.Becerro de no oro.
Nadie fundió sus joyas para crearlo, ni le idolatró, (ni a posteriori, como castigo a sus hacedores, le destruyó).
Sólo, el lugar en que surgió, le fulminó, y a su regreso, (porque reapareció), ya era uno, y no dos.
Ya compacto, (fundido), con otra textura y matiz en el color distintos, no iba a poder contar lo que el rostro, del cuerpo separado, (aparte de lo que de parte es), iba a contar.
Este riesgo se corre cuando aplazas conversación para cuando más tiempo puedas dedicarle dependiendo, además, de que, lugar, (de tu pensamiento aparte) haya, en donde lo inmutable guardar hasta a él regresar.
.Becerro de no oro.
Los perdidos no es tanto que lo estén ellos, (que quizás algunos lo están, aunque, seguramente, en otro lugar se encuentran), es que, para ti, así aparecen: extraviados, inaccesibles.
Un buen, (mal), día, abrirás esa ventana desde a donde a todos ellos accedías, y, con incredulidad que de tu memoria, (de la realidad esa parte), te hará dudar, presenciarás un espacio solo y vacío.
Encontrarás remedio puntual, parcial, pero las desapariciones no cesarán.
Aprenderás a, en adelante, conservar copia distinta, de lo que a través de la ventana esa veas, de otra manera, y en otro lugar.
No será todo, ni siempre, ni podrás, a lo que quedó, acceder para continuar como el original habría sido.
Pero un día, (ni malo, ni bueno), querrás honrar a lo que estuvo y ya no está, a lo que pudo haber sido y no será y hasta a lo que en el futuro sucederá de nuevo, y algo, (un resto), en otro lugar, almacenarás.
Será lo que queda del, (no de oro y perdido), becerro.
.Los dos trazos del becerro de no oro.
P.S: también es perder, (que desparezcan), trabajos, (hechos, y por hacer), Sinequi.
.Leonas.
¿Temerás a las leonas?
. Leonas.
LE es… ¡tan feliz!
Con su rostro de tan serio que casi amenazante,
su boca enorme con más una línea recta que labios,
y rostro de proporciones que la envejecen,
(que la hacen aparentar mucha más edad de la que tiene).
Pero, a ella, estos asuntos, no la perturban:
camina que más parece gacela que leona,
dice tener cuerpo de ave que en cualquier momento volando la puede llevar a cualquier lugar y,
si te mira, y, con las pezuñas, se limpia los dientes, es que le gustas.
Ya a eso, (no necesita que tú la correspondas), le llama felicidad.
LEO es león que perdió su melena.
Imposta la voz, (en las cuerdas vocales la fija para emitirla en plenitud que no vacile ni tiemble), y pone cara como de fiera para que nadie vaya a equivocarse y pensar que es hembra.
ONA viene de otra zona,
no se sabe si es animal o persona,
si está llegando o yéndose
si…o…
Pero, es que, a su parecer, son (ambas), una misma cosa:
uno ha de, de algún lugar irse, para a otro llegar, y, ¿no son, acaso, animales las personas?
No es nipona, ni llorona, ni anfitriona, ni cuarentona, sólo viene de otro lugar, (de otra zona).
.Los dos trazos de las leonas.
Vaca feliz
Me inspira ternura la vaca:
iba a ser ella, y sola, y en categoría animal y, ¿qué le sucedió entre medias que se deformó, tan seria, en serie?
.Vaca feliz.
La vaca feliz lo está tanto que es físico:
se le escapa el cuerpo por delante de la cabeza y corre obligándola, (sin tiempo para reflexión alguna consentirle),
a seguirle.
Esa fuerza la alimenta, la guía e ilumina,
(literalmente, como si en mecanismo por motor trasero por ella guiado la convirtiera, con su manillar, y su sillín, y su faro, y por rueda pie tuviera),
su camino indubitable.
Hasta el día en que hacia atrás mira recordando, (en formación todavía lo que sea en que se está convirtiendo), la ilusión que se le quedó en los huesos y, con ellos (es físico), de ella corre, (escapa) a la velocidad que le impida, a su cabeza, dudarlo.
