Dos dinosaurios charlan tranquilamente
Esta vez no me resisto y completo algo el original (lo modifico), me digo que, tanto describe el proceso, conservar lo que fue, (que en disco duro está), como en lo mínimo que, ahora, lo convertirías.
De alguna forma me molesta , (avergüenza), más, no saber dibujar en 2 dimensiones, (hacer este tipo de cosas), que en 3 como, si hubiese algún tipo de obligación de saber hacer lo que ya existía antes, lo que no es algo que apareció cuando ya eras adulto.
Dos dinosaurios charlan tranquilamente uno frente a otro..
El gris, algo despatarrado, habla.
El verde, con un brazo con escayola color marrón barro y sujeciones negras, escucha.
Habla el verde, el gris interrumpe.
Comenta si no se estará acabando el mundo con esos dos volcanes al fondo: ¿Derretirán esos dos hilillos de lava rosada el hielo de la cueva esa, (en vez de oscura), tan clara que hay entre ellos?, ¿y ese pie gigante que la protege, (a la gruta), con sus siete dedos, de qué saurio es?.
Dos saurópodos viven en un mundo que uno cree que se extingue y el otro…
Historias a añadir que aparecen girando al rededor la página: tipo con boina negra, córvido que con el pico imprime ojo de tinta (negra), tipo con ojo y boca, (negras) y brazo estirado, y….
… y una cara que se va, con ese nombre, a etiquetas.
Cara de dos dinosaurios charlando
La cara que sale en “dos dinosaurios charlando” . La firma Sinequi, (trazo demasiado grueso), también se convirtió en cara en 2d como le pasó en 3d en “cerámica 5”.
Hombre de un brazo largo
Aunque ahora no lo sé todavía, resulta que hay piezas que giraré y contarán historias distintas. Dado que, aún lo ignoro, sólo una historia apunto, como a posteriori lo organizo, lo añado a subcategoría de girar 360 grados.
El hombre tiene un brazo que es largo y bebe deshechos que, en vez de enfermarle, le fortalecen, (al brazo, no al hombre).
Su pecho flácido (caído, alargado,colgante), termina en un pezón protuberante.
Su mano, de ser necesario, camina usando su pulgar alargado cual tacón alto de botín irregularmente recortado.
El hombre tiene por pelo un tupé que zapato, (con tacón de nuevo), y, al revés, parece y, sin embargo es un pedazo de luna cubierto, de manera bien inusual y curiosa, por la noche. ¿Por qué se disfrazaría la luna de tacón amarillento, como si sol quiera ser, cuando es blanca y palidece?.
El hombre lleva una carga al hombro, desde una figura de cuello alargado que parece ir contándole algo hasta pensamientos opuestos que le llegan a la cabeza: sombríos, oscuros, afilados unos, festivos los otros.
El mismo hombro sujeta la entidad que genera los deshechos de los que el brazo se alimenta.
El hombre que no camina, se mueve cogido de su propia mano.
Retrato de un ojo verde
El hombre, (en barba y cabeza pelirrojo), pesca.
Con su nariz, en dos partida, literalmente, (como libro que no hubiese caído boca arriba) y, en pie, (abierto como en dos mitades que, hacia abajo, miran).
Bajo ella, la que podría haber sido como aleta, (o branquia), más fue libro.
Atravesando su cara plana, (en plano), dos anzuelos, (uno a cada lado), del verde de su ojo ese que tiene su lacrimal cerrado (abierto), a consecuencia del golpe que partió su nariz como lo hizo.
Ojo que, más que llorar, una lágrima sola, supura reguero nítido y fino, (que más bien hilo pareciera), hasta alcanzar la bombilla redonda, de lágrima de agua salada y fresca, pendiendo del lóbulo de su oreja ¿que… qué ilumina, (a qué da sombra)?
El hombre imaginó fumar en pipa de boquilla verde como el anzuelo, y cazoleta marrón como, de su cara, el contorno y cuerpo… pero no lo hizo. La pipa que no fumó es, en su rostro silueta, como si mostrar quisiera, de alguna manera. lo que algún día…fue, (sin haberlo sido), por decirlo.
Parece llevar un pañuelo a la cabeza más es gorro raído por la falta, (exceso), de uso y de lustros y lustros almacenado en un desván sin ventilación ni cuidado, (en su cabeza). Por el uso sin reposo ni sosiego.
