Perro muy cansado
El perro está muy cansado.
Soporta, su cabeza, (tan alargada), el peso de una humareda toda.
No, no le sale, de las orejas, el humo: desborda, (sustituye), a su parietal bifurcándolo.
Llenando un globo ballena a un lado, atravesando, al otro, (como en dos partido, como en un partido a dos), un humero.
La fumarada llega a un tipo de lentes, (verde claro brillante y algo neón), que la bebe con su boquita de pajarita.
Tiene, el muchacho, cabello rubio sol que acicala, (pegándole más que peinándolo), con una fusta de goma dura y color perro exhausto.
La porta entre el pelo y la frente para mostrarla, (cual tatuaje), y por tenerla, (!nunca se sabe!), siempre a mano (y al frente).
Las lentes llevan aparatos electrónicos por patillas que ven, (escuchan, aspiran), lo que, de otra manera, sólo chucho siendo.
El can agotado todo lo lleva en la cabeza, (de ella sale, en ella entra…todo ese peso etéreo que te hurta el aliento).
Sabe que la columna, (que al joven vertebra), termina en un pie de puerta cerrada y en otro de ave por zapato de tacón, (uno pisa, sella, el otro vuela);
y qué tipo de camiseta, (con, en su manga izquierda bolsillo), lleva en su cuerpo diminuto;
y que alienta el globo (de humo de ballena),
y que…
Al tuso rendido se le ha ido estirando la cabeza hasta hacer llegar, su mandíbula, al suelo.
Es cuadrúpedo:
patas muy finas y dos, y otras tantas más gruesas, (una de humarazo rebosando que la estira hasta llegar al cuerpo),
y una cola larga y plana con tiro de chimenea, (claro, limpio y vacío), en ella.
Hay
una puerta, (pie), y cerrada, en el suelo ,
un bolsillo a rebosar de humo de secretos,
y un tiro, (camino, canino), en…
El cansado está muy perro.
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Calavera
Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que la edad señala. ¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que pese a piel tersa, menos años… y… qué muestran?
Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.
Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.
¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?
¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,
¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,
ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).
Me, (te), preguntas si es un calavera.
Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.
De donde te fuiste para llegar aquí.
Caramelo de fresa con palo y relleno de chicle
Hoy, (conversar contigo… ¡el camino ese!), llegué a un lugar del que no guardaba memoria significativa alguna.
Se mostró como globo ocular en un rostro apareciendo, (desapareciendo), en las nubes de distintos tiempos, (y como cinta de sudar el palo, caramelo el cierre, en frente de cúmulo amarillento, y como…).
La fascinación de aquella niña al ver,( ¡lo que nunca primero!), ese, intacto, me fue entregado, (regresar a un momento feliz, al que solamente tuyo siendo, no habrías, de otra manera, alcanzado).
.Caramelo de fresa con palo y relleno de chicle.
No está en tu mano, (de la mía hablo), recordar lo que alguien más evocará independientemente de su intención buena, (a este tipo de persona me refiero aquí, a las otras no), en tu mente, en tu sentimiento y hasta en tu cuerpo.
¿Qué palabra, (sonido, gesto…), te llevará allí de donde no te habías vuelto a acordar, ni relevante en absoluto, (esta clase de memoria traigo aquí, no otras), lo consideras?
Encontrar el recuerdo será como rebuscar apariciones, con otras mezclándose, sin confundirte confundiéndose, (de estas hablo, las confusas son otras), entre nubes a cámara rápida, (desenfrenada), y borrosa. Desenfocado y mezclado con los demás de toda la vida, (sin orden ordenados). Reconocerle y ser capaz de congelar, en el momento preciso, la imagen que lo contiene.
Entre memorias, (olvidos), que no lo serán hasta décadas después y en un conjunto que, hoy, reinterpretarías, (si eso fuese lo que pretendieses, consintieses, que no lo es), de una manera diferente. Conjunto que pinta, (manteniendo el escenario original), una escena, (varias incluso), bien, (mal), distinta.
Pero le dejas llegar como está, (sin que nadie más lo haya vuelto a visitar pues sola lo descubriste, lo presenciaste), decidiendo, (así de generosa te encuentra), que así se quede.