La vaca intentó, corriendo primero, transformándose hasta ser irreconocible después, alcanzar la dicha que en el futuro veía.
Llegó a ser figura que, del pasado, sonrisa de gota compasiva, antes de su caída inminente, conserva, sujetándola, mientras el resto de ilusión exuda hasta, en tierra firme, perderla (a ella afianzarla).
Ronda, su cabeza, recuerdo escurridizo de suela negra y de alguien que corría, pero son, (es físico), trozos, con, en común solamente, de sus ojos el color, algún trazo.
. Los dos trazos de la vaca feliz.
Hay varios giros más, (personajes), en la historia de la vaca feliz. No he terminado de darlos, (a posteriori veo que no los hice, recuerdo que los vi), todavía, (la palabra esa, que, el tiempo, acaba por convertir, tantas veces, en nunca).
Ele Fanta y Atnafele
.Ele Fanta.
Ele Fanta es algo coqueta y alguna cosa más.
Hace, con una liana, de su pie acolchado, una alpargata, (no cualquiera, ¡de tacón!), con su cinta de atar trepándole la pierna y todo.
Se la come, también es verdad, pero es que, con lo suyo, (y con lo de los demás siempre que puede), hace lo que en gana le viene.
Se alimenta, (ella, ¡cosas de esas como zampar, o engullir!, no practicará), en dos fases que mirándote directamente a los ojos discurrirán:
primero como que la comisura de la boca aprieta, (al tiempo que los labios, de manera insinuante, abre apenas), para atrapar alimento; (segundo) mastica de lado poniendo su cabeza, pues fingir modestia, (lo justo), es coqueteo, (algo conquista), también.
Esa torsión, hace que parezca como que un colmillo hacia abajo tuviera y otro hacia arriba pero también ese golpe de efecto, (aunque no fuese buscado, hay, por naturaleza, regalos), le compensa.
Tiene nombre y apellido, porque decidió que solamente un apelativo era, para ella, vulgar demasiado.
.Atnafele.
Atnafele hubiera querido llamarse algo más sencillo, (menos enigmático), pero no fue él quien eligió su nombre y, por más señas, uno, su destino, con resignación, acepta.
Vive entre rocas pulidas y grandes, en las que perfectamente encaja, para esconderse, para no ser diferenciado del paisaje salvo que sea estrictamente necesario, (que casi casi sería en caso como de vida o muerte).
Si necesidad de alimentarse tiene, (será cuando llega al límite de la supervivencia), se estira, sobre sus tres patas triangulares, tanto como puede para atrapar cualquier alimento que a boca tenga. Con su cola de marfil, (y triangular, y puntiaguda), de un tajo la corta.
Luego se retira y, en silencio de roca pulida, la ingiere.
. Los dos trazos de Ele Fanta y Atnafele.
Los trazos de donde proceden, son criaturas completamente distintas, y cada una, una. Las une que buscan, por separado, (esa querencia (carencia), tienen), un mismo padre.
Ollabac y el caballo
Hubo, una vez, una bailarina que montaba a un caballo.
Usaba, al hacerlo, zapatillas de ballet.
Hasta el lecho de su sueño último, de una ventana a través, la acompañó él.
Ella le dio un regalo.
.El caballo.
¿Le conoces?,
¿sabes, al menos, algo de él, zapatillas de ballet que le ves, aparte?,
¿tienes noticia de sus crines de color de las montañas de cenizas de volcán por las que cabalga?,
¿qué le alimenta, qué busca comer, (qué encuentra, su forrajeo, a su paso)?,
¿quién, (qué), de alguien, (algo), hacerlo, le monta?,
¿tiene tan sólo dos pies y es prótesis biónica que consiente a alguien más, (o a lo que fuere), moverse,
o tres,
(tercero de trozos hilvanados con aire y de carpo metálico)?,
¿hacia qué baile trota?
.Ollabac.
Ollabac camina.
A algún lugar, según la determinación de su paso muestra, se dirige.
En apariencia, (¿mentira?), apresurado.