El uso, (el desuso), en exceso, es pañuelo atando a la cabeza..
El pescador comenzó con un paso atrás y otro… y tras que su mirada de verde anzuelo se cruzase con la mía, (me pescase), me dije, (le dije), que tenía la razón del motivo mayor, (de la menor excusa vacía), que me iba, pero que volvería.
No mentía.
Pero no harás lo que no hiciste.
Tengo, en el rostro del alma, la silueta de un pescador de un ojo verde, (y una lágrima).
Instante
¿Cómo dibujas un instante?,
¿es la palabra esa, de papel, que te mantuvo en un pedazo de cordura de lienzo ?,
¿la compañía de aquel silencio, de tela, a tu lado?;
¿la contemplación compartida de aquel cuadro intangible (sin marco) del que ignorábamos, en realidad, qué significaba entonces, (qué significará después)?
¿Te refieres, quizás, al instante ese que te consientes presenciar, que permites que suceda a expensas de tu impronta, del impulso de tu pudor, del tamiz del rubor y la incredulidad (y la inocencia)?
¿Ese que retienes, (que capturas), antes de que, (mientras), se desvanezca?
¿que por ser, de esa manera, tuyo, rubricas pero en tamaño diminuto por no verte en él ?
No presencies lo que no deseas que habite tu cuerpo,
(¿carece, acaso, de residencia corpórea tu, (olvido), memoria?).
Ni de soslayo.
Ni por un instante aunque, cuando vengas a darte cuenta, ya será tarde, no podrás no haberlo… presenciado, (esa otra manera de protagonizarlo).
Hoy miré esto que sigue, (¡qué tendría que ver?),
inopinadamente me asaltó un recuerdo del instante de tu mano tocándome, (casi como se expande la onda del agua que crea tu nado), de toda la vida en mi piel.
¿Cómo dibujas un instante y en, (para), qué?
Cuarto oscuro
Habrás hecho , en tres dimensiones, otra escena de una complejidad incomprensible, (frustrante, apremiante) y , al revisarla más adelante, descubrirás porqué la guardaste: tras ella, había una historia, (mucho más…. ¿simple?) que, en dos dimensiones, quería contarte.
La conservarás con fecha de mensaje primigenio y apariencia del día en que lo comprendiste.
. Cuarto oscuro.
Y si todo fuera un proyecto, (boceto, borrador…intento), eterno…Siempre inacabado, en proceso. ¿En dónde estaría el reposo?, dónde el agotamiento.
¿Recuerdas?.
Aquel suelo de baldosas blancas y negras. Como un tablero de ajedrez en el que andar constantemente saltando de una a otra casilla, (con normas, a cada paso, nuevas, viejas, distintas). Mostrándolo impoluto al visitante y asegurándose de que no las caminaría.
¿Caminaste sobre ellas?: ¿Lisas unas, por desgaste abombadas, (aunque más cual cojín viejo que como cerámica abotargada), otras?, ¿tropezaste en ellas?.
Aquella salida desvencijada de una habitación sin entrada. Expuesta siempre, en todo momento oculta tras… ¿Qué era aquello que la ocultaba?.
¿Olvidaste a aquel animal de patas tan pequeñas y tan sucio, tan obsceno, que ni la oscuridad lo distinguía? que tal parecía, allí, escondido, (solamente allí mostrado), que tenía solamente cuerpo (sin alma, sin …) y ese par de ojos brillando en lo oscuro, que no abría nunca sino allí?. ¿Recuerdas si existía?, ¿te han vuelto a visitar, alguna vez, sus gemidos, sus mentiras?, ¿su paso inaudible y acechante?, ¿su arañazo afilado y sibilino?. ¿Te han, alguna vez, abandonado?
¿No?. ¿Cómo podrían?, tú nunca estabas en aquel oscuro y cuarto. Tú mirabas, desde arriba y desde afuera, hacia ,(desde), otro sitio. Querer mirar, ver más allá, sentencia de… vida (en el cuarto oscuro).