Necesitarás gafas con lupa, (como usa el relojero para construir lo que el tiempo medirá), en color pez payaso, y, bajo ellas, siendo el palo boca recta, a su izquierda, encontrarás aquel caramelo de chicle relleno.
Hoy sé, (apartando alguna otra cosa más), que nunca fue, aquel dulce, de sabor a fresa, (¡el primero, de su especie, en aquel lugar!), más que un recuerdo de chicle pues, (¡palabra de fabricante!), sabía a cereza.
Evocación, (acompañando y acompañada), de lo más diminuto, (lo más grande): ¿conoces fresa, (cereza), con sabor que se le pueda asemejar?
PS: el tipo de “frente de cúmulo amarillento” del primer párrafo de esta entrada es esta última foto girada 180 grados.
Botín de hilo
Deja aparecer lo que aparezca y, tras ello, hazte cargo de que de ti no viene sino a ti, (que a ti llega), para guardarlo, desecharlo, o para irse caminando a otro lugar que no seas tú, que, (ojalá que, tras el número de pasos como estos que requieras), ya no serás quien eras.
.Botín de hilo.
El botín de hilo, de verdad, lo es.
Y lleva una flor, (de mentira), también, (como de ‘pega‘ ,de verdad, como esa muerte que me comentas cuando me hablas del día aquel en que de él te caíste y fue para haberte matado).
Y ese hilo que le sale del escote, (que senos no requiere), ¿a qué más allá se dirige?
No lo cortas, ni lo estiras, ni lo recoges, ni de él tiras.
Le dejas que adorne, que cuelgue, que…, con el destino de los hilos, cumpla:
llevarte a algún lugar, solamente, si les sigues.
El botín de hilo es de tacón alto.
Hazte, de esa carga, cargo.
En ocasiones vendrá a calzarte, a pisarte en otras, la mayoría no pasará ni por tu lado.
Me dices que, del dolor, te mató su taconazo pero bien sabes, que, sin estar mintiendo, verdad no dices.
Hilaste un botín de verdad, (mentira), de hilo fino (falsa pintura), de tacón alto.
Pizarra
No escribas de no ser en superficie de pizarra de la que puedas eliminar por completo tus palabras de tiza.
Con borrador que convierta en polvo definitivo el sulfato de calcio hidratado.
Antes de hablar, piensa en alto viendo tu pensamiento escrito en pizarrón y, una vez así observado, descubre si es reflexión o, de polvo de yeso, vómito.
.Pizarra.
Pizarra desgastada por el uso, (y el tiempo, y sus inclemencias, y su paso), por, de desuso, abandono.
Garabateada hoy, escrita, (ayer), mañana.
Marco de un rayo de tiza atravesando, (con fuerza, a veces para ser relámpago, invisible a ratos), un cielo nocturno y nublado de tormenta grata.
Aspadera de hilo de yeso desmadejado.
Tres letras, siete, ninguna, nada.
Nada.
Pizarrón de los de antes tras haber, de su superficie, borrado, (del todo nunca), el rastro blanco. En donde anotar frases para olvidar, (que recuerda).
La impotencia, la tristeza, la rabia, ( belleza) …: garabatos en un encerado de antaño.
Trazos que trazas.
Traza, (y rastro).
Restos de lo que otros en ella trazaron, (aunque los haya borrado).
Teja para tejar, pavimento que pisar, ornamento…
¿La has llegado a tocar?,
¿notado la delicadeza de su grano?,
¿su textura opaca y tenaz, que, si a trozos, en láminas?
¿Acudiste al lugar aquel del río de aguas plomizas de donde procede?
Ve y contempla qué le acabó por hacer a, (para qué la preparó),
aquella pizarra.
Dos dinosaurios charlando
De ser hoy, (julio del 2025), debieran hablar un poco al menos, girando página: de la boina negra el tipo, córvido imprimiendo ojo de tinta negra con su pico, el hombre de con ojo y boca negra que estira el brazo parando cualquier desastre en el futuro… y una cara de hielo que, con ese nombre, se va a esa etiqueta.
