Pájaro renato que no es pato

Sigo sin saber si las figuras que surgen de la principal debieran ser consideradas series y así ser tratadas ,(como categoría y como entrada a parte). La incluyo aquí hasta descubrirlo.

Y sigo enfrentando conflicto entre si quedarme en una entrada y continuar alimentando la ‘serie‘ ,(desarrollando, además, cada pieza), o si frenarme y a otra figura nueva, dar paso. Siempre tengo que, para continuar, frenarme.

Me pregunto qué les sucederá a ustedes.

El pájaro Renato quiere ser pato.

Volar recorriendo grandes distancias.

Graznar.

Vivir unos diez años. (¿Para qué querría, un pato, vivir más?).

Nadar a velocidades de ensueño, (él, que, de vértigo, carece), con membranas de piel entre sus dedos.

Agarrarse, con sus garras, a cualquier lugar que se le antoje (rechazar el que le desagrade).

Tener pico ancho y corto con el que buscar alimento sin andarse enganchando ni chocando ,con todo, siempre.

Cuerpo compacto que nade y hasta bucee.

Y ese cuello tan corto con su giro completo hacia atrás que le permite limpiar las plumas del lomo.

Y hasta elegir a qué familia pertenece escogiendo, de la pluma, los colores.

La glándula del acicalamiento la tiene y segrega un aceite tan rico en grasas y en ceras que no habría plumaje más resplandeciente e impermeabilizado que el suyo, (¡que no veas cómo te quedarías tú si lo ingirieses!).

Su pico largo y acuñado esparciría el aceite y ¡qué pluma seca y esponjosa, y qué temperatura corporal regulada no tendría.!

No la usa “sólo los ánades eso merecen”.

Renato, queriendo ser pato, usa su cuello no corto si no largo y tortuoso y, en varios puntos, acodado, para girar su cabeza 180 grados forzándola a huir del lugar ese al que, la especie que es, se dirige, pertenece.

Se lo retorcerá ese parpar de fondo, ese graznido de frente, (que no deja de escuchar), según el cuál , es pato, pato, pato…

Huye de donde viene, (nido, reposo de su cabeza solamente, sin espacio para el cuerpo), a donde no ha de llegar pues el viento, (el aire, cualquier brisa, todo aliento), le mantiene en ‘su‘ lugar.

Sus alas mugrosas, (a las que se les niega el aseo), arrastran un peso muerto siempre (vivo), propio (del otro) ¿cómo dejarlo atrás sin arrancarse, de las plumas, el vuelo?.

Dos, dos pesos muertos (vivos) propios (de los otros).

¡Ay Renato, que no es tu ala de pájaro, ni de pato, sino de ángel!

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