Sólo porque avanza erguido, y con piernas alargadas que, marcando largos pasos, pareciera que galope.
En verdad, para su tamaño, se mueve despacio.
Es, solamente:
cabeza, (desbordando sentimientos metálicos que, de desprenderse, quedan empotrados e intactos en lo que se encuentran a su paso);
órgano sólo algo hepático, (digiriendo recuerdos, así conectándolos con el resto de su cuerpo);
y dos piernas calzando, de bailarina una,
las zapatillas.
. Los tres trazos del caballo de zapatillas de ballet.
P.S:
veo en disco duro, (lo modifico ahora) que, el título original, (cuando era sólo imagen sin texto), fue “caballo con zapatillas de Ballet”. Es al colgarlo en este blog cuando lo sustituyo… (contexto descubres, o lugar en el que has de ponerlo…y el nombre, de lo que ves, cambia…).
de los tres trazos de la última imagen, (en adelante hacer blanco y negro de todo 3d no veo que vaya a cuajar, habrá que discriminar), me interesa la figura del medio y su rostro de hombre de facciones fuertes, y bueno.
Aves
Carecerás de cualquier vínculo particular, (interés incluso), con los pájaros. Eso no les prevendrá de continuar viniendo a visitarte. Conservarás alguno hoy como evidencia de su presencia. Aunque no les comprendas, dejarás de eludir su existencia.
Lo harás por ellos, ignorando, todavía, lo que, por ti, ellos harán.
.Aves.
Qué te sucede con las aves, dime.
Y… ¿desde cuándo? que jamás, en ningún momento, ni en un instante solamente, me hiciste el más mínimo comentario, (me enviaste, respecto a ellas, la menor de las señales).
Y ahora, (¿de repente?), vienen, las rechazas, las ignoras, de ellas te deshaces, no te interesan y…, sin embargo, se quedan,
(como si, tras con sus obligaciones cumplir, al hogar, regresasen).
Como si alimento fuesen, (o buscasen).
No lo sabrás, lo ignorarás, ni lo sospecharás siquiera, ni lo habrás notado jamás y, sin embargo, te habrán sobrevolado,
aves…
Constante, incesantemente,
(en ataque coordinado y ordenado en bandadas de distintas especies),
cuando su momento llega.
Ahora que, para tu asombro, (y… ¿es eso incomodidad?), lo has descubierto.
Ahora que ya sabes que, por ahora, nada más que aves, (pájaros), tienes en la cabeza,
¿Las dejarás salir y que tomen, (contemplándolas), su propio vuelo?
Pájaro renato que no es pato
Sigo sin saber si las figuras que surgen de la principal debieran ser consideradas series y así ser tratadas,(como categoría y como entrada aparte). La incluyo aquí hasta descubrirlo.
Y sigo enfrentando conflicto entre si quedarme en una entrada y continuar alimentando la ‘serie‘ ,(desarrollando, además, cada pieza), o si frenarme y a otra figura nueva, dar paso. Siempre tengo que, para continuar, frenarme.
Me pregunto qué les sucederá a ustedes.
. Pájaro renato que no es pato.
El pájaro Renato quiere ser pato.
Volar recorriendo grandes distancias.
Graznar.
Vivir unos diez años. (¿Para qué querría, un pato, vivir más?).
Nadar a velocidades de ensueño, (él, que, de vértigo, carece), con membranas de piel entre sus dedos.
Agarrarse, con sus garras, a cualquier lugar que se le antoje (rechazar el que le desagrade).
Tener pico ancho y corto con el que buscar alimento sin andarse enganchando ni chocando, con todo, siempre.
Cuerpo compacto que nade y hasta bucee.
Y ese cuello tan corto con su giro completo hacia atrás que le permite limpiar las plumas del lomo.
Y hasta elegir a qué familia pertenece escogiendo, de la pluma, los colores.
La glándula del acicalamiento la tiene y segrega un aceite tan rico en grasas y en ceras que no habría plumaje más resplandeciente e impermeabilizado que el suyo, (¡que no veas cómo te quedarías tú si lo ingirieses!).
