Abrecartas
Hubo un tiempo,, (hay), en que ,(se), escribían, a mano, cartas.
Tus manos están, hoy, escribiendo, !qué valiosa!, ( !que valor!),una carta.
El abrecartas es de madera y metal.
Ave con alas de leño que busca las palabras que, solo tuyas siendo, te fueron dichas y no enviadas, y las recoge, y te las trae al vuelo.
Puñal de empuñadura de palo de filo solamente amenazante, (hiriente), para los sobres, (que nunca dañará al verbo).
Y reposo al que todo vocablo tuyo, por solamente para ti haberse dicho, podrá acudir a, de necesitarlo, recostarse antes de, a ti, llegar:
Abre, con él, las cartas, (o sin él, desgárralas, despégalas, des… ), de tu pasado no leído antes, y léelas.
Sus historias y sus cuentos.
Lo que podría haber sido, y lo que ser, podría.
Y, una vez discriminadas, te cuento que, hay un cajón en el que, bajo el abrecartas, conservarlas, (tirarlas).
Escribe esa carta que pensaste al recordarle, (al encontrarte por su recuerdo asaltada) y, luego, si es que decides enviarla, (veces hay en que decir es suficiente, que antes de poner destinatario, poner remitente hay que ), ojalá que, a quién lo hagas, disponga de este abrecartas.
Candelabro
Somos desechos de recuerdos de parafina consumida, dolores sin resolver grapados al sentimiento, en carrera, (sobre de hoja cortante de la experiencia el filo), de galgos tullidos, hacia, de la vida, restos de cenizas sobre las que emergemos.
.Candelabro.
Sí, sé que creíste alguna vez, (las veces todas), que era, (en aquellos tiempos sin iluminación alternativa), un candelabro aquello.
Luego viste, (en tantos otros lugares, circunstancias… en ese mismo lugar ante otros testigos), que el tenebrario de una vela carece de pincho que la atraviese de extremo a extremo a punta de navaja…que… lo que tú pensaste cera era metal frío y des…. ¿cómo?, ¿qué?, no te oigo, por favor perdóname... (a mí, en quien estás confiando, que no pude protegerte entonces y aterrada por ignorar si podré, ahora, ampararte) …la luz que, en un pedestal a sí misma se colocaba, era magnífica, perfecta, superior…era, lo que era… y tú, de su reflejo, ni sombra siquiera.
¿Sabes, ahora, que no hay cirio seguro, (sano), del que emane ese hedor secreto?, ¿sabes, ya, qué, (de quién), eran esos goterones sanguinolentos? ¿No viste? ... !cómo , siendo quien eres, (eras), habrías podido ver amenaza alguna, (nada que no fuese merecido o aceptable al menos)!
Te vienen a la cabeza, (al sentimiento), la grapadora aquella, (de las de entonces), que con grapas selló tus verdades, tus obligaciones, tus memorias. El abrecartas violentando todo sobre (lo) que hubieras podido haber escrito, impidiendo, a lugar alguno, siquiera, de enviarlo el deseo.
Ahora ves aquellos ojos desamparados, el cabello oscuro y graso no merecedor de mayor atención o cuidado, la nariz hinchada por la anosmia cubriendo (casi ocultando), los labios y… en el pedestal aquel…una mano disfrazada, el pico de una bestia que viviría de devorar sus entrañas.
Lo siento: que vivieras como lo hiciste la destreza de aquella fuerza, de la que carecías tú, (para impedirte anticiparte, defenderte), que poseías, (para soportarla). ¿Cómo…?, ¿que ahora que ya sabes, tires a la basura los restos, (las consecuencias, los …), que, de lo que no supiste, quedan en ti?
Perdiste, en el camino de un galgo, (que no cazará ni será cazado, ni perdió excepcionalidad su velocidad, ni agudeza su vista, ni agilidad, (suficiente), ni nobleza, (ni sensibilidad, ni tranquilidad), su carácter), una pata (un miembro…).
