Sinequi (Seq) Sinequi (Seq)

Nipón

Los que, de cuando en vez, aparecen con, en común solamente, de alguna forma de aquel lugar proceder.

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Manecilla negra de reloj

Manecilla negra de reloj (vendedor ambulante)

La manecilla puntiaguda de reloj es negra.

Ni de pared, ni de muñeca.

Señala la dirección sin hora, y él, a contra reloj camina, (y a pasos que marcan “tic, tac”), brazo izquierdo hacia atrás cuando hacia adelante la pierna derecha y viceversa, (como si algún lugar al que llegar tuviera, antes de que, de su tiempo, la cuerda se extinguiera).

Camina, ambulante, el vendedor que vende, (a su espalda acarreándolo y ni lo gana, ni lo pierde), tiempo que parece caminar de puntillas con delicadeza de bailarina de ballet, siendo, a la espalda, carga.

Manecilla negra de reloj, (ave).

Vuela el ave, con patas de manecilla, por manecillas dirigida hacia un adelante inexorable, en el que cualquier idea, pensamiento, que haya tenido, ha de quedar, abandonado, (¿suspendido?), en el tiempo de aire.

Manecilla negra de reloj (tiempo en pie)

Es criatura de pico caído, negro y alargado, el tiempo; y está en pie.

Así quieto, (detenido), su espalda, que ya sabe lo que fue, no puede menos que sonreírse sabiendo a su presente así, con ese deseo expectante, mirando a lo que por venir esté, (sea cual sea la complejidad incomprensible de su apariencia), y sujetándolo con, de manecilla, su brazo. Todo antes de saber, que no es ya tiempo de acercarlo o apartarle.

Manecilla negra de reloj (tablero)

¿Has mirado, alguna vez, del tiempo, bajo su tablero?

¿indagado bajo de, de su mesa camilla, sus faldas?

¿qué dibuja su manecilla si doblas, del reloj, la esfera?

Es negra, del reloj, la manecilla.

Con ella, lo que a cada momento sucede, en su suelo, dibuja.

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Musita

Musita tiene esposo y está aquí.

.Musita, de Samurái la mujer.

La mujer de Samurái cubre su cabeza con pañuelo de color rostro del hombre.

La piel aceitunada de su cara es tan fina que cualquier brisa la mueve y la saca de sus bordes.

Sus ojos negros más que cuencas parecen ser lentes (todo lo que ve filtran liberándola de lo que ya pasó que ver no quiere).

Sujeta, su cabeza, (como si pincho de pelo hubiese sido siempre), la catana que a Samurai le une.

Su boca siempre entreabierta, antes que hablar, (como el viento que partes de su cara estira), musita.

De ahí procede su nombre, y de ser musa, (esa que la catana en pincho convierte), de la única persona, (hombre), que lo pronuncia.

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Samurái con barbilla puntiaguda

Samurai tiene esposa, y aquí está su cara

.Samurái de barbilla puntiaguda.

Samurái tiene nariz tan chata que como cortada; ojo de un planeta rasgado en vertical; y barbilla alargada y puntiaguda tanto que, con sólo rozarla, te hace sangrar.

Carga en la boca lo que, siendo catana, podría parecer, (¿de pelo pincho?), alguna otra cosa.

Parte superior de la cabeza rasurada, como ha de ser, y a punto de recogerse en un moño el pelo sobrante.

Nuez prominente que no se sabe si ha sido incrustada desde afuera o surgido, como su deber es, desde el interior de la parte frontal del cuello.

Su voz no sé.

Es hombre que, de con mujer hablar, será sólo con la suya y con nadie más habiendo presente.

De andar dando por ahí, alrededor, vueltas, se encontraría figuras, apariciones, seres… que enfrentó, (o enfrenta), y le definen.

Más no se mueve.

Ahora espera a que la batalla, de haberla, le encuentre.

Tiene hoy, sin ir más lejos, (más cerca), a un ninja cara a cara que piensa que, tan camuflado está, que no le ve.

