Vaca, funambulista y rostros
La vaca de ojos negros, boca abierta, y cola pequeña, está tumbada.
Algo, (una sombra a su espalda), la increpa.
A su frente, otra la reta estirándose para tocarla pero ella, ahí continúa, (sin otros asuntos interesarle), sin inmutarse.
El rostro de pelo corto y flequillo irregular se corta el cabello así mismo y le pone, por nombre, (todo lo nombra, a nadie llama), “capa de murciélago con trabilla”.
Se tapa la boca con la mano con los dedos pulgar, corazón e índice plegados y otro estirado y así anda siempre,
como si para una foto estuviese posando,
haciéndose el interesante.
La funambulista es aleccionada por una figura cuya autoridad se adivina de la sombra de su uniforme de abrigo hasta los pies, y gorra y cómo con el dedo, (el arma), apunta.
Pero a ella ni esto, ni, a su otro lado ese tipo, esa mano, alargándose para despistarla, la perturba.
Guarda, (en él encuentra), su equilibrio en el aire.
Ninguna otra cosa, despierta su interés.
El rostro te mira, tras un antifaz, a los ojos directamente.
Tiene una camiseta por pelo y se dejó una especie de bigote y barba baja pues quiere fingir que de boca carece así ocultándola.
De hablar, sin embargo, (le veas o no los labios mover), no para
como si lo que cuenta que interesarte tuviera.
Secreto
¿Te cuento un secreto, así,
en susurro cómplice mi mano acercada a mi rostro,
tu cuerpo al mío
tanto como para que la intimidad no te intimide,
que la cercanía no te consienta ver la verdad en, de mis lentes, el reflejo?
Hay confesiones que sólo una espalda, (sola y sin remedio), merece
¿acudiría yo, a dónde más, a confesar mis secretos?
Tengo un secreto, tapando mi boca ni a mí misma me lo cuento.
Nos (yo a él, él a mí), pertenecemos.
¿Te cuento un secreto?
Secreto es una mujer partida en dos por una línea mitad cortante (recta), mitad sinuosa (obscura).
Cuando diestra, segura, (con razón), de que puede confiarte sus confidencias,
cuando siniestra, contando, sin preguntarte siguiera,
lo que imagina (sin cierto ser) es tu secreto.
Para en seco, (o en mojado de lágrimas de pena si el caso fuera),
sea quien esa mujer sea,
a quien imagina tus secretos.
Secreto es una raza de perro algo barbudo, gafotas, y con oreja erecta que todo escucha (ve).
Con nadie hablará nunca.
No podría,
(lo intentó en su momento y le convirtieron en perro).
No se habla con los vivos, los problemas, se padecen, (y se acallan), no se resuelven.
No contará sus secretos.
No se habla de los vivos ,
no se cuentan ni verdades, ni sus mentiras,
eso está mal.
No se habla (ni con una sola persona siquiera) de qué hicieron los muertos (eso es hablar mal).
Eso es maldad.
Secreto es un can,
lleva una vida de perros.
El secreto es silueta imperceptible salvo que, dedicándole a partes iguales atención e imaginación,
encuentres su boca abierta y su ojo negro, (su cuerpo blanco, en lado derecho).
Le delimita línea muy fina que, además, de tu propio contorno (límite) es la misma.
De apariencia inofensiva, insignificante, trivial, infantil incluso.
Susurra constantemente a tu oído, a tu cabeza, a tu nuca…
(si durmiendo, si en vigilia…)
asegurando,
de la tuya a costa,
la supervivencia suya.
Aterac y Lacareta
Habitualmente, vas haciendo aparecer, otras.
Un simple relleno de color, y surge (enmascara) lo que haciendo estabas.
Que, lo que así es, sea así.
Lacareta es negra y criatura a la que cercenaron las alas.
Reside en unas hojas de un verde que más que esconderla la previenen de que, cualquier observador, deseara, siquiera, mirarla.
