, inyectando su veneno.

No conseguirán, en venenosa convertirte, (no eres ellas), envenenarte, (enfermarte), sí.

No son esas, (de las que debes mantenerte lo más lejos posible, no dan tregua), de las que vengo a hablar aquí.

Alza la diestra con inclinación siniestra,

(hacia atrás, boca entre caída y abierta sería),

de la cabeza.

Suplica.

(Con sus uñas rotas, con la única afilada de su mano deformada).

Y se le dará.

O no.

O no lo que impetró.

Implora.

Alguien, (algo), en algún, (ningún), lugar, escuchará su voz,

(la tuya).

Pide.

Alza su brazo,

(la voz que, hasta el último momento, conserva).

Con de su mano empezando ya a aflorar su hueso igual que el cuerpo,

( entero),

el alma.

Ya en los huesos,

y ruega.

Los dos trazos de la Magua

Anterior
Anterior

Naza

Siguiente
Siguiente

Arrebatamiento