Los Egros
Egros son negros que lo son, y no lo son.
¿Les has visto en otro fondo, con distinta iluminación?
Gero anda siempre con la lengua afuera,
pero literalmente,
no como figura literaria,
tanto que, tal parece, en cualquier momento podría, así, fuera de su boca descolgada, perderla.
Siempre atareadísimo, con su sombrero de copa diminutísimo.
Eso cuenta.
Es porque no quiere aceptar, (ante nadie, incluyéndose a sí mismo), que le cuesta mucho esfuerzo caminar,
que le cansa esa pata, tan distinta de su otra pata, que le ha tocado llevar.
Greo tiene un caminar magnético que se diría, no toca siquiera, el suelo.
Dicen que, por un mal viaje,
de esos caminares suyos,
e
n los que el magnetismo perdió,
tal bofetada se dio,
(contra ese suelo que nunca había tocado primero)
que la cara se le quedó destrozada por el medio.
Pero se te acerca,
(él recuerda quién es, no su cara),
directamente con su mirada,
y su andar
y su mueca magnéticos y,
como le veas la sonrisa,
estás (te va a dar a igual la mitad de su cara) completamente perdida.
.
Egro respira profundo y sereno.
Ve,
lo que en frente tiene,
tranquilo.
La pesca,
al final de su ciclo vital,
le visita
y
a su pico llama para convertirse en su alimento (destino).
Con mesura siempre, sin gula, la ingiere.
Podría,
de necesitarlo,
volar a cualquier otro lugar pero
está a gusto,
(
solo, sólo),
en donde está.
Los egros son tres de dos trazos cada y uno un grupo .
.Los dos trazos de los Egros.
Tus labios y el duende
Dibujaría tu boca.
Labios de color ajado por el tiempo carnosos todavía.
Comisuras oscuras, casi negras, al igual que cuando en contacto con el otro, (la otra), el uno.
En tu cabeza un pañuelo enredaría al viento, (que tu rostro y tu cuello serían),
cubriría la mitad de tu cara por él, (tiempo), por ello, no manoseada.
Dibujaría tu ojo inmenso, (de tamaño que abarca un mundo, una época, un sueño), cerrado;
ocupando casi todo tu rostro cuando tú así, plácidamente, en reposo.
Dibujaría, tu ojo, que sería boca, cuando tú, ahí, casi escondida tras, (…tu rostro),
a punto de venir a mi encuentro.
Pintaría en hojas de fibra de morera, y sedas y de papel maché y te preguntaría si te reconocías en algunas, (todas), de ellas.
Te dibujaría.
Si existieras, si existiéramos, (si supiera).
¡Cómo no te besaría entonces!
Qué, de no haber dejado de hacerlo, con tus labios, no haría.
.El duende.
El duende, de un solo e inmenso ojo, quiere acercar sus labios, a tu boca.
Y tú sonríes, dejándola, (traviesa, juguetona y diminuta),
ir, mientras una mano,
(pie de dragón como de oriente y que más que volar es, cual pañuelo, por el viento llevado),
del, a tu espalda y duende, te aleja.
Te crio, con toda ternura, (cuidado), de que fue capaz, una bestia;
te cortejó un deseo fantástico, (imaginario)
y fuiste (escurridizos) labios.
La mujer del gorro fenicio y Rejum
LA MUJER DE GORRO FENICIO
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), es muy chata y de ojo, si hay que elegir, más pequeño que grande.
En sus pantorrillas habitan sus senos y el rostro en sus muslos.
Toda ella, (con su caperuza incluida), es cuerpo de un ave que mira erguida, con su cabeza sostenida por cuello largo y tan fino que imposible pareciera, (de no estarlo presenciando), que pudiera sujetar nada en absoluto.
Mira al horizonte, que es mirar el interior de una cabeza que de frente mira.
Lo que en todas direcciones la rodea, por favor, ya tú, mira.
REJUM
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), sólo patas arriba si, contra su voluntad, y, entonces, con boca abierta, girando al máximo hacia atrás su cabeza, como queriendo capturar el respiro del que carece, suplicando, quizás, ayuda, que la deje, que no la mantenga así colgada en un aire que más que respirarse, el suyo ingiere.
Su pie, se conectará con ella por un hilo solamente que, (presenciándolo, creerías que soporta el peso del cuerpo sobre él y, sin embargo, nada sostiene, solamente está tieso).