No tiene remedio que no hayas sido quien no eras, es cierto. Pero te pertenecen a ti, (en pasado resuelto eso sí), no a un basurero, tus recuerdos.
Pusiste, en un pedestal, a alguien que debieras de haber apartado de tu afecto, (de tu vida no habría podido ser), de inmediato, y pensaste, (lo sostuviste, !y con qué esmero!, por ello), que era la luz tenue, cálida, titilante y fidedigna, de velas en un candelabro.
Secador de mano
Leyendo lo que cuentan los “utensilios” que, cronológicamente le preceden, me sorprende, (me alegra), que “secador de mano” pertenezca a la misma categoría, (subepígrafe), que ellos. Opuestos que se complementan y coexisten.
.Secador de mano.
El secador de mano !tantas cosas pudo haber sido!:
foco, ahí, colgado del techo, (irradiando alguna luz reflejo de la de su entorno), deslumbrándote;
sifón, (de esos colocados en las botellas de antaño, para que el líquido salga a presión), en tu cara, chorreando aire;
interruptor de luz (de los de otrora) que, ahora, algo sobre enchufes te enseñase;
megáfono que apagase, (a veces fue necesario), con su rugido, tu queja;
bichejo con su probóscide, sus tres ojos de los colores de las luces del semáforo, sus orejas como de liebre pero caídas y su pasito lento, a ti acercándose;
su mango plancha también…
El secador de mano, (a mano siempre), que tantas cosas fue en aquel baño, también secó tus manos, tu ropa, (tras los saltos en los charcos), tus libros, (tras la tormenta en tu mochila a la vuelta del colegio), …
Aquí dejándole, le dejo, ya retirado.
Al secador de mano, que todo eso fue, y secó tu pelo (cuando, en otro tiempo, tú de mi mano).
Puzle
¿Recuerdas aquellos buriles para abombar el estaño en láminas y formarlos deformándolos?, ¿no tenías, acaso, que derretir cera para rellenarlos?
Hoy lo he visto de nuevo, no en láminas de metal blando y dúctil, y fresco al tacto, sino en piel blanda y moldeable y suave y cálida.
Encajaban, (desencajaban), como piezas de un puzle, (sin acoplar todavía), las siluetas, intentándolo con dedicación y ahínco y delicadeza las unas con, (por, y, con), las otras. Recostando partes propias en ajenas por ser así como hay rompecabezas que se com (des) ponen.
Colores cobrizo y piel curtida, (madera viva), de bosque tupido, que recuerdan a láminas de estaño plateadas. El lugar que evoca recuerdos es una caverna en donde todo está relacionado, en donde, de sus piezas un orden, acabará, un conjunto, evidenciando.
.Piezas del puzle al tablero llegando.
Irás a buscar el principio habiéndolo deducido del resultado, a través de él retrocedido, apartando añadidos, retirando colores que lo que son, son, y no lo que fueron. Y será válido y fiel y adecuado a un principio, el único al que ya sin testigos, (ni fidedignos, ni perversos, sin testimonios que encontrar en recoveco alguno), podrás remitirte.
Ya era, (lo general, el boceto, el inicio), lo mismo y lo que, de allí vino a desprenderse. Como un puzle, del que sabes que las piezas cortadas linealmente por un lado, son el marco que integrará al conjunto.
.Piezas del puzle a su aire.
Y siempre, cuando a punto de desaparecer en la bruma del horizonte, de desvanecerme en el polvo, de disolverme sumergiéndome en el aire…
vienen.
Deformes, irreconocibles, raudos, pacientes…
A pedazos construidos, a trozos, vienen.
Con tantas veces como llegaron demasiado pronto, ¿aparecerán, (alguna única vez), demasiado tarde?.
Vienen, con cada revés, cada reverso, cada dorso, cada torso… con cada…
Vienen y me contemplan.
