Dina
Dina es, además de muy lista, malabarista, sobre todo, (aunque no sólo), con la punta de su alargada nariz jugando con su sombrero de copa.
Le encantan los caramelos de bola con forma globo aerostático visto en el horizonte y con cuerda negra como lastre en vez de palo. El sabor en sí no importa, es tal el disfrute de ver como se va acercando a su boca que ningún gusto le arrebata ese goce.
Hay quien, al cruzársela, la encuentra lisiada pero, en realidad, simplemente, tiene, (como todas las dinas), 3 patas en vez de…(¿son 4 las que tendrían los tipos con esa facha?). Con la frontal, (más de tamaño mano), se emplea a hacer cosas de humanos, y, con las otras dos, de animal.
El toro tauro
Al toro Tauro le agrada estar repanchingado en el suelo apoyado en sus patas delanteras. Andar saltando con las traseras a pie también le encanta pero, no puede hacerlo más que un rato porque se le descompone la cara y los ojos se le van a un lado, a otro los labios y le quedan, en el rostro, un solo instante y, luego, van al suelo, o por ahí, por el aire, o al agua y ya, ahí, vete tú, recógelos y …!colócaselos de nuevo !.
Lo de embestir, no es lo suyo ni en broma, ni en serio.
Carece de rabo y, casi casi, (por lo finitos que son), de cuernos que, (al igual que unos pantalones de pana que tiene y nunca se pone), ‘pa ná‘ le valen.
Moscas, que fueron de ala azul gota de lluvia en reflejo turquesa, rondan su boñiga que las convierte, al contacto, en marrón amarillento. Él considera que l esos moscones acuden al estiércol y niega generar ¡él!, olor, que semejante especies atrajese. ¡Sus heces huelen a flor y las visitan solamente abejas gualda y negro a las que alimenta!.
Iba a llamarse Mauro pero le pusieron Tauro porque nació en algún momento entre el 21 de abril y el 20 de mayo, es más, como decirse, se cuenta que estuvo naciendo el mes entero hasta que, ¡por fin, al final! se le pudo parir. Pero yo eso, no lo vi. ¿Lo creo, no lo creo…?.
Sus dientes, (que nunca cepilla), acaban volviéndose del mismo marrón de su cuerpo y cayéndose, uno a uno, hasta que, todos, los pierde. Entonces se pone a dos patas y los busca pues dice que, aunque para nada le sirvan, (aunque no los use), suyos son y guardarlos es cuidarlos como no hizo cuando no los cepilló. No sé yo… tal parece que. andar por ahí y así, le entretiene pues , la enfermedad que tiene, provoca, tanto que se le caigan, como que le salgan de nuevo (así, sin que le duela nada de nada) y, si ya sabe qué le va a pasar, ¿por qué los deja ir desperdigándose si no es porque disfruta recogiéndolos?.
Tiene familia griega, (un tal Zeus que es secuestrador de alguna humana europea), egipcia, (un tal Apis que es buey), fenicia- cananea (Astarté), y ni sé quién más. No están en contacto en absoluto con él, (ni tan siquiera, de ellos, tiene un diente de recuerdo que guardar), pero eso no le impide regodearse en ese pensamiento, (ahí repanchingado) imaginando, (viviendo), aventuras épicas y ancestrales en las que… !es un héroe!.
Rinoceronte verde de dos cabezas
El rinoceronte llegó cruzándose con este tipo de cabecita pequeña y blanca. No han vuelto a encontrarse, a olvidarse, (el que vive todavía), de esos encontronazos, desde entonces.
El rinoceronte verde tiene su cuerno único algo debajo, (y más adelante), de en donde a otros rinocerontes no verdes corresponde. Cada una de sus dos cabezas, (tanto la que tiene el cuerno como la que no), dispone de un ojo ,(único), en su mismo y respectivo centro con su niña, (pupila), negra.
Camina con gracia y salero con su cabeza superior erguida sobre una nuez tan enorme que es más bien cuello entero, (y roja), mientras la inferior ,(cabeza), olfatea, todo el camino el suelo , (como perro que un rastro estuviese siguiendo). Pese a su aspecto pesado y voluminoso, anda con pata cuya pezuña termina finita y puntiaguda de forma que su paso, en vez de plúmbeo, se escucha como picoteo.
