Autos, 2d Sinequi (Seq) Autos, 2d Sinequi (Seq)

Autos

  • Piezas dramáticas de breves dimensiones basadas en temas

  • Transportes, que llevan a las personas, de unos lugares a otros de sus vidas, (que a sus vidas llevan a unos lugares y no a otros).

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Calavera

Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que la edad señala.  ¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que pese a piel tersa, menos años… y… qué muestran?

Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.

Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.

¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?

¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,

¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,

ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).

Me, (te), preguntas si es un calavera.

Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.

De donde te fuiste para llegar aquí.

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Unyo

De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.

.Unyo.

Unyo no es uno sino, al menos, tres:

¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y….)?

Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.

Y después, (antes), está…

La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.

¿Qué ganarías, (perderías), si,

además de entrada,

hubiese, para la bola negra,

(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?

¿Es, el nombre, la garantía de partida?

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Habitación de la esquina de la izquierda al fondo

Serán momentos, habrá sido etapa, y es retrato para colgar en la pared de a donde nunca regresar aunque, ¿te vas del todo del lugar ese en el que estuviste, o permanece, de ti, en una esquina, al fondo y a la izquierda?

. Habitación de la esquina de la izquierda al fondo.

La única luz en la oscuridad en la que vive, la de gas, (ese que reprocha, culpa, proyecta, humilla, desprecia, oculta, finge y, siempre, saciándose nunca, vence), y escondida, recóndita, tenebrosa, (familiar, familiar, familiar).

Luz que sale a la luz jamás.

¿Habría algo que objetar a que se consienta encendida la única iluminación disponible?

La única

Allí a lo lejos y arriba, tras ese desfiladero escarpado de piedra pizarrosa, creyó, (¿cuántas veces?), divisar otra.

Y fue, (¡cuántas oportunidades no se dio!).

¿Has caminado descalza alguna vez, tras la tormenta furiosa, cuesta de pizarra?

La desearás rota, para disponer de lugar, (tan desgarrador como fuese), al que agarrarte en la caída, (que impida, al comienzo, retorno).

¿Sabes lo que te sucederá una y otra vez y otra y otra y…? 

Luz, (abajo), de gas, (arriba), de esperanza rota.

Verdad mentirosa. 

En su rincón, (en su lugar), en la esquina de la izquierda al fondo…su oportunidad:

una puerta, al fin, entreabierta.

Brazos extendidos:

 acercándole las manos uno, (fingiendo ofrecerlas), a punto de acariciar su cabeza, (sin nunca hacerlo), el otro …anticipándole lo que podría , (el interior de la habitación de la esquina, al fondo), brindar.

El único hogar que conoció abriéndole, de nuevo, la puerta:

¿no son las únicas dos manos disponibles, (que mantendrás a las demás lejos), que se aproximan, asegurándose de tocarte nunca, respeto la una y, la otra, ternura?

Sí, es cierto, un brazo rebelde procedente de un costado de su espalda,

(quizás de su espina dorsal por ello paralizada),

intenta alcanzar la luz de arriba, de a lo lejos.

Tendrá que ir sólo, sin cabeza, sin corazón, sin cuerpo y atravesar todas las luces (de gas):

el bisturí afilado, los reflejos de rostros ajenos (propios), los torbellinos de pensamientos, (de recuerdos), amenazantes, (aniquilantes), el desfiladero empinado de pizarra filosa, (despedazante), y rota…

¿por qué se empeña en intentar semejante aventura ajena, (propia), de nuevo?

Salir de un costado, (sin cabeza, ni corazón, ni cuerpo), para alcanzar luz natural, ¿cierta?

Dejar todo lo demás sentado, con piernas dobladas sujetas por su otro brazo, arrinconado en la esquina de al fondo y a la izquierda.

Sin saber si alguna vez podrá llegar.

Y, después regresar, a rescatar sus restos.

Y hacerlo.

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Ameba cerebrófaga

Ameba según el diccionario de la R.A.E.L:

Del lat. cient. amoeba, y este del gr. ἀμοιβή amoibḗ 'cambio'.