Cuarto:
- primero: ¿y aquel perchero en donde nada podía dejarse colgado?, nada, ni tuyo, ni no tuyo, hasta que, como siempre, (como si siempre se hubiese podido), se pudo; todo lo que, siendo tuyo, en tu ausencia se encontraba ¿en dónde podrías haber dejado colgada toda la vergüenza, cualquier duda, la señales de alerta, el instinto de…?
Aquel perchero del que colgar la confianza, la certeza, la entrega, la dignidad, la… para ser traicionadas, violentadas. Que devoraba cualquier reacción, duda, queja, y tras escupirla, la pisoteaba. ¿Recuerdas?, ¿no existía?, ¿existió nunca?;
-segundo: baldosas que garantizan caer sin conservar, sobre ellas, huella alguna (huella dejando);
- tercero: animal acechando con un par de cristales negros por ojos cerrados y miembros, (intenciones), ocultos;
- cuarto: el cuarto, oscuro, en el que tenía que haber, (seguro, inseguro), alguna rendija, por la que escurrirse, por la que ver, (algún resquicio al menos), lo cierto.
De haberla visto, (¿cómo lo habrías soportado?), no la habrías usado.
Pero no recuerdas haberla visto.
Recuerda: el perchero era color madera, la pared pálida y limón, y, el suelo, no era de baldosas blancas y negras…
Criatura
Tiene, la criatura, ojos pequeños tan limpios como borrosos. Pero ve. Muy claro: con la nitidez que la observación y la atención brinden.
La criatura tiene una columna vertebral como tú, (o yo), aunque a ella le atraviesa el rosto por completo hasta muy arriba.
Dos fosas nasales enormes, por sienes un par de puntos y despellejada, (en carne viva), vive.
Debería de ser aterradora, (y lo es), se llama Ternura.
Punto de inflexión
Punto de inflexión lo es por, (diccionario R.A.E.L.): “señal de dimensiones pequeñas… perceptible en una superficie” y por “elevación que se hace con la voz… pasando de un tono a otro”.
¿Es “y en el principio” también una silueta de ojo como tema principal?.
Entonces mirando hacia la izquierda, hoy, hacia la derecha.
¿Advertencia?, ¿señal, como el punto, de lo que se fue ya?
¿Recuerdas la sensación de esa primera vez en la que pronunciaste tu, (aunque en presencia de nadie), nombre?, sí, ese que ni tú, habías vocalizado.
Le añadirás las vocales porque cargo, (sin ellas), sí te habías hecho de tus actos.
En vez de pronunciarlo lo escribirás, chiquito, como si así te estuvieras llamando sin hacerlo, para que, en realidad, halla que tanto buscarlo que no será visto. Mostrar sin sobreexponer.
Temblarás.
Cuando te atrevas a terminar por incluirlo sin esconderlo, (protegerlo), habrás de volver al principio y, (¿manteniendo historia como fue escrita?), añadirle la que, sin embargo, es, hoy, tu firma.
Te paralizará el temor a que compartirlo, (así sea ante ti), será, (de nuevo), estropearlo. Como si fueses a añadir, una vez más, otra idea, creencia, ilusión, que, en la práctica, (con carente relación con el empeño invertido), no existen.
¿Recuerdas la primera vez que pronunciaste su nombre?
¿Qué ha sucedido desde entonces?.
Trucha de río
Tirarás tantos y, sin embargo, otros , como éste, ignorando el motivo, los conservarás.
La trucha, (te preguntas porqué, no te respondes), has de, por el momento, guardarla.
¿A cuánto conservas en tu vida que… para qué?
Regresarás, pon por caso, un martes de noviembre. Tras toda obligación, responsabilidad, apremio, (tras ningún ocio, entretenimiento, aplazamiento gratuito, fingido), que aplacen tus…
No dedicarás más tiempo, (si fuese por no deber lo continuarías haciendo, no podrás), del imprescindible, a la tarea.
Pero habrás, hasta que hayas dejado de hacerlo, regresado. No abandonaste ni a la primera, ni a la segunda, ni a la centésima., ni a la…
Tendrás la misma cabeza, (que habrás de corregir, de perfilar, de mejorar, de rematar, de…. aceptar.).
Sin acudir al, (sin olvidar), ni el primer trazo, (ni el segundo, ni el tercero, ni el…), ni comienzo. Comenzando, cada vez, de nuevo.