Su pico largo y acuñado esparciría el aceite y ¡qué pluma seca y esponjosa, y qué temperatura corporal regulada no tendría!
No la usa “sólo los ánades eso merecen”.
Renato, queriendo ser pato, usa su cuello no corto sino largo y tortuoso y, en varios puntos, acodado, para girar su cabeza 180 grados forzándola a huir del lugar ese al que, la especie que es, se dirige, pertenece.
Se lo retorcerá ese parpar de fondo, ese graznido de frente, (que no deja de escuchar), según el cual, es pato, pato, pato…
Huye de donde viene, (nido, reposo de su cabeza solamente, sin espacio para el cuerpo), a donde no ha de llegar pues el viento, (el aire, cualquier brisa, todo aliento), le mantiene en ‘su‘ lugar.
Sus alas mugrosas, (a las que se les niega el aseo), arrastran un peso muerto siempre (vivo), propio (del otro) ¿cómo dejarlo atrás sin arrancarse, de las plumas, el vuelo?
Dos, dos pesos muertos (vivos) propios (de los otros).
¡Ay Renato, que no es tu ala de pájaro, ni de pato, sino de ángel!
.Serie del pájaro Renato no pato.
Tiene, Renato, de ángel alas, mas no le rodean seres celestiales.
Gacela con corbatín verde serpiente
¿Sigues estando, de un solo trazo compuesta, si lo único añadido a parte, es el rabo y las astas?
No, o no, al menos, si eres gacela.
Trazo es lo que surge cuando, de su tamaño independientemente, desde su principio a su final llegas.
.Gacela con corbatín verde serpiente.
La gacela con corbatín verde serpiente, (hierba, tela…), salta.
Sin motivo, sin razón.
Porque quiere, porque puede, (porque, de ninguna otra manera, podría moverse).
A pesar de su pezuña desfigurada, de la cicatriz y hueco dejados en su pata, de su cuello largo, (troceado casi, por tantos ataques de tantas zarpas, tantos encontronazos).
Su corbata, más que colgada, (lazada a), de su cuello, ...
(lazos: los que te cuelgan, los que te cuelgas, los que te ahorcarán, los que…),
la acompaña.
La gacela con corbatín verde, (hierba, tela…) pincha, con sus cascos, la sabana y, ésta, la arroja, a su salto siguiente, con, a su vera, su serpiente.
Cisne enamorado de un naranjo
.Cisne enamorado de un naranjo.
El cisne está partido en dos, literal, y verticalmente: en uno que contempla, (desde ese ojo en cabeza a punto de separarse del cuerpo), y en el otro, que se conmueve (eso le mueve).
¿Qué podrían haber hecho, ambos, (que uno son), el día que se encontraron aquel arco?: ¿disparar flechas?, ¿burbujas de jabón gigantes mostrando, de su luz, los reflejos?, ¿usarla como fusta, como silbato?
Ni arma, ni azote, ni instrumento hueco a cuyo través hacer pasar ningún aire.
El frutal tiene hojas grandes, frondosas, carnosas y caídas (para gustos, una especie de languidez insinuante). Sus frutos crecen colgando de las hojas directamente, o, sobre ellas, reposando. No podría decir nada más en particular que lo describa salvo que, quizás, tenga más pinta de pertenecer a una selva tropical que a los humedales en los que viviría un ánade.
Y, sin embargo, ahí están: el uno despertando apetitos, el otro, con apetitos despertados.
El cisne, enamorado de un naranjo, apoya un arco en el cuello de la mitad de su cuerpo, y, con la otra mitad, toca el violonchelo y ronda a su objeto de deseo. Su música es firma con formas de aves y de flores o plantas, muy rudimentarias, (todo lo que sabe componerle ofrece, regala).
P.S: produjo, el cisne para el naranjo tocando el violonchelo, de amor una cara.
Gallo Andrés
Enseñándote enseñarás, eligiendo, para empezar, a quien sinceridad y piedad practique.
Te responderá con franqueza delicada: “¿no sabía que eras…?”