Si con él te cruzas, su cuerpo, (al embestir al tuyo cual elefante en cacharrería entrando), le llamará encuentro y, como mucho, si algo te hubiera dicho al dejarte despatarrado por los suelos, habría sido, un apresurado… “!ahí te quedas!”.
Nada, nunca, te dijo.
(Cuídate de con quién te cruzas, estate atento).
Mirándole bien en derredor y en detalle,, se convierte en una serie que no sé si debiera dejar aquí, o poner a parte pues llega a ser: pendientes, colgantes, máscara, amuleto, pájaro intentando liberarse de sus plumas apelmazadas, tipo flotando con traje antiexplosivos, hombre meditando en invierno muy bien abrigado, peso muerto por el aire atado por el cuello, uno de dos colmillos blancos…..
Tú, con ese cuerpo desgarbado de partes todavía decidiendo qué lugar les corresponde sin saberlo, (sin consultar a tu cabeza todavía tan pequeña) , sin comprender, todavía, que, de ellos, tienes, tú, que estar a cargo.
Tú, cuando aún ni diferenciabas si habías comido ya o desayunado, ni qué habías tomado.
Caminaste complacido al lado de un rinoceronte ( te caminó él).
PS: ¿Quién es?, ¿cuántos?, ¿qué arma (de filos cuáles) empuña (oculta)?.. ¿Qué fuerza le atraviesa que entra asomándose sin dejar tiempo para anticipar el cuerpo, (el tamaño, animal), que le seguirá?.¿En dónde te engañó, (te mentiste), cuándo, cuánto?.
¿Cuántos restos , de qué, conserva su asta?, ¿no debiera, a caso, de limpiarlos, (esos residuos que, en ella, de su vida conserva)?.
¿Cómo se te ocurrió, (¿no advertiste?), que su único ojo, ocupando tanta parte de su cara sin nariz, (sin boca, pues sólo era pintada), con esas pestañas largas, (largas,largas, haciendo a otras referencia, y a otras), y apenas un único cabello en su cabeza, debieran de mirar en ti?, en ti derramar lágrimas nunca lloradas, (sin sentimiento acompañadas).
¿Hacía dónde se dirigían tus pasos tan firmes y desenfadados antes de que te atravesase?, ¿qué calzado era aquel que , en cada pie, distinto?. ¿Cuándo se te ocurrió, (te creiste, por cuánto), que ibais, a algún lugar, y juntos?. ¿No reconociste la bestia , ni sus dos colmillos asomando por muy ocultos que estuviesen?, ¿ni los remanente en su asta que es su cuerpo?. Supiste…. ¿nada?, ¿de nada?.
Sí, es cierto, todo dio comienzo con un niño de cabeza diminuta, (no desarrollada aún), tirándose por un tobogán sacando la lengua para saborear, convenientemente, el aire. Alguien le vió y pensó que sacar la lengua sólo puede ser burla o insinuación y, de castigo, acompañarse.
O…. tras la comprensión, (la reflexión pausada), cualquier reacción explosiva contenida, las alas abotargadas, ¿acabaste siendo un peso muerto arrastrado, por el cuello, por el aire?
A un muchacho inocente, lo embistió una bestia ‘ inofensiva‘, culpable.
Pelota blanca y amarilla
Si a tu hija le dibujas , (por encargo un tanto forzado), un gato negro, ¿no le dibujarás, sin que te lo pida, a tu hijo futbolista, un balón, así sea, blanco y amarillo y acabe siendo pelota, (globo)?
La pelota blanca y amarilla, (con la que están jugando tres), es, como mínimo, tres distintas: a veces globo, a ratos balón, en ocasiones pelota.
Si acorazonada, (pelota con forma de corazón deformado), la está inflando con agua, y con su pico, una paloma, casi por completo, blanca. Con ella, (la forma no del todo redondeada), juegan: a cabezazos, una oruga negra; a narizazos, una raíz de jengibre con tallo seco; y, a miradas, (sí, las miradas también pueden ser juego hijo), un tipo que tal parece tener cuerpo de pollo asado con cabeza cubierta por máscara roja y elástica, babeando, al mirarla, (a la bola), como unas tres gotas.
Si pelota, juego, (aunque sea de agua).
Si globo, juego será llevar por el aire lo que le cuelgue, hasta un tótem, si eso, en su círculo, cuadrase. Y acercarse, (antes de continuar su viaje), a que patada le de un pie con calzado de madera, (que, sin embargo, no es zueco, y tal parece maza con su mango de madera ); y a que una cabeza, (con frente nasal prominente, negra y ojos cerrados), le interrumpa el paso.