Hacen acto de presencia silente dejándome saber que nunca , (acompañada), sola.
Vienen.
¿Se van alguna vez?.
No escuchar, ni ver, ni tocar, ni poder… y, sin embargo, saber.
Vienen.
¿Quién vendría a verme si fuese yo otra?.
El martillo imposible
. El martillo imposible.
El martillo imposible tiene extremos.
En la cabeza dos: romo uno, el otro en punta.
En su interior un cuerpo humano y masculino descabezado, (o, quizás, con la cabeza gacha, derrotada), y con muñones por rodillas, (con nada bajo ellas), camina, (con sus brazos, carentes de manos), como en horizontal empaladas. Enterradas en la cabeza de cualquier mango de martillo (imposible) de donde, este último, obtiene, precisamente, su fuerza precisa.
Camina, el uno, con sus brazos mancos siempre en cruz, el otro golpea y golpea tan silencioso que imprevisible, (inevitable), tan rápido que antes que dolor, desorientación, desconcierto. Caminarás, sin saber qué te ha pasado, y continuará, lo mismo, sucediéndote.
Mango que dice ser de madera áspera y quemada y, sin embargo, no es, no tizna. Sin huella suya que rastrear, tú, (si, por el motivo que fuera lo tocases, otra manera de decir, te tocase), hollinada, marcada, condenada a nada tocar, para ensuciar nada.
Sólo mostrará su cochambre si reducido a cenizas, sólo lo que de él quede mostrará, (¿qué tipo de resarcimiento, (imposible), es ese?), qué era.
Se deja ver tanto con clavos como con sacacorchos. Que no te confunda, sólo es prueba de que puede machacar tanto al retorcido como al franco.
Dispone, este martillo, de la cualidad imposible esa, de que solamente con cerca tenerle, (sin que te toque, sin que le roces siquiera), te desangrará su presencia inocente.
Tu sangre derramada, (pese a su rabia y tu sorpresa), será gusano de sangre de seda y reptará, por el aire, (contra toda gravedad), para a ti regresar.
No tiene remedio el martillo, (es imposible).
Diana
.Diana.
La pistola de agua tiene un solo y frontal cuerno en vez de cabeza. Su ubre, (un corazón tan enorme que se le sale completamente del cuerpo), supura agua fresca, limpia, y dulce, (sin exagerar, que endulce el alma solamente). Cuerpo de pelo bovino marrón oscuro y blanco nube. Y esa pata, sólo una, con su pezuña compleja, (deforme), que podrá usarse como gatillo.
Cree, (el arma), que abre la boca, (de la que carece) y que, con su lengua, (que no existe), lame una piruleta por dos patas sujeta (por una y sola no). Y le sabe dulce, (sin excesos), y, su alma, lo disfruta.
A parte de lo que ella crea, dispara. Al tiempo que el corazón le derrama lágrimas, apunta con flechas de agua. La travesía del proyectil parece caerse al principio, pero remonta, (gota a gota haciendo formas, formándose), hasta llegar a su objetivo, en movimiento siempre, sobre sus patas, (dos).
Diana camina, más o menos aprisa, corriendo jamás. Asegurando que ha de estar, el tiro, en constante alerta, que nunca por tedio, costumbre o experiencia, atinará a acertar. Siempre atento permanecer. No corre. Asegura que no vaya, la flecha, a dedicarse a buscar otro destino.
Depende de desde donde se te cruce con el suyo tu camino, la presenciará a horcajadas, desafiante, o indiferente. Caminando siempre, sus dos piernas en movimientos, todo el rato.
Diana espejo del arma, ¿qué muestra, (podría usarse para qué), su reflejo?
.Serie de la pistola de Diana sin terminar.
Rompecorazones
.Rompecorazones.
Quien así te rompe el corazón tiene mango de goma dura y negra a la que puño cerrado y prieto se ase.