Pero Samurai, a estas alturas, ya sólo atacará si es para defenderse, no por a quién ve o no ve de tan cerca.

El samurái se llama Samurái pues hay veces en que tu profesión, (ocupación, oficio, …), es tu nombre.

El otro, (suyo), solamente lo pronunciará la mujer suya y cuando nadie esté presente.

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El Samurái y la Balda

Tendrás que aprender que a veces, lo que veas, se expandirá, se multiplicará de tal manera que tomará  forma de pausa. Y no le pondrás palabra, le dejarás permanecer como aquello en lo que algo, de nuevo, cada vez que mires, ver. Ese distanciamiento de tu implicación en el proceso, (permitir que lo que de tu mano nace, de ella se escape, discurra por…), será reposo.

La balda amarilla está suspendida del techo de aire.

Bajo ella, (y a su en derredor), sucede la vida de quienes ella no son.

¿Es todo lo presenciado lo que su vacío alberga?, ¿llena?

La balda amarilla está vacía, (llena).

El Samurai, en la esquina esa derecha, lejos de arrinconado, cerca de lo que observa.

De arrodillarse distante, en su lugar, sentado correctamente.

No pasan a su través, (ni en los alrededores suyos), las vidas que contempla.

Sabe que parte de su aprendizaje son, pero no suyas, (ni a su alcance), y así las deja.

P.S: el reposo mencionado en primer párrafo, (cuando del Samurai y la Balda), la hoja en blanco en que están, colocada en sus verticales. Cuelgo, sin embargo, los horizontales, ¿es eso invitar a que el observador participe moviéndolos él o qué…?

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Mujer embarazada de cabeza gigante

Seguirás sin comprender cómo se relaciona lo que de tu mano sale: si es todo uno, o son entes individuales a los que firmar, (escuchar), por separado, (si complementarios, si excluyentes…). Te resultará, (¡todavía! y más cuando te enfrentes a todo organizar), desconcertante, frustrante y drenante.

Habrás de contemplar que siga su curso, como el de un caudal de agua en el que tus manos podrán sumergirse, pero no, (por de allí sacarlas), parar.

Mujer embarazada de cabeza gigante

La mujer, embarazada de cabeza gigante, rompe aguas.

Las rompe, (las vierte), y por dentro, de alguna manera, la rompen al explotarse, (explotarla).

La mujer embarazada sujeta el peso, (de la cabeza gigante), con una red de malla de agua que todo lo resistirá hasta la única vez, (de la que no habrá retorno, ni reparación posible), en que se desgarre.

La cabeza combate, (al tejido que la apresa), desarrollando ya un cordón umbilical exterior, (de agua).

La mujer, (para compensar la pérdida), en vez de llorar por el dolor de la protuberancia que la atravesó, (y más líquido perder), bebe agua, (de rocío caído de un tronco de árbol talado que salió despedido de un lago).

Serie de la “mujer embarazada de cabeza gigante

En otro estado, habría sido, (es):

  • africana acatarrada y alvina con moño alto, (al natural y copia de sí misma);

  • tronco reposado gestando brotes diminutos, (verdes y sanos), charlando plácidamente, con la rata Plácida, en la naturaleza;

  • Luchador de sumo, como es natural, montando una Bultaco de 1976, (“frontera 370”), sin ruedas;

  • Ratón hijo de un desliz de su madre con un gato peli rojo, (al que nunca más volvió a ver, al que a diario ve en los colores del hijo), serenamente sobre el lomo de un hipopótamo, naturalmente llamado, Sereno, (y sereno de profesión);

  •   …

pero no es su estado.

De la mujer embarazada de cabeza gigante, si nada sabes,

no sabrías si así es o, en realidad, a la cabeza, (gigante), una mujer parasita.

Nada,

hasta que no nazca el gigante,

sabrás

y,

quizás,

ni entonces.

P.S: dibujar al gigante cuando nazca.

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