Joven, palomo, conejo, patada y ave expectorante.
No te agradará
llegará, desde el comienzo, a disgustarte
no te gustará
no querrás que te guste.
Le consentirás
gustar (y disgustar)
le permitirás (a riesgo de equivocarte) quedarse.
No accederás a que, levantando vuelo,
se vaya por cualquier cielo,
ignorando, de sí, qué le sucedió
de dónde proviene.
El joven, de pelo a ondas y gris, contempla, ensimismado un pájaro negro. Nada más que eso, (ni tan siquiera su vuelo), ve.
El palomo blanco reposa su cuerpo sobre la piedra en postura algo incómoda, (que hace parecer a su cola deforme e inmensa). El, la postura, por la herida roja y abierta que tiene, para que cure.
El conejo sentado en roca de desfiladero mira con serenidad al mar (que es el cielo) y a todo lo que entre su mirada y ellos hay.
Un bichejo, llamado de arena porque con ella cuenta, (como un reloj), el tiempo entre cada vez que el pie pone en punta, así mismo asegura ser karateka, pegando patada, (eso cree que debe hacer y eso hace), lo demuestra.
Es en, realidad, pata de ave expectorante que, por la boca, aves, una a una, esputa.