Pajita, boina, maniquí y calavera.
Amenazan sombras con oscurecer recuerdos, alimañas con devorarlos, y sólo consiguen ocupar, entre ellos, huecos.
Hombre con camisa y boina negras
Decía el abuelo, (no es el recuerdo proporcional a, de palabras, el número, de momentos compartidos la cantidad), que lo que quita el calor, el frío quita.
Aquel señor sin estudios, ni luz (eléctrica), ni agua (corriente), sabía que, (leyendo hoy, yo, de la gorra la publicidad), esa “lana con forro interior de raso y badana en piel sintética, ofrece aislamiento tanto de frío como de calor y es transpirable”.
Aquel hombre del campo del entonces aquel, de vela de cera, de río, (nada corriente, nada, contra corriente), sabía que no has de fiarte de la apariencia de contradicción sino aprender pese a ella.
Sí, él lo dijo de su chaqueta de pana, llevando al burro Morito a pastar, y no así, pero, como tener, también tuvo boina que, pudiendo haber sido de otros lugares, lo fue, de donde él lo era.
Hoy lleva, (parte derecha), un tipo, chaqueta y boina negras. Cruza, de lado a lado su cara, una línea gruesa de vida entera.
Una niña, (con, a ambos lados de la cabeza, coletas, sin abuelo), disfruta bebiendo, de copa pequeña, con una pajita grande, negra, y de papel. Al terminar, la lava; soplando con suavidad y paciencia la seca; y la guarda, pues, segura está de que así, lo próximo que con ella tome, le gustará de igual manera.
Una mujer de parte superior del pecho y pelo negros, está dándose cabezazos con una calavera, que es como, así misma, propinárselos: algo le sucedió, corriente y no eléctrico, (de lo que conserva solamente una fina cicatriz cruzando su rostro de lado a lado), que a punto estuvo de convertirla en llamada Cala, y Vera apellidada.
Un maniquí de costura, (torso estilizado), en palo tan largo como la pajita que a los labios se lleva la niña que la seca, ahí está quieto, esperando a que alguien, que sobre él la vista pose, le vista de cera de vela.
Vaca, funambulista y rostros
La vaca de ojos negros, boca abierta, y cola pequeña, está tumbada.
Algo, (una sombra a su espalda), la increpa.
A su frente, otra la reta estirándose para tocarla pero ella, ahí continúa, (sin otros asuntos interesarle), sin inmutarse.
El rostro de pelo corto y flequillo irregular se corta el cabello así mismo y le pone, por nombre, (todo lo nombra, a nadie llama), “capa de murciélago con trabilla”.
Se tapa la boca con la mano con los dedos pulgar, corazón e índice plegados y otro estirado y así anda siempre,
como si para una foto estuviese posando,
haciéndose el interesante.
La funambulista es aleccionada por una figura cuya autoridad se adivina de la sombra de su uniforme de abrigo hasta los pies, y gorra y cómo con el dedo, (el arma), apunta.
Pero a ella ni esto, ni, a su otro lado ese tipo, esa mano, alargándose para despistarla, la perturba.
Guarda, (en él encuentra), su equilibrio en el aire.
Ninguna otra cosa, despierta su interés.
El rostro te mira, tras un antifaz, a los ojos directamente.
Tiene una camiseta por pelo y se dejó una especie de bigote y barba baja pues quiere fingir que de boca carece así ocultándola.
De hablar, sin embargo, (le veas o no los labios mover), no para
como si lo que cuenta que interesarte tuviera.
Secreto
¿Te cuento un secreto, así,
en susurro cómplice mi mano acercada a mi rostro,
tu cuerpo al mío
tanto como para que la intimidad no te intimide,
que la cercanía no te consienta ver la verdad en, de mis lentes, el reflejo?
Hay confesiones que sólo una espalda, (sola y sin remedio), merece
¿acudiría yo, a dónde más, a confesar mis secretos?
Tengo un secreto, tapando mi boca ni a mí misma me lo cuento.
Nos (yo a él, él a mí), pertenecemos.
¿Te cuento un secreto?
Secreto es una mujer partida en dos por una línea mitad cortante (recta), mitad sinuosa (obscura).