Quién querría ir allí, a lugar tan … (¿ajeno?),
para contemplar ese verde reflectante, cegador, agraz,
naciendo en lugar,
(en vez de marrón madera de árbol),
negro.
Yo fui.
Es inquietante sí, (aun habiéndola ido a buscar), encontrar, entre una maleza tan hosca, esa presencia, y detenerte a mirarla de frente a los ojos, (que te devuelven esa mirada imperturbable y, sin embargo, suplicante), y no al cuerpo.
Al cuerpo no, (ni a la cara).
Por no incomodar, por la máscara superar, observar, entre la maraña, el mirar de una cabeza enmascarada.
Yo fui.
Boca abajo porque sí.
Y vi su figura estilizada con su abrigo negro y su corazón blanco enlazado en la trabilla de su espalda.
Su tez verde brillaba y deslumbraba (sí)
y protegía de la oscuridad y de las alimañas a las que,
por eso precisamente,
espantaba.
Su pelo recogido en un moño y su rostro reposado y sereno mirando,
para siempre, al frente.
Y el gorro,
nido que cada primavera incubará corazones de color blanco cáscara,
(de huevo),
también lo vi.
Cría, en su cabeza, aves expuestas siempre a que les cercenen las alas.
¿Condenadas a vivir tras una máscara?
Quién querría ir allí, (venir aquí).
A lugar tan ajeno.
P.S: aquí comenzó Sinequi, (aunque se aplicase con carácter retroactivo), el titular entradas con la misma palabra leída de izquierda a derecha y viceversa.
Gato azul y rey pez
De cómo al gato tanto le gusta el pescado.
El gato azul tiene por morro un pájaro y, sobre él, una mancha que le ocupa gran parte de la cara.
Algo está en ella, (¡eso es seguro!), todavía por aparecer.
Es dedicarle, (cuando lo tengas), algo de tiempo y, mientras, dejarle, en su gatera, (carpeta) a su aire.
Le dejas,
y al regresar, (esto también sucede),
deja de ahí estar
, desaparece, (el mismo siendo),
por ser tu mirada quien ha dejado de verlo.
Ya no hay nada que, (¡sin duda!), surgirá de su cara en la que solamente una mancha queda,
ya no está solo su ojo, otro le acompaña. Volverás a verle, será tarde, ya es perro.
El rey soñó con serlo pez (hay quien le ha apodado “López” por ello).
En la caída de su melena, en su barba más que nacida como incrustada, y en la prolongación de su cuello, creyó aletas tener.
Y se tiró a las aguas.
Le rescataron teniendo que hacerle una traqueotomía de emergencia con, para el aire, dos entradas.
En su corona hay ganchos vacíos en los que cuelga sus recuerdos:
de sus branquias (sus dos entradas de agua),
de cuando le robaron de su reino pescándole con esos anzuelos negros,
y de cuando era, (es), rey pez.
El gato es pez.
Transformer
Intentando decidir qué es seire y escena en los 2d y si, sobre los que hay que girar, dejar una sola foto o poner cuatro. A ver si colgando una entrada me aclaro…
El saltamontes transformer parece que esté bebiendo y, de alguna manera, lo está: reposta.
Se alimenta de agua de mar que ha de ser exclusivamente turquesa, calentada por el sol, y a la sombra estar.
Ese combustible alimenta todos los mecanismos de su nave: motor, iluminación, visión, climatización, …
El monje galáctico tiene algo de pinta como de sillón espacial capaz de andar moviéndose por sí mismo con una hélice independiente y todo.
Es a posta, ha de ofrecer, su palabra, un consuelo, que sólo en adecuado asiento se podrá escuchar, y que acogedor reposo, ha de aportar.
El elefante de colmillos cortados, trompa fuera de plano, y una sola oreja (que se le está aplastando y alargando tanto que acabará por al suelo llegar), está, apoyado en su cola, sentado.
Así besan esos mamíferos Transformers que, además, son muy discretos y ocultarán a quien beso dan.