Y no te castigarás por ello. Sólo cabeza asomando desde cualquier lugar. Sólo, de la cabeza, un trozo al menos. Suficiente. Bastante. Y pedazo de aleta caudal de recuerdo, (de olvido del cuerpo desvaneciéndose).
Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco. Ni agua que mueva la rueda de molido que no sea infecta, turbia. Ni el ventanuco ese desde el que comprar la harina molida al kilo de tu cabeza.
Habrás comenzado, por fin, buscando manera de relacionarte contigo misma y así es como te relacionarás con el
Puente colgante
Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fondo no alcanzarías a ver si lo quisieras.
Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú y a alzar el suelo mismo que pisas: descubrirás que sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.
¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…
¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…
¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?.
Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?.
Retrato de una familia (ala) luna
Hay una historia en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.
De ese tronco procedieron.
A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo , (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de leyenda.
De esa rama proceden.
Caminando su camino juntos y, cada uno, el suyo, a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.
De ese árbol procederán.
Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar qué ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.
Que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es otro asunto.
El nido que fue, ( lo que albergó en su día), no cambió, (no varía).
Cara de perro
Aunque esto, (que surjan caras en los dibujos que guardo aparte), no sucede hasta dentro de un par de años, al intentar organizar material para la web me surge ésta que guardo.
Procede del retrato de “Perro con bisagras” y es uno de los casos en los que borro alguna línea o añado otra.
Perro con bisagras
El perchero con cara de perro es una puerta secreta.
Al abrirla no te parece nada más que un armario empotrado.
Si te adentras, llegarás a la habitación de la cara de perro.
Verás lo que él ve,
olerás lo que a su hocico se acerca.
Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes.
¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?.
Nada tocarás.
De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado? colgando del hilo de su seda.
.Perro con bisagras.
El perro tiene cara, aunque sea en el cuerpo.
Unyo
De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.
.Unyo.
Unyo no es uno sino, al menos, tres:
¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y….)?
Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.
Y después, (antes), está…
La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.
¿Qué ganarías, (perderías), si,
además de entrada,
hubiese, para la bola negra,
(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?
¿Es, el nombre, la garantía de partida?
Cabeza de carnero
El carnero tiene cabeza,
(solamente eso).
En ella conviven, pensamientos y sentimientos.
Nada más.
Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras),
pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,
tiene cabeza, una, (sola).
Todo lo que le queda:
eso, (esa).
.Cabeza de carnero.
Quizás haya llegado el momento.
No lo supe,
lo sé no.
Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.
Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.
Y permites suceder lo que no pretendías.
Aparecer lo no buscado.
Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.
Abandonar el plan,
el empeño,
el proyecto,
el esfuerzo.
Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.
¿Qué sucedería entonces?
No lo supe.
No lo sé.
Nada.
Definitivo nada.
Nada que remediar se hubiera podido.
Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.
¿Qué pasaría entonces?
¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?
Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.
Y aprender a entendernos sin esas palabras.
Cerería
¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?
.Cerería a puerta cerrada.
De pequeña, (cuando oscuro),
la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.
La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),
para confundirlas con la luz;
pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.
La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:
“Hasta cuándo
hasta cuánto
encendida.
Hasta cuando
me consuma
hasta cuando
decidas que has de apagarme tú.
¿Y si cerrases los ojos?
Enterrada, apagada, oscura, encendida.
No me toques
no soy tuya,
no soy suya
no soy.
Sólo sombra si con luz a oscuras”.
Esto sucedía estando, (la niña), rendida.
Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.
.Cerería a puerta abierta,
La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.
Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.
Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.
El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.
Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).
Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:
una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.
Siempre hay una.
Siempre (nunca).
La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .
De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.
Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;
es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.
Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.
También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.
La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo., (que lo es).
Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.
La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.
Verás, en su fachada, algunos cirios:
en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…
…y un grifo, por si un incendio se produjera.
Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.
La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.
También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.
Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.
La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.
Elecornio y Munante
Elecornio es criatura en donde Elefante y Unicornio están unidos por un corazón invertido y enorme.
Él decide, (el corazón), si camina, (Elecornio), hacia atrás o hacia adelante y así no hay discusión, aunque, en realidad, siempre uno, siendo contrarios como son, va de frente.
Cuando se guían por su razón, caminan de costado y, aunque pudiera parecerlo a quien no esté acostumbrado, no es nada complicado.