Cuando diestra, segura, (con razón), de que puede confiarte sus confidencias,
cuando siniestra, contando, sin preguntarte siguiera,
lo que imagina (sin cierto ser) es tu secreto.
Para en seco, (o en mojado de lágrimas de pena si el caso fuera),
sea quien esa mujer sea,
a quien imagina tus secretos.
Secreto es una raza de perro algo barbudo, gafotas, y con oreja erecta que todo escucha (ve).
Con nadie hablará nunca.
No podría,
(lo intentó en su momento y le convirtieron en perro).
No se habla con los vivos, los problemas, se padecen, (y se acallan), no se resuelven.
No contará sus secretos.
No se habla de los vivos ,
no se cuentan ni verdades, ni sus mentiras,
eso está mal.
No se habla (ni con una sola persona siquiera) de qué hicieron los muertos (eso es hablar mal).
Eso es maldad.
Secreto es un can,
lleva una vida de perros.
El secreto es silueta imperceptible salvo que, dedicándole a partes iguales atención e imaginación,
encuentres su boca abierta y su ojo negro, (su cuerpo blanco, en lado derecho).
Le delimita línea muy fina que, además, de tu propio contorno (límite) es la misma.
De apariencia inofensiva, insignificante, trivial, infantil incluso.
Susurra constantemente a tu oído, a tu cabeza, a tu nuca…
(si durmiendo, si en vigilia…)
asegurando,
de la tuya a costa,
la supervivencia suya.
Balcón de palacio encantado
.Balcón de palacio encantado.
El balcón del palacio encantado está en sala enorme de techos altos y abovedados en construcción aún.
Sus cortinas son telas rojizas,
espesas y pesadas que tal parecerían ser ropajes cayendo,
por su propio peso,
desde un cuerpo reposando,
(quizás posado),
en el dintel del hueco arqueado de la ventana.
En su medio una columna de madera a vetas alargadas.
El tipo que se tumba,
que reposa,
(que se posa en la parte superior del balcón a la calle, de un palacio encantado),
tiene los pies y el rostro rosados y una sola mano,
gigante,
que por ahí anda, ella sola, a su, (de la ventana), aire.
Un hombre rosa,
de rojo vestido,
construye a mano,
él solito, (acaba prácticamente de empezarlo)
un palacio encantando.
Está muy cansado.
Cara de hierba
Nació, de la hierba, el hombre
y en la nariz la conservó
y en la nuca
y en la mirada
y, en el pensamiento, con un par de hojas afiladas.
¿Qué piensa una cabeza de hombre de tierra y de hierba?
Qué piensas.
.Cara de “hierba”.
Hierba
Sin partes leñosas permanentes.
Color renovación, crecimiento, armonía, y esperanza.
Talle estrecho, talla larga, tallo hoja.
Muerte al final de la estación de su vida.
Es hierba,
vive,
(con la soledad, la compañía que le…),
mientras,
(en donde), habita.
.Hierba.
La hierba tiene, al menos, una cara.
Hex
Hex me enseñó que su color es 253 de rojo, 236 de verde, y 166 de azul en escala hexadecimal, (lo que viene a ser fdeca6 en, (su), realidad).
¿Cómo podría no haber registrado su hilo?
Aunque sea uno solamente y tan fino y colgado (aprobado, suspendido).
Crees que recordarás a quien te enseñó, más, por si acaso,
anota, quién te mostró, (y lo aprendido).
No lo abandones,
(honrar al maestro, y a lo conocido, apartar a quien, por contraposición, sabrás que no te ilustró a ti y sólo se exhibía a sí mismo),
a la memoria.
Tendrá mucha tarea a la que su esfuerzo dedicar,
mucho amasijo,
madeja que fuera, (dentro), de ella, desenmarañar, (hilar).
Cada vez más, que será menos porque ya no seguirás el hilo.
Ábrete paso entre los deshechos de hebras,
ve a tu encuentro-
Tus labios y el duende
Dibujaría tu boca.
Labios de color ajado por el tiempo carnosos todavía.
Comisuras oscuras, casi negras, al igual que cuando en contacto con el otro, (la otra), el uno.
En tu cabeza un pañuelo enredaría al viento, (que tu rostro y tu cuello serían),
cubriría la mitad de tu cara por él, (tiempo), por ello, no manoseada.