El pie, (mirando al frente, no hacia atrás), el hilo y ese cuerpo de caparazón, (caperuza).
No mira.
No le consiente la situación, (la postura), más que mantener mirada, (que no ve), hacia arriba.
Lo que, a su en rededor, en los sentidos todos, si a bien tienes, mira.
Una cara del arlequín de dos caras
De entre todas las de la escena, que varias son, esta (ignorando el porqué una sola he de elegir), esta cara del arlequín
.Una de las caras que apartar de la imagen de “el arlequín tiene dos caras”
Arlequín de dos caras
El arlequín, de dos caras, tiene un único rostro.
.Arlequín de dos caras.
El arlequín de dos caras tiene una derecha (observante, vigilante).
Supervisa a qué máscara, (qué gorro, qué vestimenta, qué personaje, que…), consiente, atravesar la puerta hacia el escenario.
Ha de discurrir, cualquier elemento, (situación), en espacio nítido y amplio.
Su pierna es barrera previniendo la entrada de cualquier intruso, (de conocidos varios).
El arlequín de dos caras tiene una, izquierda, ensimismada, (atenta, relajada), que ve en el desorden, (en el barullo, en el caos), lo que une a presencias, (tantas), tan diferentes.
Su pierna, es reposo, (bienvenida), para tantas visitas como recibe.
PS: Dos firmas, de haberlas, significan particular interés en mirar la imagen en ambas posiciones.
No siempre, que ese interés hay, ellas están.
P.P.S: aparto una cara
Vidriera sucia en día luminoso
También hay vidriera que sucia y sin luz afuera, (adentro).
No está aquí.
.Ventana sucia en día luminoso.
No hay suciedad que convierta a cierta luz en oscura, (mentira).
Emborronar, (emponzoñar, ensuciar, enmugrecer, enturbiar, pervertir…),
la superficie que atravesar pudiera,
eso sí.
Y aun así, habrá rendijas, resquicios, y fisuras en donde guardar la esperanza limpia.
¿Has contemplado, alguna vez, vidriera multicolor muy sucia, en día luminoso tras ella?
¿Qué, (de ella), queda?,
¿qué queda de ti?
La sujeta aire
Cuídate del aire que todo puede sujetar
No verá a una bestia orinando intencionadamente sobre su nombre sino, de una criatura, lágrimas.
Eso la mantendrá capturada (la convertirá en su presa).
Y sujetará con el metacarpo de su mano flexionada.
Será puente, (conexión), entre irreconciliables.
Será, (de aire), paso.
Capturará aire
y se le escurrirá entre los dedos.
Correrá hacia adelante atrás mirando
unida la cabeza al cuerpo por grapas de aire solamente
y llegará a, (escapará de), ninguna parte.
Hablará, cada vez, como si siempre hubiese posibilidad de encuentro.
Y sus palabras serán peldaños de aire cuya temperatura no derretirá, del otro, (de la otra), su máscara de hielo (de acero).
Todavía sujeta, (por aire cosida),
ya sabe de la estructura vacía, (de cartón con peso de piedra), que había.
En algo más volitivamente resignada convirtiéndose, camina.
Y espera, (a ratos), al viento:
al aire que corriendo,
a su lugar lleve, (traiga),
a cada sujeto.
Payaso triste
El payaso triste es hombre.
El hombre triste eligió profesión con la que poder ganarse la vida usando su condición y, de paso, haciendo pasar, quizás, a alguien, un buen (ello, en vez de un mal, escogió) rato.
Aparece tras cortina gruesa y pesada y roja y calza más que bota, playera alta.
Viste del color de su mirada, (de su palabra), y, por oposición a la tristeza que conoce, sabe de cómo alegrar el espectáculo.
El hombre triste no es payaso.
. Payaso triste.
Mónica
Mónica escribe su destino con pluma blanca,
(limpia porque lo está y porque, de emborronarse, (de emborronar), reconociéndolo, la limpia),
vigorosa, delicada, vulnerable y firme.
Posee el continente adecuado, (la protección),
para el germen del embrión que a su lado camina, (que tras de sí dejará):
su comportamiento redondeado, blanco, (nítido).
Mónica teje un tipo de paño de pluma, particular,
(con la que se nace, de la que se decide cuidar), de nombre Rina:
el de la inclinación esa de, sin pedir, (sin ser pedida),
dar sin por ello dejar de, al mismo tiempo, tejer para sí la pluma que la conducirá.