Parecerá, compacto, fuerte, limpio, nítido, pulido, bruñido, brillante, y en parte, (una parte y la otra que muestra), lo será.
Cuando su resplandor te halla deslumbrado hasta cegarte, se girará.
No verás, en principio, su hoja afilada cual cuchilla de afeitar, sus bordes distintos, cada cual, capaz de causar un destrozo propio, diferente: machacar aquí, despiezar allá, desgarrar en, punzar….
No anticiparás su embestida potente y posible en cualquier momento, con cualquier, (sin razón), razón, con ninguna, (toda), excusa. Notarás los tajos, las cicatrices, la fractura, la brecha, la quiebra, ¿definitiva?, solamente cuando tranquila, y …, de nuevo confiada, (equivocada), te gires.
Sólo el corazón roto sabe, (con tiempo), a posteriori, de dónde, (de qué), debiera de haber, (a tiempo), huido.
Tendrías que haber dado tantos giros antes para ver, en la cara oculta del brillo, la calavera, el niño asustado, el animal con su hocico, el toro, la boca abierta nunca capaz de herir lo suficiente.
Fantasmas, recuerdos, vivencias, imaginaciones, furias.
Golpes, cortes, puñaladas…
Solamente mandíbula desencajada incapaz de cerrarse jamás, condenada a vomitar (sin descanso), basura color de goma negra y dura.
Con filo que, de cerrarse, se cortaría, (se corta), así mismo.
Vete, toma tanta distancia como puedas y, de poder, (mantenla).
Llama a la cordura; con paciencia y dedicación , escúchala.
Y si un día, otra pátina, presencias… eso será otro día.
Quien te rompió el corazón tuvo puño implacable en mango de goma negra y,
(¿recuerdas lo suave que mostraba su tacto?),
dura.
Hoz de hoja de cobre con mango metálico
Tras en vídeo ver lo que al girar muestra: ”Te vas a reír, pero yo veo ahí un feto como bien protegido en el útero y todo”.
No era comentario con intención conceptual ni simbólica y, sin embargo, qué afortunada habrá sido Sinequi si cuidada y protegida cuando embrión, si capaz de cuidarse (de protegerse), cuando nacida.
La hoz de cobre con mango metálico brilla y pierde, más que virutas, puntas de flecha; con las que se afila.
Corta, (si no hay más remedio), cabezas de las bestias que no saben hacer más que daño. En seco, sin emponzoñar el escenario ni en lo más mínimo.
También siega y, en caso de necesidad, dispone, (parece que fuera un rabo), de un garfio de reemplazo, (también metálico), aunque sin cobre, y bruñido.
El mango de cobre de la hoz está pulido. Lo empuña un embrión mínimamente desarrollado para poder hacerlo y que está protegido en cubierta en donde, cual pieza de puzle, encaja. Ahí podrá ir formándose,(deformándose no).
No será, la hoja curva, perfecta pero incluso pedazos suyos que podrían echarse a perder se pintan y, para otros, fines, (hasta calzados para tareas especiales), se usan.
La hoz de cobre con mango metálico, brilla haciendo brillar los recuerdos que la crían.
Abrelatas
Es práctica de pincel de garabato 3d con contorno afilado. No le tengo mayor afinidad. Lo habría tirado pero veo, más adelante aquí, (que es más atrás en el tiempo), el motivo para conservarlo.
.Abrelata.
Abrirás la lata, cualquiera.
Sea con él que las abre (latas) todas, o bien hablando amablemente a las que prefieren abrirse solas, quizás, subiéndote al lugar más alto que encuentres y lanzándolas para que, el golpe, las…
Qué encontrarás dentro, (fuera) de ellas. Qué habrá sobrevivido al saber, (poder), hacer; a la palabra; al precipicio.
El veneno de allí, de aquí la agonía, y lo único que, sobre ambos, te queda por hacer a ti: abrir latas inventadas.