Pero no fue hoy.
.Dos dinosaurios charlando.
Dos dinosaurios charlan tranquilamente uno frente a otro.
El gris, algo despatarrado, habla.
El verde, con un brazo con escayola color marrón barro y sujeciones negras, escucha.
Habla el verde, el gris interrumpe.
Comenta si no se estará, desde allí arriba, acabando el mundo con ese par de volcanes: ¿Derretirán esos dos hilillos de lava rosada el hielo de la cueva esa, (en vez de oscura), tan clara que, si la montaña se descuida, va a acabar por, por entero, ocuparla?, ¿y ese pie gigante que la protege, (a la gruta), con sus siete dedos, de qué saurio es?
Dos saurópodos viven en un mundo que uno cree que se extingue y el otro quiere que, su pata rota, le cure. Hablan, sin duda alguna responderse el otro al uno y viceversa, cada cual, de lo suyo.
Hombre de un brazo largo
Desde el ángulo prefieras, mírale, y escribe, sobre esta imagen, tú, otra historia.
.Hombre de un brazo largo.
El hombre tiene un brazo que es largo y bebe deshechos que, en vez de enfermarle, le fortalecen, (al brazo, no al hombre).
Su pecho flácido (caído, alargado, colgante), termina en un pezón protuberante.
Su mano, de ser necesario, camina usando su pulgar alargado cual tacón alto de botín irregularmente recortado.
El hombre tiene por pelo un tupé que zapato, (con tacón de nuevo), y, al revés, parece y, sin embargo, es un pedazo de luna cubierto, de manera bien inusual y curiosa, por la noche. ¿Por qué se disfrazaría la luna de tacón amarillento, como si sol quiera ser, cuando es blanca y palidece?
El hombre lleva una carga al hombro, desde una figura de cuello alargado que parece ir contándole algo hasta pensamientos opuestos que le llegan a la cabeza: sombríos, oscuros, afilados unos, festivos los otros.
El mismo hombro sujeta la entidad que genera los deshechos de los que el brazo se alimenta.
El hombre que no camina, se mueve cogido de su propia mano.
Retrato de un ojo verde
.Retrato de un ojo verde.
El hombre, (en barba y cabeza pelirrojo), pesca.
Con su nariz, en dos partida, literalmente, (como libro que no hubiese caído boca arriba) y, en pie, (abierto como en dos mitades que, hacia abajo, miran).
Bajo ella, la que podría haber sido como aleta, (o branquia), más fue libro.
Atravesando su cara plana, (en plano), dos anzuelos, (uno a cada lado), del verde de su ojo ese que tiene su lacrimal cerrado (abierto), a consecuencia del golpe que partió su nariz como lo hizo.
Ojo que, más que llorar, una lágrima sola, supura reguero nítido y fino, (que más bien hilo pareciera), hasta alcanzar la bombilla redonda, de lágrima de agua salada y fresca, pendiendo del lóbulo de su oreja ¿que… qué ilumina, (a qué da sombra)?
El hombre imaginó fumar en pipa de boquilla verde como el anzuelo, y cazoleta marrón como, de su cara, el contorno y cuerpo… pero no lo hizo. La pipa que no fumó es, en su rostro silueta, como si mostrar quisiera, de alguna manera. lo que algún día…fue, (sin haberlo sido), por decirlo.
Parece llevar un pañuelo a la cabeza más es gorro raído por la falta, (exceso), de uso y de lustros y lustros almacenado en un desván sin ventilación ni cuidado, (en su cabeza). Por el uso sin reposo ni sosiego.
El uso, (el desuso), en exceso, es pañuelo atando a la cabeza.
El pescador comenzó con un paso atrás y otro…hasta que se adelantó y tras que su mirada de verde anzuelo se cruzase con la mía, (me pescase), …
…me dije, (le dije), que tenía la razón del motivo mayor, (de la menor excusa vacía), que me iba, pero que volvería.
No mentía.
Pero no harás lo que no hiciste.
Tengo, en el rostro del alma, la silueta de un pescador de un ojo verde, (y una lágrima).