.Mónica.
El tipo algo rechoncho de la sala de conciertos
El tipo algo rechoncho, con ojo enorme, no sé muy bien lo que hace, salvo estar en escenario de una sala de conciertos.
Parece más que esté una actuación presentando que él mismo actuando.
Le veo, mi oído no le alcanza.
Está en medio de una escena en blanco frente a un micrófono negro.
Nadie parece escucharle y, de haber quien lo intentase, el ruido, (el ambiente), no sé cuántas voces tendría que discriminar antes de alcanzar la voz del hombre.
El tipo algo rechoncho, y con un ojo negro y enorme, (que le ocupa la cabeza entera), aparece en un escenario en blanco, por lo demás, rodeado de ambiente fantasmagórico.
Todo lo que no es el tipo algo rechoncho, (que viene a ser movimiento de grados de 90 una vez y otra y otra), es un teatro de sombras:
las perfectamente claras, (oscuras), y las que van (vienen) apareciendo, según te aproximes, tú, a ellas.
Hay ruidos, y sombras, y formas fantasmagóricas, y un hombre, (con un solo y gran ojo), del que ignoro qué alcance tendrá lo que cuenta.
.El tipo algo rechoncho de la sala de conciertos.
El escarabajo de la (no) patata.
El escarabajo de la (no) patata aborrece los tubérculos.
Camina a dos patas con la gracia del vaquero de piernas arqueadas para compensar, quizás, haber nacido sin espuela tarsal.
Así, caminando con su estilo de oeste y americano, tan tranquilo, (tan despreocupado), se le cruza una mosquita de cuerpo rosita más que rosáceo y un sombrero de copa de prisma cuadrangular (con bordes suaves y ala como con figuras cónicas alargadas).
Distraído, el escarabajo, ni nota mosco alguno en su vereda, y así (sin darle tiempo ni a preguntarse siquiera qué ha sucedido), le pica, la mosquita no muerta, en su parte más superior y derecha.
(Pero un pedazo de picotazo, ¡oiga!, no cualquier cosita sin importancia).
A tal velocidad todo sucede, que, sin el rostro haber reaccionado todavía al dolor, la toxina del… ¿piquito? había llegado ya a su interior.
Sin remedio, ahora, ha encontrado un camino nuevo entre las piernas arqueadas, que le llevará al …¿amor?
La no muerta mosquita, con su sombrero y sus pestañas alargadas, le inoculó, sin consentimiento, el veneno al escarabajo de la (no) patata.
Ahora, (en todas las posturas, todo el tiempo), uno son.
(Giren por favor la imagen, una vez y otra, y dígame si están o no de acuerdo).
A dónde llegarán por ese camino envenenado, ni pista tengo.
.El escarabajo de la (no) patata.
El escarabajo de la patata es rojo con puntos negros…….
El dragón Dragtus
Siempre, durante todos estos años te importó.
Habrás sabido cuándo aquí, (o ahí), estás y, sin embargo hoy, hiciste un dragón, (para allí), que, (sin darte cuenta), de aquí era y no de ahí.
Pondrás, (es para ti importante), atención en adelante.
El dragón verde de un solo trazo está en su caja expositora y Seq es su cola.
Si lo suficiente te acercas, y la mirada le mantienes, verás la intensidad, (la profundidad de una historia que en ningún otro lugar), que sus ojos diminutos albergan.
Le pusieron Dragtus porque es hijo de dragón y cáctus y, de cada uno, heredó algo que no (sí) fue ganancias (ni pérdidas) sino apariencia.
Pero él, sólo responde, de nombre, al de Dragón.
De otra forma le miran con sorna juzgando, sin preguntar siquiera, (continuando ignorando), qué es esa historia de que sus padres…
Lo que él llama la entrada de su cueva, es para ti, dos serpientes erguidas y completamente negras, como columnas, (con ojos de color idéntico al de Dragtus), custodiándola.
La gruta espacio de fuego que arde y no quema.
Te previene, (el aspecto), a ti, de acercarte a él (a ella, a ellas), aunque, en realidad, todo el daño que inflija sea luz cuando afuera oscuridad, calor, cuando frío y alguna espina que solamente a él hiera.
Quién sabe lo que verías si al dragón vieras.
Pero no te le acercarás.
Habrá de ser él quien a ti venga.
. El único trazo del dragón Dragtus.