Cómo podría saber ella lo que tú ignoras todavía.
.Gallo Andrés.
Parece, Andrés, carroñero, pero, ¿qué es?
El gallo está perdiendo un trozo de su propio cuerpo, quizás, (por su brillo aterciopelado y esponjoso), de lo que es, se alimenta… Tiene una sola, (y flotante y brillante), pata y, en vez de otra, el trozo desprendido de su lomo, que es dos triángulos, (de tamaño distinto e invertido uno respecto a otro), en sus esquinas unidos. Del menor nace la línea que su pico excava en el cuerpo al que, después, hace trozos. Empezando, de nuevo, por un treslados diminuto (éste rectángulo, tumbado y alargado). y siguiendo cual costura de aguja en máquina de coser de las de antes de que este gallo cosiese.
Tuvo, el ave, dos patas, una vez más, no una al lado de la otra sino una al frente, la otra, detrás. Hoy, en donde debiera estar la delantera es de donde caen los globos triangulares como cortados con tijera, así, finamente, el uno al otro, hilados. Y tiene cola de pluma verde, aunque parezca de hoja.
Todo a su en derredor levita, flota, (inmóvil), sólo el pico avanza tan rápido en su puntada básica. No sabrás decir, no escucharás, pero verás, de sangre, el hilo, (el rastro), dejado.
…lo que le rodea…
Disponía, el sustento, de un solo ojo azul piedra de blanco centro situado en la misma corona de su cabeza. Ahora cae libre, cuando en su lugar, más parecía un gorrito curioso que otra cosa. El ojo no flota, no levita, se precipita (al lleno, al vacío).
El alimento del necrófago está en reposo. Su postura impide verle, pero dispone de dientes afilados que ya no pueden protegerle de, (ni ayudarle a), nada. Una pata prolongación de sus glúteos, la otra, un muslo trenzado, retorcido y fino y una conexión directa con un níspero erguido sobre pata partida, (como la de un centollo en una cena de mariscos). Bajo la hoja, verde de pluma, (de la cola del gallo), la fruta.
Parte del cuerpo del muerto, más bien la pata no retorcida, reposa sobre quien con pies tres y de triángulos y con seis senos glandulares de ubre atravesado, (unido), sujetos, por negro y palo. ¿De qué color sería la leche producida por semejantes mamas que, además, permanecen en horizontal, que no cuelgan, que no caen?
Y el ojo, que continúa a su destino aproximándose.
Siguiendo hacia abajo y de izquierda a derecha, las psicodélicas, (dos). Tal parece que la verde oscura, (no de hoja, ni de pluma), arrastra, a través de los pechos, al conjunto, y que la rosa la sigue de cerca fingiendo que se aleja.
El gallo Andrés, carroñero parece, pero… ¿qué es?
…suave…
El ojo como de piedra pulida por agua del río del tiempo. Su blanco de dulce de nubecita. De lana el alimento, de terciopelo el gallo, de piel de fruta suya el níspero. Y, de su propia piel, la ubre. De pluma la cola verde. De metal pulido la psicodélica no rosa y, de madera, la siguiente. De pelo la pestaña, la cresta y el ojo negro, (no temas acariciarle, no causará dolor, sólo consuelo). Suave de corteza de cerezo de picota madura, (a punto de caer al suelo, pero en rama todavía) el rabo de la fruta. Suave de globo inflado al máximo y de aceite cubierto, los pies del tres pies que, si girase, no sé si eso sería o protuberancias del alimento.
Del nombre ese, que anda como a su aire, se ignora qué se sienta al tocarle. No se toca, ni se roza siquiera, ni el gallo Andrés osaría hacer cosa semejante.
Vino Andrés y con precisión suave, esponjosa (y de máquina de las de antes de él), cosió trozos, ruedas, engranajes, volantes que no había en mi cabeza. Sé que giran, y se mueven, (y comportan), sin enredarse y que lo que muestran con cada movimiento cambia, pero se fue el gallo, sin dejar, de pespunte, instrucciones.
P.S: desordenado, ininteligible, enigmático, de la indagación parte.