Si globo, seguirá volando.
Cuando balón, los tres serán: un hombre sin miembros, nariz goteando una sola gota y cabeza enorme; un animal de tres patas muy anchas y seis ojos, (dos por cada una de sus caras); y un pájaro al que alguna infancia habría llamado “loco” pero está muy cuerdo, (con su camisola rojigualda de cuello alto y cerrado, con tres botones metálicos, que, tal parece, de él sobresalen). El hombre querrá llevárselo enganchado, el cuerdo a patadas afiladas pretenderá desinflarlo y el animal, esperará oportunidad para devorarlo.
Si balón, escapando.
De las porterías, con ninguna red ya, (con tanto…), sólo quedan algunos pedazos.
Los tres que juegan, siempre los mismos, girando.
Juega al balón
No paraba de trazar “cerámicas” de un sólo trazo que ya no me parecían originales. A fin de detenerme, (analizar para qué parar queda pendiente), decidí usar en lo que fuese un pincel que no me agrada (garabato 3d de contorno afilado). En efecto, no me disfruto este pincel, (también usado en “abrelatas”) y, obligarte a hacer algo que no disfrutes, te previene de seguir disfrutando lo que hacías.
Juega al balón
(deja que juegue, él, contigo):
con cabeza,
con pie,
con mano
con boca,
con pechino
Y ya,
tras suficiente número de rondas,
sé balón tú mismo.
Retrato de un gato para mi hija
Entras a en donde mi mesa de trabajo, (de reposo), y, ante, mi “qué te parece”, tu silencio atento y tu “pero… ¿qué significa?”.
Titubeas como quien intenta ganar tiempo. Lo repites con asombro discreto, como quien acaba de descubrir otra opción, (una alternativa), …. “igual, si entendiese qué está haciendo…”.
Y te pregunto que qué querrías que te dibujase y ya, acorralada, (liberada), me dices: “un gato”.
El gato negro, (sentado al tiempo que erguido), observa atento con su, (de igual color al cuerpo), rabo largo y sinuoso, a veces reposado en el suelo, a ratos en el aire apoyado, (suspendido).Presencia a la hija de la golondrina y el cuervo, llevarse volando, de alguien, la cruz.
A su izquierda, (la del gato negro con su rabo), quien hubiera podido ser un tipo recostado, todo apelotonado, (sin que puedas distinguirle pies, ni ropa, ni miembros ni… del tronco que es), con nariz triangular y puntiaguda como su frente alargada y bebiendo con su boquita pequeñita (que, poniendo atención, podrás percibir sin lupa), lo que le ha caído del cielo, lo que, del aire, arranca el viento. Haciendo, al tiempo, malabares para poder conservar, sobre su cabeza, una aceituna gigante sin que le aplaste.
A su izquierda, (la del felino con rabo y cuerpo de igual color), quien quizás sea algo más, mas es árbol , de marrón de tronco y más verde aceituna no macerada que hoja perenne y de otoño.
A su derecha, (de la cola y su minino), un rayo hecho de tendón orgánico, (hueso del esqueleto de la tormenta), atraviesa a una nube que, del dolor, (y la sorpresa), llora pero que, tan coqueta, (!y tan digna!), como es, se adorna, con las lágrimas, las orejas.
Tras dejar atrás el músculo del relámpago, (la piel del trueno), su toma de tierra, (su freno), un nombre.
Y luego el sol y sus rayos cubriendo sus falanges.
Hay que mirarle, (al minino), de frente, para descubrir de sus ojos el color, de sus bigotes si sobre el labio o ambos lados de la cabeza, de su mirada, tu reflejo. Si te lo permite. A no ser que sea él quien gire a verte, sin consentirte mirarle.
Colgando de una protuberancia de la cabeza del ave, una falda plisada y negra , (favorita de una niña), de colegiala que puede por si misma caminar a su aire, (sin pies, pero con piernas semejantes a unos dedos índice y corazón con mallas).