Red atrapa blúfalos y vendedor de humo
Solución definitiva para asegurar, que nunca jamás, entre en tu casa…
¡un búfalo!,
(¡no me digas “no la necesito”!).
Es un bluf, ¿aló?, con un halo, eso sí, (¡buf!), de exclusivo y único.
Está, a trozos, más anudada que convenientemente cosida, y con un tamaño de malla que fácilmente atravesaría, más de un león, a la vez.
Y fría, ha de estar casi congelada que la temperatura es lo que más puede mantener al animal ese a raya
.
Sí, prepárate para la factura de la luz
¡Pero no tendrás búfalos en casa!
¿Atrapará, también, bufa (la)?
El tipo de tez, (y cuello), gris claro,
con sus sombrero de copa, (y abrigo) negros,
es vendedor ambulante.
Aprovecha cualquier situación, lugar, oportunidad, (o su ausencia), y vende, lo que ninguna falta les hace,
hasta a las piedras.
Ambula,
no cesa,
sigue, del humo, el rastro,
y allí va,
y vende.
¿Eres, de humo, vendedor, incluso sin haber puesto precio a tu producto?
La pared rota
La pared rota fue de muro grueso y esqueleto de acero pintado de colores oscuros y mate.
Resistió, hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un horizonte a láminas integradas en una de puesta de azul y sol.
El suelo no estaba roto.
Soportaba todo el peso que le llegaba.
Hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un océano como de cueva en la que las estalactitas se adentran en al agua.
El techo está sin quebrarse todavía.
Resiste, las tensiones, los golpes, las.. los… con claraboya forzada a soportarlo.
Hasta que deje de hacerlo.
A su través, se ve un cielo atravesado por láminas, seguramente, de acero.
El hueco de la pared rota no es ventana,
no decides tú, del aire, (la lluvia, el paisaje…),
el cuándo, (cuánto), sale, (entra).
No hace, (ace), ro, su marco redondeado.
De la pared, el hueco, recibe cuidados:
· Una criatura rubia de cuello muy alargado y ojos diminutos intenta, a través de cables, recargarlo.
· Otra, con puño de acero, incrusta pieza amarilla y metálica en la pared para reforzarla.
· La más coqueta, con los piececitos muy juntos, con falda de tubo apretadísima caminando, inclina hacia atrás su espalda para verter, en hilillos, cemento que pueda cimentarlo.
· La más esforzada, sosteniéndolo sobre su espalda, con una pierna encogida y otra estirada, utiliza un mecanismo, con tubos finísimos, para regenerarlo.
Animálima
Dejo una imagen solamente pero la animálima me recuerda, para ver lo que ella ve, mirar girándola.
La animálima es un animal de rabo y pezuñas negras y cuerpo y capucha color lima reflectante.
Camina, a ratos, y por lo que a la tierra se refiere, a veces medio bajo, otras mitad sobre, ella.
Lo puede hacer, (moverse), con pies, cuerpo, cabeza y hasta con corazón (no la imagines erguida a dos patas solamente).
Disfruta cuando le toca, más que reptar, deslizarse pues sabe diferenciar (otra de sus cualidades), cuando, dejarse por el peso de la situación llevar, a alguna parte conduce.
Le gustan la noche, y el valle, y los altos montes y, cuando comienza a apagarse, tiene también, con el rostro de una cueva, lugar para recargarse.
Si quiere más desapercibida pasar de día sale, cuando su luminiscencia, (por de aquel la luz), opacada, aunque, no suele encontrarse con nadie tampoco de noche.
Entre que de día no la notan y, en la oscuridad, no hay tantos con los que cruzarse que notarla pudieran,
no anda muy acompañada salvo de alguna criatura que otra de las que las colinas albergan,
(y los valles y las montañas y el firmamento y el viento y el pensamiento y el sentimiento y el… y la…).
La animálima, (en todo lugar notas le dejan), nunca está sola.
P.S: Hay por ahí, su color repartido en otras partes, te deslumbrarán también, mas no son la animálima.
La habitación azul eléctrico
La habitación está tras la blanca que todas sus paredes hace ,en azul eléctrico, encontrarse.
Tenlo en cuenta pues,
Si decides descubrir en sus adentros,
será,
pese a tu voluntad
y pese a ello,
ella la que,
(bajo sus condiciones),
en ti entre,
no a la inversa.
Vence la tentación, (la obligación, la curiosidad, la herencia, el recuerdo), y pasa de largo, (o de corto, pero da el paso ese).