Dibujaría tu ojo inmenso, (de tamaño que abarca un mundo, una época, un sueño), cerrado;
ocupando casi todo tu rostro cuando tú así, plácidamente, en reposo.
Dibujaría, tu ojo, que sería boca, cuando tú, ahí, casi escondida tras, (…tu rostro),
a punto de venir a mi encuentro.
Pintaría en hojas de fibra de morera, y sedas y de papel maché y te preguntaría si te reconocías en algunas, (todas), de ellas.
Te dibujaría.
Si existieras, si existiéramos, (si supiera).
¡Cómo no te besaría entonces!
Qué, de no haber dejado de hacerlo, con tus labios, no haría.
.El duende.
El duende, de un solo e inmenso ojo, quiere acercar sus labios, a tu boca.
Y tú sonríes, dejándola, (traviesa, juguetona y diminuta),
ir, mientras una mano,
(pie de dragón como de oriente y que más que volar es, cual pañuelo, por el viento llevado),
del, a tu espalda y duende, te aleja.
Te crio, con toda ternura, (cuidado, saña), de que fue capaz, una bestia;
te cortejó un deseo fantástico, (imaginario)
y fuiste (por el viento a cualquier lugar llevados) labios.
La mujer del gorro fenicio y Rejum
LA MUJER DE GORRO FENICIO
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), es muy chata y de ojo, si hay que elegir, más pequeño que grande.
En sus pantorrillas habitan sus senos y el rostro en sus muslos.
Toda ella, (con su caperuza incluida), es cuerpo de un ave que mira erguida, con su cabeza sostenida por cuello largo y tan fino que imposible pareciera, (de no estarlo presenciando), que pudiera sujetar nada en absoluto.
Mira al horizonte, que es mirar el interior de una cabeza que de frente mira.
Lo que en todas direcciones la rodea, por favor, ya tú, mira.
REJUM
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), sólo patas arriba si, contra su voluntad, y, entonces, con boca abierta, girando al máximo hacia atrás su cabeza, como queriendo capturar el respiro del que carece, suplicando, quizás, ayuda, que la deje, que no la mantenga así colgada en un aire que más que respirarse, el suyo ingiere.
Su pie, se conectará con ella por un hilo solamente que, (presenciándolo, creerías que soporta el peso del cuerpo sobre él y, sin embargo, nada sostiene, solamente está tieso).
El pie, (mirando al frente, no hacia atrás), el hilo y ese cuerpo de caparazón, (caperuza).
No mira.
No le consiente la situación, (la postura), más que mantener mirada, (que no ve), hacia arriba.
Lo que, a su en rededor, en los sentidos todos, si a bien tienes, mira.
Una cara del arlequín de dos caras
De entre todas las de la escena, que varias son, esta (ignorando el porqué una sola he de elegir), esta cara del arlequín
.Una de las caras que apartar de la imagen de “el arlequín tiene dos caras”
Vidriera sucia en día luminoso
También hay vidriera que sucia y sin luz afuera, (adentro).
No está aquí.
.Ventana sucia en día luminoso.
No hay suciedad que convierta a cierta luz en oscura, (mentira).
Emborronar, (emponzoñar, ensuciar, enmugrecer, enturbiar, pervertir…),
la superficie que atravesar pudiera,
eso sí.
Y aun así, habrá rendijas, resquicios, y fisuras en donde guardar la esperanza limpia.
¿Has contemplado, alguna vez, vidriera multicolor muy sucia, en día luminoso tras ella?
¿Qué, (de ella), queda?,
¿qué queda de ti?
La sujeta aire
Cuídate del aire que todo puede sujetar
No verá a una bestia orinando intencionadamente sobre su nombre sino, de una criatura, lágrimas.
Eso la mantendrá capturada (la convertirá en su presa).
Y sujetará con el metacarpo de su mano flexionada.
Será puente, (conexión), entre irreconciliables.
Será, (de aire), paso.
Capturará aire
y se le escurrirá entre los dedos.
Correrá hacia adelante atrás mirando
unida la cabeza al cuerpo por grapas de aire solamente
y llegará a, (escapará de), ninguna parte.