Te parecerá de frente, (pon que a la izquierda miras), un paquidermo refrescando la cabeza tranquilamente en alguna fuente.
Pero ándate con ojo y, por la espalda, no te le acerques, sin previo aviso, abrirá unas fauces que no necesitarán de dientes para masticarte y que jamás, de ti se vuelva a saber, (se trabarán que alguna vez exististe), en ninguna parte.
Serie verde y amarilla
La serie verde y amarilla es un recordatorio, un testimonio de que no hay marcha atrás, ni retorno.
Ignorando cómo, ya, ni para qué contar, pero, ni disponiendo del conocimiento (de la técnica, del tiempo, del…).
Ni hablar.
Solamente hablar.
Borrarás para explicar y habrás de borrar, con ello, parte de lo explicado.
.Serie verde y amarilla.: garabatos, ojos, gusanos amarillos, mujer con pamela verde, y tipos de tez morena sin aliento.
Entró con la excitación que, no conociendo su naturaleza sería imposible reconocer, y alzó un apacible, (una forma, en su naturaleza, de pasión): “!esto me gusta!”.
Claro que,” me gusta” significaba, aquí, “me agradan (ya que intentando estoy apoyar esto que te veo hacer y no comprendo ni el gusto le encuentro), estos dos colores que elegiste”,
Aun así, dedicó voluntad a que esto hecho por mí le gustase y la alentó, además, a preguntar que cómo lo hacía.
Para mostrarle el principio, fui borrando a mano desde el fin.
Pero ya, con lo que, (y como lo), hiciste, sólo podrás explicar de dónde procede
más al trazo aquel primigenio,
ese ya desapareció.
.Tipo de tez morena muy sin aliento.
Le regaló una primera vez.
Hoy reposa colocada, (¿abandonada?), sobre una mesa de un despacho.
¿Qué lugar, (y hasta cuándo), debiera ocupar, de una vez, la primera,?
Serie retrato de hombre moreno
Este hombre de pelo negro lo fue desde el primer momento, anticipándose a su concepción incluso y como 16 meses antes de ser bebé.
Ya ahí, se sabía qué carácter, qué cuerpo, qué espíritu, iba a tener.
Y así fue.
Quizás, algún día, cuando envejezca, le vuelva a ver.
.Retrato de hombre de pelo negro HOMBRE. (Mayo del 2023).
. Retrato de hombre de pelo negro esperma. (Mayo del 2023).
. Retrato de hombre de pelo negro BEBÉ. (Septiembre del 2024)
Agotamiento
Cuando, muy a posteriori, te pones a organizar, ya sabes que debes, para comprender, girar, (mover,de sitio, la mirada), y haces lo que, no hiciste, cuando hiciste.
El agotamiento tiene contorno de verde no sé si esperanza o espera
(¿no podría, acaso, el deseo, adquirir ese color, esa forma, esa manera?).
Enfermedad que, alimentada por sucesión interminable de agotamientos, enferma.
La extenuación tiene contorno verde esperanza de que llegará, de una u otra manera, a término.
Deseo de que, en algún momento, un descanso reparador aparezca.
Verde, más que de lápiz, o de óleo, de cordón que retiene,
que contiene, (que encarcela),
a la fatiga, sujeta por cuello demasiado fino para sostenerla.
El agotamiento espera…
La esperanza es una alimaña de la que te puedes fiar, de la que siempre esperar,
(por muchas veces que aparezca),
ningún cambio:
a la ilusión traición, contra la expectativa saña .
Tiene, cuanto menos, un par de caras:
más humana , la una, (casi embrionaria),
la otra empicada, (dispuesta a acceder al mínimo resquicio de vigor hasta extenuarlo).
Tiene más cabeza que cuerpo la esperanza y carece de pies que la anclen a tierra firme (que con ella la comprometan).
Qué más espera agotar, (que no acaba de irse), la esperanza…