.Elecornio.
Munante es una mujer a quien, sentada en el suelo con pierna estirada, (y haciendo malabares con manzana en forma de corazón), se le acerca una cabeza caminante.
La una, (mujer), aunque hay quien piensa que lleva un pendiente alargado, (o un tocado), llora lágrima con forma de cola de elefante y cinturón con, de unicornio, el cuerno.
La otra, (cabeza), camina con pies directamente, (carece de piernas).
Ambas miran no sé si al corazón o a Sinequi.
.Munante.
P.S:
Primera vez que aparecen dos firmas, Significa lectura de imagen en ambas posiciones. Visto en otros trabajos no es código que va a ser consistente en el tiempo.
Primera vez que me consiento, (no sin resistencia), copiarme, (ojo y pie) y pegar, (como si no hacer que todo trazo sea único, fuese un fraude).
Habitación de la esquina de la izquierda al fondo
Serán momentos, habrá sido etapa, y es retrato para colgar en la pared de a donde nunca regresar aunque, ¿te vas del todo del lugar ese en el que estuviste, o permanece, de ti, en una esquina, al fondo y a la izquierda?
. Habitación de la esquina de la izquierda al fondo.
La única luz en la oscuridad en la que vive, la de gas, (ese que reprocha, culpa, proyecta, humilla, desprecia, oculta, finge y, siempre, saciándose nunca, vence), y escondida, recóndita, tenebrosa, (familiar, familiar, familiar).
Luz que sale a la luz jamás.
¿Habría algo que objetar a que se consienta encendida la única iluminación disponible?
La única
Allí a lo lejos y arriba, tras ese desfiladero escarpado de piedra pizarrosa, creyó, (¿cuántas veces?), divisar otra.
Y fue, (¡cuántas oportunidades no se dio!).
¿Has caminado descalza alguna vez, tras la tormenta furiosa, cuesta de pizarra?
La desearás rota, para disponer de lugar, (tan desgarrador como fuese), al que agarrarte en la caída, (que impida, al comienzo, retorno).
¿Sabes lo que te sucederá una y otra vez y otra y otra y…?
Luz, (abajo), de gas, (arriba), de esperanza rota.
Verdad mentirosa.
En su rincón, (en su lugar), en la esquina de la izquierda al fondo…su oportunidad:
una puerta, al fin, entreabierta.
Brazos extendidos:
acercándole las manos uno, (fingiendo ofrecerlas), a punto de acariciar su cabeza, (sin nunca hacerlo), el otro …anticipándole lo que podría , (el interior de la habitación de la esquina, al fondo), brindar.
El único hogar que conoció abriéndole, de nuevo, la puerta:
¿no son las únicas dos manos disponibles, (que mantendrás a las demás lejos), que se aproximan, asegurándose de tocarte nunca, respeto la una y, la otra, ternura?
Sí, es cierto, un brazo rebelde procedente de un costado de su espalda,
(quizás de su espina dorsal por ello paralizada),
intenta alcanzar la luz de arriba, de a lo lejos.
Tendrá que ir sólo, sin cabeza, sin corazón, sin cuerpo y atravesar todas las luces (de gas):
el bisturí afilado, los reflejos de rostros ajenos (propios), los torbellinos de pensamientos, (de recuerdos), amenazantes, (aniquilantes), el desfiladero empinado de pizarra filosa, (despedazante), y rota…
¿por qué se empeña en intentar semejante aventura ajena, (propia), de nuevo?
Salir de un costado, (sin cabeza, ni corazón, ni cuerpo), para alcanzar luz natural, ¿cierta?
Dejar todo lo demás sentado, con piernas dobladas sujetas por su otro brazo, arrinconado en la esquina de al fondo y a la izquierda.
Sin saber si alguna vez podrá llegar.
Y, después regresar, a rescatar sus restos.
Y hacerlo.
Ameba cerebrófaga
Ameba según el diccionario de la R.A.E.L:
Del lat. cient. amoeba, y este del gr. ἀμοιβή amoibḗ 'cambio'.
f. Zool. Protozoo rizópodo cuyo cuerpo carece de cutícula y emite seudópodos incapaces de anastomosarse entre sí. Se conocen numerosas especies, de las que unas son parásitas de animales, otras viven en las aguas dulces o marinas y algunas en la tierra húmeda. U. t. en pl. como taxón.