Hablará, cada vez, como si siempre hubiese posibilidad de encuentro.
Y sus palabras serán peldaños de aire cuya temperatura no derretirá, del otro, (de la otra), su máscara de hielo (de acero).
Todavía sujeta, (por aire cosida),
ya sabe de la estructura vacía, (de cartón con peso de piedra), que había.
En algo más volitivamente resignada convirtiéndose, camina.
Y espera, (a ratos), al viento:
al aire que corriendo,
a su lugar lleve, (traiga),
a cada sujeto.
Payaso triste
El payaso triste es hombre.
El hombre triste eligió profesión con la que poder ganarse la vida usando su condición y, de paso, haciendo pasar, quizás, a alguien, un buen (ello, en vez de un mal, escogió) rato.
Aparece tras cortina gruesa y pesada y roja y calza más que bota, playera alta.
Viste del color de su mirada, (de su palabra), y, por oposición a la tristeza que conoce, sabe de cómo alegrar el espectáculo.
El hombre triste no es payaso.
. Payaso triste.
Cara de perro
Tiene cara el perro.
Le sale del cuerpo.
Son dorso y cuarto trasero rostro.
Mira al hueco del que pende un hilo.
Ve, (de él depende), su huella.
Olfatea alimento sobre el que reposa su cola de hilo.
Ya que con su boca no puede tocar sustento, le acerca su lengua.
Entretanto, su cabeza en sentido, a ella contrario, se despereza.
. Cara de perro.
Procede del retrato de “Perro con bisagras”.
Cometió el original y primer pecado, (comportamiento condenado, condena encuentra), de borrar algún trazo, (otro añadiendo) sobre el origen. ¡No se modifica lo terminado!, (no antes de aprender que no es pecado).
El escarabajo de la (no) patata.
El escarabajo de la (no) patata aborrece los tubérculos.
Camina a dos patas con la gracia del vaquero de piernas arqueadas para compensar, quizás, haber nacido sin espuela tarsal.
Así, caminando con su estilo de oeste y americano, tan tranquilo, (tan despreocupado), se le cruza una mosquita de cuerpo rosita más que rosáceo y un sombrero de copa de prisma cuadrangular (con bordes suaves y ala como con figuras cónicas alargadas).
Distraído, el escarabajo, ni nota mosco alguno en su vereda, y así (sin darle tiempo ni a preguntarse siquiera qué ha sucedido), le pica, la mosquita no muerta, en su parte más superior y derecha.
(Pero un pedazo de picotazo, ¡oiga!, no cualquier cosita sin importancia).
A tal velocidad todo sucede, que, sin el rostro haber reaccionado todavía al dolor, la toxina del… ¿piquito? había llegado ya a su interior.
Sin remedio, ahora, ha encontrado un camino nuevo entre las piernas arqueadas, que le llevará al …¿amor?
La no muerta mosquita, con su sombrero y sus pestañas alargadas, le inoculó, sin consentimiento, el veneno al escarabajo de la (no) patata.
Ahora, (en todas las posturas, todo el tiempo), uno son.
(Giren por favor la imagen, una vez y otra, y dígame si están o no de acuerdo).
A dónde llegarán por ese camino envenenado, ni pista tengo.
.El escarabajo de la (no) patata.
El escarabajo de la patata es rojo con puntos negros…….
Red atrapa blúfalos y vendedor de humo
Solución definitiva para asegurar, que nunca jamás, entre en tu casa…
¡un búfalo!,
(¡no me digas “no la necesito”!).
Es un bluf, ¿aló?, con un halo, eso sí, (¡buf!), de exclusivo y único.
Está, a trozos, más anudada que convenientemente cosida, y con un tamaño de malla que fácilmente atravesaría, más de un león, a la vez.
Y fría, ha de estar casi congelada que la temperatura es lo que más puede mantener al animal ese a raya
.
Sí, prepárate para la factura de la luz
¡Pero no tendrás búfalos en casa!
¿Atrapará, también, bufa (la)?
El tipo de tez, (y cuello), gris claro,
con sus sombrero de copa, (y abrigo) negros,
es vendedor ambulante.
Aprovecha cualquier situación, lugar, oportunidad, (o su ausencia), y vende, lo que ninguna falta les hace,
hasta a las piedras.
