2d, Retratos, De mujer Sinequi (Seq) 2d, Retratos, De mujer Sinequi (Seq)

De mujer

De mujer, retratos.

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Mujer devorando lo que pilla

La mujer devora, más con ansia que apetito, lo que pilla.

Con insidia lo busca, al acecho lo localiza y, sin previo aviso, lo asalta.

Lo envía (directamente y sin masticar), a sus amígdalas.

Saliva de forma particular, como en un reguero recto y finito, (infinito), que gotea desde su vértice lingual romo.

Sus gotas son de un ácido corrosivo.

En donde caen provocan, además, efluvios y gases y reflujos,

y…lava lo que a su paso esté, lo arrasa.

Es una auténtica alimaña, todos los requisitos para serlo cumple, y tal como es, (ese mérito, en esa caverna oscura y húmeda que habita, exhibe), se muestra.  

Pero, la pobre, (compasión merece, no ha de ser, obligatoriamente la tuya), no puede ser otra cosa:

vive para convertir en podredumbre lo que sale de las, (mentes, almas), bocas.

Su poder, (así es como vive), que mata, o muere.

.Mujer devorando lo que pilla.

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.Retrato de mujer.

Me dicen que no la ven.

Den un segundo vistazo que obvie, un óvulo fertilizándose, o una escafandra con su tubo al exterior, o …

y vayan a la nariz respingona más abajo

(aparte de, lo que vean, véanla).

.Retrato de mujer.

Ojos cerrados, (o abiertos).

Mirando directamente al pensamiento.

Para no ver.

Ojos cerrados, (o abiertos).

Mujer.

Escafandra con la que adentrarte en el espacio fértil, (estéril) del futuro del que, la mujer, será pasado, (esa otra manera de denominar al origen, de invocarlo).

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.La madre muerta.

Prueba, (con tanto titubeo como lo que nunca has hecho requiera), a lanzar, alguna vez, palabras tuyas al viento.

Aunque hayas de arrancarte la garganta, y abandonarla a su suerte de aire, para hacerlo.

Cada obstáculo que crucen te las devolverá como un reflejo.

Las oirás.

Hasta que se desvanezcan sus ondas y dejen de golpear.

Hasta que se apague el eco.

Prueba,

(eso sí, intenta elegir, arriesgando no acertar, el viento),

o el silencio te devorará.

. La madre muerta.

Sólo luz en la tierra que ¡por fin en paz! la alberga.

Y llega.

Con idéntica presión en el pecho que siempre le impidió acceder, (desde ella), a ella.

Esa presión, (opresión), en el pecho.

Esa.

La mirará a través de un cristal (de esa cuchilla transparente que refleja trozos tuyos, suyos).

Juzgada por el silencio de las palabras siempre dichas solamente a la espalda. 

La madre pájara, en vida, siempre con la pata oprimiendo el pecho de la rama misma,

el suelo, (tumba de sus polluelos), que la enaltece, que la eleva, en el que habita, (que deshabita por completo).

Tanto mayor la opresión del pecho a quien más, (no ofreciendo resistencia alguna), resista.

Beneficiando, de su prole, a nadie, perjudicando más a quien menos se le oponga, más anteponga sus necesidades , insaciables, a las propias.

Siempre mostrando estar bajo una roca pesada, (peligrosa), en equilibrio inestable, siempre a punto de abandonarse a su peso y causar… ¿qué destrozo añadido?

Siempre pendiendo, (bajo su aire), ese cristal impoluto, perfectamente transparente del que no podrías ver los bordes cortantes ni a tu mismo lado, del que no sabrás todavía qué sajó, hasta donde está hendido, que,

si sucio,

debiera mostrar siempre limpio el pecho oprimido.

De no haberlo podido hacer antes, no te culpes, o cúlpate si eso requieres, pero enmárcala, (delimítala).

Se irá por sorpresa y, sin embargo, habiéndose minuciosamente encargado de dejar tras de sí la paz que la acompañó en vida: ninguna.

Confrontación únicamente, dobles verdades, (triples…) y múltiples mentiras.

Retorcidas, como las ramas del árbol en que habitó.

Irá.

Sin ojos a la espalda no verá, todavía, a qué se enfrentará,

con quién tiene en común la paz que la pájara deje al irse: ninguna, nunca.

Detrás el vínculo, el abismo oscuro e inmenso en el que, confía, descansa el padre en paz,

(la luz de quien fue pájaro jamás, y es todavía compañía y guía).

Y, aún más atrás, el cuerpo de uno, tacón de la bota de otra en, (a), quien así, (no es pisoteo sino simbiosis), se apoya.

Irá, atravesando con resignación y empeño toda distancia, (salvándola), como el peregrino acude al lugar incuestionablemente sagrado. Con sayo que cubra su dolor, sus responsabilidades guarde, (y su cansancio y sus problemas);

que usará, ante el frío, de manta, ante el calor de tenderete y, ante el descanso, de almohada.  

Descubrirá, (con tiempo y aflicción… ¿suficientes?), el tipo de garras que, bajo la pata de la pájara, se ocultaban.

.La madre muerta viva.

Tienen, las rapaces, garras, (si como manos las usan, desgarran).

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.Retrato de mujer de cuello largo.

La posesión más preciada de la mujer de cuello largo es un camafeo de un ojo entre ámbar y dorado.

Réplica del humano y perfecto con, por cadena, una tira en forma de labios de persona finos y prietos,

(más enjutos que apretados),

pensando más que conteniendo un pensamiento, (un sentimiento).

Pero no lo lleva puesto, (ni quitado).

Su nariz, tan alargada, podría ser, en sí misma, un cuerpo entero, un alma misteriosa e intrigante con su mirada, (bajo la boca), en el cuello.

Pero es mujer de cuello largo, (y retrato).

Si cuerpo tuviera, caminaría despacio, levantando manos y pies por ritmo guiados.

Acompasados como si, en realidad, sólo uno fueran y, entonces, se detendría un instante imperceptible,

(por esa cadencia enmascarado),  

para mirarte de soslayo.

Notarías, tú, (de hacerlo), fugazmente su perfil, más ella te vería, por entero, a ti.

Perfecta, imperfecta, e incorpórea.

No querrás, todavía, escuchar lo que ella ve si decidiera contártelo.

Pero, antes de poder, querer … (ver, entre ámbar y dorado del cuello, el largo).

. Retrato de mujer de cuello largo.

Alargó, esta mujer, la distancia con el boicot (esa voz crítica por el innecesario desperdicio de tinta, de papel, de tiempo…), y así, (aquí), Sinequi comenzó a imprimir sus garabatos.

Es dejar, (impreso, escrito, dicho …), dotar de una dignidad que el sabotaje continuará atacando.

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