No metas, en esa cerradura, la llave esa, aunque a mano la tengas (a espalda).
No regreses allí adentro (aquí afuera).
La entrada de la habitación azul eléctrico tiene (es) cara.
Aterac y Lacareta
Habitualmente, vas haciendo aparecer, otras.
Un simple relleno de color, y surge (enmascara) lo que haciendo estabas.
Que, lo que así es, sea así.
Lacareta es negra y criatura a la que cercenaron las alas.
Reside en unas hojas de un verde que más que esconderla la previenen de que, cualquier observador, deseara, siquiera, mirarla.
Quién querría ir allí, a lugar tan … (¿ajeno?),
para contemplar ese verde reflectante, cegador, agraz,
naciendo en lugar,
(en vez de marrón madera de árbol),
negro.
Yo fui.
Es inquietante sí, (aun habiéndola ido a buscar), encontrar, entre una maleza tan hosca, esa presencia, y detenerte a mirarla de frente a los ojos, (que te devuelven esa mirada imperturbable y, sin embargo, suplicante), y no al cuerpo.
Al cuerpo no, (ni a la cara).
Por no incomodar, por la máscara superar, observar, entre la maraña, el mirar de una cabeza enmascarada.
Yo fui.
Boca abajo porque sí.
Y vi su figura estilizada con su abrigo negro y su corazón blanco enlazado en la trabilla de su espalda.
Su tez verde brillaba y deslumbraba (sí)
y protegía de la oscuridad y de las alimañas a las que,
por eso precisamente,
espantaba.
Su pelo recogido en un moño y su rostro reposado y sereno mirando,
para siempre, al frente.
Y el gorro,
nido que cada primavera incubará corazones de color blanco cáscara,
(de huevo),
también lo vi.
Cría, en su cabeza, aves expuestas siempre a que les cercenen las alas.
¿Condenadas a vivir tras una máscara?
Quién querría ir allí, (venir aquí).
A lugar tan ajeno.
P.S: aquí comenzó Sinequi, (aunque se aplicase con carácter retroactivo), el titular entradas con la misma palabra leída de izquierda a derecha y viceversa.
Los nosés
Y entra ella, (a mi espacio de trabajo del suyo regresando), con mirada preventiva, anticipatoria,
(aquella que muestra un pensamiento de “algo más va a haber hecho que yo no veo pero igualmente ¡preguntaré!”).
Y le digo: “no sé qué título ponerle qué opinas”.
Y mira, como quien así mismo se desafía, y dirá lo que cree que decir no sabe, diciendo, tras la respiración contener, (ahí encontrando su fuerza):
“No sé, ¡así se llama!”.
Mirándome, con ojos de quien en sí mismo ha visto la posibilidad de decir lo… ¡imposible!
Y en eso se quedarán su historia, y su nombre.
Los Nosés,
no sé si caminan a extremidades, (a pecho sí que sé, ese lo llevan bien cubierto),
de hueso al aire, (abierto no está, ni roto, ni suelto, ni lanzado al viento),
o sólo lo muestran en parte.
Por no conocer,
hasta desconozco si eso que enseñan es hueso,
o un tubo que necesita airearse para mantener su… ¿ (dis)…fun…ción?.
O se…
Ignoro si cortan también, el bacalao, aparte de sus propias carnes,
(que eso sí que lo hacen),
que continúan alimentándole, regenerándose
o si, de hacerlo, sería con manos, o con pies.
Quizás sean uno, o tres pues en conjunto tan íntimo que como uno acoplados actúan a veces yendo, otras, por separado
(el de patas alargadas caminando con su estilazo que…).
Por no saber, ni sé cómo mirarles, si desde arriba, si desde abajo, si por detrás, sin por delante…
Algo sí diré, aunque, en realidad, sí que sé,
no sé.
P.S: como siempre en los 2d, si a bien tienen, giren la imagen por si encuentran, en ello, algún otro entretenimiento.
.Caras del Jarrón roto.
Piensas que sucesos como la “posesión”, o los “arrebatamientos” atacaban en exclusiva a los 3d y resulta que no.
Hoy aprendes que, quizás, ahí estén en todo momento, que solamente cambia si son ellos, (o tú), quien controla el proceso.
Salen, del Jarrón roto, más caras.
Me (¿porqué, para qué?), detengo (paso a una pieza nueva)