Sin.:
amiba, amibo, protozoo
Sí, a veces, comprender el significado de una palabra requerirá que sepas el de otras…. ¿seis?.
Si a las unas evitas, no comprenderás a la otra, (lo que te sucede, ¿qué te pasa?).
. Ameba cerebrófaga.
Un ser inmenso y oscuro une ambos brazos a la altura de sus muñecas y sobre mi.
Sólo eso veo de él:
En cada mano seis dedos, (pulgar ninguno), sujetan mi única oportunidad de salir a la luz, a la esperanza, (al claro). Lo hace como quien sujeta un bocadillo, sin necesidad de decidir si lo devorará, (o qué le hará), sabiéndolo, (¿por qué otro motivo, sino, lo continuaría reteniendo?)
Veo, a través de los vacíos que sus dedos, (llenos de oscuridad), dejan, la oportunidad ajena, la vida mía que no lo será.
Y me alejo. Me acerco a lo que la ameba me hará.
Sí, quizás, trepando de nuevo sería ésta la vez en que no me escurriese, ni resbalase y fuese capaz de asomarme por algún hueco y … ¿contemplar lo que pudiera, no siéndolo, ser? La dejo, consiento que devore un aliento que no es suyo, (ni mío ya).
Déjame.
Sí: sé que hay, por ahí afuera, (arriba), luz.
Promesa perpetua de lo inalcanzable.
Déjale a él que triture con esos dientes, (en cada maxilar tantos como dedos en cada una de sus manos sin pulgares) ese…
Déjanos.
Sí, (no) podríamos haber sido diferentes, (ni lo seremos).
Ya no le verá él, con esos ojos asediados por sus seis pestañas en cada uno de sus párpados (invadiendo, sin pulgares, sus ojos, como si los agarrase para tragárselos).
Déjame.
No quedo sola: estamos dolor, enfermedad, cansancio, abandono, yo, y el monstruo.
Somos seis.
Bajo el mar, bajo el cielo, o bajo tierra. Sin uñas, para qué arañar, (ese sinónimo de suplicar), lo que te consentiste, (no hay diferencia en que fuese porque evitarlo no pudieras), arrebatar.
Y al séptimo día, de la noche séptima, (¿cuánto duró cada una?),
¿descansarás?
Hoja
Y viene, y tras mirar su trazo de a ciegas, decide que, moviendo un ojo de lugar, que si “ilusión óptica abstracta” y que si… así, en contra de lo que haría yo, (buscar, al menos, cómo se hacen ese tipo de cosas).
Sinequi, (si se lo consientes), cuando quiere llega.
Mientras el cuello, (silbando una hoja), pretende disimular que de Sinequi procede, su cabeza hacia Sinequi, (hacia una hoja), va.
Mientras el cuello de un cuerpo procede, la cabeza hacia otro lugar va.
Por añadidura, el trazo grueso completo a ojo cerrado y con la izquierda. Sinequi es, (de la mano que usa al contrario), ambidiestra.
.Hoja.
Y caminarás, lo seguirás haciendo, (este día más al menos),
con el paso de la hoja que quiere llevarse un viento,
(con la fortaleza para a otras arrastrar pero no a ésta),
atada aún,(así sea en el aire), a un trozo de tierra.
Parecerá, la espalda, encorvada de agotamiento.
No podrían apreciarse, (a la distancia ésta), enfermedad, edad…
Dejará su paso una estela indicando de dónde viene a dónde, de momento, no va.
Y vendrá el viento, y, hoy, no te arrastrará.
Caerás, empujada.
Tropiezo propio no, intención ajena.
Te reprocharán, (te reprocharás), que evites volver a ese viento aunque lo continuarás haciendo.
Hasta que dejes de hacerlo.
Te dolerá.
El contacto con la brisa menos hiriente, por comparación, te herirá.
Hasta que deje de herirte, hasta que el dolor deje de impedirte caminar.
Y lo harás, con la espalda encorvada por el peso de la repetición y el cansancio,
(y por la edad, y por la enfermedad, y por…)
Caminarás,
a partir del momento en que dejaste hacerlo y dejando el rastro,
(de la hoja atada, en el aire, a tierra),
de donde vienes, a donde…
no vas.