Ambula,
no cesa,
sigue, del humo, el rastro,
y allí va,
y vende.
¿Eres, de humo, vendedor, incluso sin haber puesto precio a tu producto?
La pared rota
La pared rota fue de muro grueso y esqueleto de acero pintado de colores oscuros y mate.
Resistió, hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un horizonte a láminas integradas en una de puesta de azul y sol.
El suelo no estaba roto.
Soportaba todo el peso que le llegaba.
Hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un océano como de cueva en la que las estalactitas se adentran en al agua.
El techo está sin quebrarse todavía.
Resiste, las tensiones, los golpes, las.. los… con claraboya forzada a soportarlo.
Hasta que deje de hacerlo.
A su través, se ve un cielo atravesado por láminas, seguramente, de acero.
El hueco de la pared rota no es ventana,
no decides tú, del aire, (la lluvia, el paisaje…),
el cuándo, (cuánto), sale, (entra).
No hace, (ace), ro, su marco redondeado.
De la pared, el hueco, recibe cuidados:
· Una criatura rubia de cuello muy alargado y ojos diminutos intenta, a través de cables, recargarlo.
· Otra, con puño de acero, incrusta pieza amarilla y metálica en la pared para reforzarla.
· La más coqueta, con los piececitos muy juntos, con falda de tubo apretadísima caminando, inclina hacia atrás su espalda para verter, en hilillos, cemento que pueda cimentarlo.
· La más esforzada, sosteniéndolo sobre su espalda, con una pierna encogida y otra estirada, utiliza un mecanismo, con tubos finísimos, para regenerarlo.
La habitación azul eléctrico
La habitación está tras la blanca que todas sus paredes hace ,en azul eléctrico, encontrarse.
Tenlo en cuenta pues,
Si decides descubrir en sus adentros,
será,
pese a tu voluntad
y pese a ello,
ella la que,
(bajo sus condiciones),
en ti entre,
no a la inversa.
Vence la tentación, (la obligación, la curiosidad, la herencia, el recuerdo), y pasa de largo, (o de corto, pero da el paso ese).
No metas, en esa cerradura, la llave esa, aunque a mano la tengas (a espalda).
No regreses allí adentro (aquí afuera).
La entrada de la habitación azul eléctrico tiene (es) cara.
Aterac y Lacareta
Habitualmente, vas haciendo aparecer, otras.
Un simple relleno de color, y surge (enmascara) lo que haciendo estabas.
Que, lo que así es, sea así.
Lacareta es negra y criatura a la que cercenaron las alas.
Reside en unas hojas de un verde que más que esconderla la previenen de que, cualquier observador, deseara, siquiera, mirarla.
Quién querría ir allí, a lugar tan … (¿ajeno?),
para contemplar ese verde reflectante, cegador, agraz,
naciendo en lugar,
(en vez de marrón madera de árbol),
negro.
Yo fui.
Es inquietante sí, (aun habiéndola ido a buscar), encontrar, entre una maleza tan hosca, esa presencia, y detenerte a mirarla de frente a los ojos, (que te devuelven esa mirada imperturbable y, sin embargo, suplicante), y no al cuerpo.
Al cuerpo no, (ni a la cara).
Por no incomodar, por la máscara superar, observar, entre la maraña, el mirar de una cabeza enmascarada.
Yo fui.
Boca abajo porque sí.
Y vi su figura estilizada con su abrigo negro y su corazón blanco enlazado en la trabilla de su espalda.
Su tez verde brillaba y deslumbraba (sí)
y protegía de la oscuridad y de las alimañas a las que,
por eso precisamente,
espantaba.
Su pelo recogido en un moño y su rostro reposado y sereno mirando,
para siempre, al frente.
Y el gorro,
nido que cada primavera incubará corazones de color blanco cáscara,
(de huevo),
también lo vi.
Cría, en su cabeza, aves expuestas siempre a que les cercenen las alas.
¿Condenadas a vivir tras una máscara?
Quién querría ir allí, (venir aquí).
A lugar tan ajeno.
P.S: aquí comenzó Sinequi, (aunque se aplicase con carácter retroactivo), el titular entradas con la misma palabra leída de izquierda a derecha y viceversa.