  1. f. Zool. Protozoo rizópodo cuyo cuerpo carece de cutícula y emite seudópodos incapaces de anastomosarse entre sí. Se conocen numerosas especies, de las que unas son parásitas de animales, otras viven en las aguas dulces o marinas y algunas en la tierra húmeda. U. t. en pl. como taxón.

    Sin.:

    • amiba, amibo, protozoo

Sí, a veces, comprender el significado de una palabra requerirá que sepas el de otras…. ¿seis?.

Si a las unas evitas, no comprenderás a la otra, (lo que te sucede, ¿qué te pasa?).

. Ameba cerebrófaga.

Un ser inmenso y oscuro une ambos brazos a la altura de sus muñecas y sobre mi.

Sólo eso veo de él:

En cada mano seis dedos, (pulgar ninguno), sujetan mi única oportunidad de salir a la luz, a la esperanza, (al claro). Lo hace como quien sujeta un bocadillo, sin necesidad de decidir si lo devorará, (o qué le hará), sabiéndolo, (¿por qué otro motivo, sino, lo continuaría reteniendo?)

Veo, a través de los vacíos que sus dedos, (llenos de oscuridad), dejan, la oportunidad ajena, la vida mía que no lo será.

Y me alejo. Me acerco a lo que la ameba me hará.

Sí, quizás, trepando de nuevo sería ésta la vez en que no me escurriese, ni resbalase y fuese capaz de asomarme por algún hueco y … ¿contemplar lo que pudiera, no siéndolo, ser? La dejo, consiento que devore un aliento que no es suyo, (ni mío ya).

Déjame.

Sí: sé que hay, por ahí afuera, (arriba), luz.

Promesa perpetua de lo inalcanzable.

Déjale a él que triture con esos dientes, (en cada maxilar tantos como dedos en cada una de sus manos sin pulgares) ese…

Déjanos.

Sí, (no) podríamos haber sido diferentes, (ni lo seremos).

Ya no le verá él, con esos ojos asediados por sus seis pestañas en cada uno de sus párpados (invadiendo, sin pulgares, sus ojos, como si los agarrase para tragárselos).

Déjame.

No quedo sola: estamos dolor, enfermedad, cansancio, abandono, yo, y el monstruo.

Somos seis.

Bajo el mar, bajo el cielo, o bajo tierra. Sin uñas, para qué arañar, (ese sinónimo de suplicar), lo que te consentiste, (no hay diferencia en que fuese porque evitarlo no pudieras), arrebatar.

Y al séptimo día, de la noche séptima, (¿cuánto duró cada una?),

¿descansarás?

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Res despiezada

¿También lo que consientes te define, lo que permites eres, lo que no puedes impedir que te inflijan te cometes?

¿Eres, acaso, bestia tú?

Esta es una de las piezas de las que, en más de un año, sabré que, girándola, más personajes, (mensajes) esconde.

En los otros tres giros las bestias caminan, se mueven así les falte pedazo, o use, como apoyo el hachazo.

Sólo en la primera, de aquí debajo, la tortura inmoviliza.

Saben, tus garabatos, de asuntos que ignoras tú.

Como en su momento la vi la mantengo.

Lo sentí,

(en la piel, en los músculos, en los huesos…)

el dolor del que nace tu crueldad despiadada, insaciable.

Con precisión quirúrgica, (invisible a ojos que no vean o que, lo que vean, no puedan creer), del bisturí ,(para sanar no, para herir).

El efecto de tus palabras de hacha.

Lo siento.

Ha de ser devastador, (imposible), vivir constantemente necesitando la mejor manera de destruir, sin conseguir, (por mayor que el logro sea), ver, (esa necesidad), nunca satisfecha.

Que no broten, (que, en mí, los conserve), los gritos, las lágrimas, la sangre que, de tus hachazos, la saña necesitaría conseguir.

Lo sentiré.

Pero hasta aquí llegué. De despiezarme, (y habré de hacerlo), seré yo quien el hacha use.

Para herir no, para sanar sí.

Habrías sido una asesina brillante, una carnicera espectacular, un… y, sin embargo, fuiste mi…

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