A su derecha, (del felino), quien hubiera podido ser un caballo (sentado, y erguido aunque algo encorvado), eso sí, con tupé cortito y encrespado y hocico más bien de gorrino. Sus dos patas inferiores, una, terminada en gancho, (para poder colgarse de cualquier lugar, anclarse en cualquier sitio), la otra, de estar sin calzado, (sin el zapato favorito de una niña) como no está, ¿en punta, para apuntar al futuro, (al pasado)?. Y comiendo, no por el morro como parece por estar ahora mismo de perfil , sino por la boquita chiquita, (tanto que, como no te acerques a mirar con lupa, ni la ves) sita y medio en vertical, a mitad en horizontal, a su derecha y a su lado. Masticando despacito, con paciencia, forraje seco que no es lo único que mastica sino lo, para él en concreto, más necesario en este momento.
Del gato atento, (alerta), se aleja, por la espalda, el hijo de la golondrina y el cuervo llevando cruz, (carga), por ajena, (de a qué miembro de tu vida pertenece), propia.
Equipajes que son cruces en cada espalda, no desaparecen, se van, por el aire a otro lugar.
Labicha, Elbicho, Tragón, y Cobra.
Si bien lo del girar la página lo asociaré como posterior y con los de 2 dimensiones, ahora ( que he de volver atrás para encontrar manera de organizar archivos que no nacieron para el propósito de este blog), diría que, su versión en 3 d comienza aquí.
No lo estoy girando yo todavía y es rotación solamente en plano horizontal. Guardo en vídeo y, al verlo, surgen figuras, (como Cobra), que no anticipé. También es primera vez que añado opción recortable.
Se te dispara la cabeza una primera vez con “gallo Andrés” y no sabrás hasta dónde llegará el tiro. que, tienes la sensación fue en el pie.
Iba a ser una “serpiente sedienta” y fue lo que fue.
La serpiente sedienta buscará el agua y su lengua viperina la encontrará. Quizás es simplemente previsora, (o no y glotona), y, por si acaso en adelante no encuentra, ahora beberá.
Convive, (en el otro extremo de sí misma y con ella), con un gusano feliz que no necesita ojo para ver o que para comer también lo usa (no te sé, igual está oculto bajo eso que, entonces, serian pestañas bien puntiagudas). A él, sin embargo, que siempre anda a su aire, el agua misma caminará en su busca.
Mirando al revés sólo sería una boca enorme y abierta dispuesta a tragarse la fuente completa, a engullirla sin dejar rastro, (ni resto) para nadie. No es bestia que expulsa fuego: arrasa tragando todo lo que a su paso, o a su voluntad, (pues, de no querer, no se mueve), encuentre.
Se llaman, respectivamente: Labicha, Elbicho y Tragón.
Tú no eres ellos. A ellos enfrentarás y al peligro de la paciencia y la perseverancia juntas subiendo piedra resbaladiza para encontrar el agua. Si se separa en regueros ante ti para evitarte, continúa el ascenso. No seas agua, búscala.
Cuando camine el agua en sus dos piernas, le pesarán y parecerá imposible que muslos tan delgados porten losas de semejante tamaño. Cada hueco, de cada piedra portada por cada uno de los dos miembros, coincidirá perfecto con el sólido de su opuesto. Encajando y procurando con movimiento en donde habrá de caminar primero la pantorrilla, muslo después y, luego ya, como impulsado, el cuerpo.
La serpiente, por la tierra, reptará, El bicho, grácil, se dejará llevar por ese esfuerzo como si le llevase el viento aunque le lleve el cuerpo y el que no expulsa fuego, volará.
No seas (eres) agua, ni aire, ni tierra, ni fuego. No todavía. No seas (eres) ingerida, consumida, pisoteada, reducida a cenizas. Aún no. Asciende, cual peldaños, por esos cantos rodador y dorados a la fuente de la vida. Te llevarán a ese lugar (de ti), en el que nunca, (al que jamás debieras haber renunciado) has estado. Continúa, aunque oscurezca, esos escalones luminiscentes más de luz de pez abisal que de luciérnaga. Ojos pintados que lo son , no con pintura adornados, de ella creados. Creerás que has de bucear un abismo oscuro, en realidad, esa será la luz que ilumine tu camino.
Si todo se desbaratase y pudieses permitirte recomponerlo de nuevo, seguirían, tus piezas , en el mismo orden, y siendo las mismas.
Asciende a la fuente de la vida y, en su cima, verás a la cobra esa de cuerpo grande, cuello ancho, y cabeza diminuta. Se cobra lo que le pertenece de tu vida.