Instante
¿Cómo dibujas un instante?,
¿es la palabra esa, de papel, que te mantuvo en un pedazo de cordura de lienzo?,
¿la compañía de aquel silencio, de tela, a tu lado?;
¿la contemplación compartida de aquel cuadro intangible (sin marco) del que ignoraba, en realidad, qué significaba entonces, (qué significará después)?
¿Te refieres, quizás, al instante ese que te consientes presenciar, que permites que suceda a expensas de tu impronta, del impulso de tu pudor, del tamiz del rubor y la incredulidad (y la inocencia)?
¿Ese que retienes, (que capturas), antes de que, (mientras), se desvanezca?
(del que escapas tantas veces)
¿que por ser, de esa manera, tuyo, rubricas pero en tamaño diminuto para no encontrarte con en él ?
No presencies lo que no deseas que habite tu cuerpo,
(¿carece, acaso, de residencia corpórea tu, (olvido), memoria?).
Ni de soslayo.
Ni por un instante, aunque, cuando vengas a darte cuenta, ya será tarde, no podrás no haberlo… presenciado, (esa otra manera de protagonizarlo).
Hoy miré esto que sigue, (¡qué tendría que ver?),
inopinadamente me asaltó un recuerdo del instante de tu mano tocándome, (casi como se expande la onda del agua que crea tu nado), de toda la vida en el recuerdo de mi piel.
Tantos instantes me regalaste que no pude corresponder…
.Instante.
P.S: estuve, de instante a punto, de poner firma que mira, (que claramente se ve), dejé ésta que buscar, (en la que buscarme).
Cuarto oscuro
Habrás hecho, en tres dimensiones, otra escena de una complejidad incomprensible, (frustrante, avasalladora) y ,al revisarla más adelante, descubrirás porqué la guardaste: tras ella, había una historia, (mucho más…. ¿simple?) que, en dos dimensiones, quería contarte.
La conservarás con fecha de mensaje primigenio y apariencia del día, (un año después), en que lo comprendiste.
. Cuarto oscuro.
Y si todo fuera un proyecto, (boceto, borrador…intento), eterno…siempre inacabado, en proceso. ¿En dónde estaría el reposo?, dónde el agotamiento.
¿Recuerdas?
Aquel suelo de baldosas blancas y negras. Como un tablero de ajedrez en el que andar constantemente saltando de una a otra casilla, (con normas, a cada paso, nuevas, viejas, distintas). Mostrándolo impoluto al visitante y asegurándose de que no las caminaría.
¿Caminaste sobre ellas?: ¿Lisas unas, por desgaste abombadas, (aunque más cual cojín viejo que como cerámica abotargada), otras?, ¿tropezaste en ellas?
Aquella salida desvencijada de una habitación sin entrada. Expuesta siempre, en todo momento oculta tras… ¿Qué era aquello que la ocultaba?
¿Olvidaste a aquel animal de patas tan pequeñas y tan sucio, tan obsceno, que ni la oscuridad lo distinguía? ¿que tal parecía, allí, escondido, (solamente allí mostrado), que tenía solamente cuerpo (sin alma, sin …) y ese par de ojos brillando en lo oscuro, que no abría, (habría), nunca sino allí? ¿Recuerdas si existía?, ¿te han vuelto a visitar, alguna vez, sus gemidos, sus mentiras?, ¿su paso inaudible y acechante?, ¿su arañazo afilado y sibilino? ¿Te han, alguna vez, abandonado?
¿No? ¿Cómo podrían?, tú nunca estabas en aquel oscuro y cuarto. Tú mirabas, desde arriba y desde afuera, hacia, (desde), otro sitio. Querer mirar, ver más allá, sentencia de… vida (en el cuarto oscuro).
Cuarto:
- primero: ¿y aquel perchero en donde nada podía dejarse colgado?, nada, ni tuyo, ni no tuyo, hasta que, como siempre, (como si siempre se hubiese podido), se pudo; todo lo que, siendo tuyo, en tu ausencia se encontraba ¿en dónde podrías haber dejado colgada toda la vergüenza, cualquier duda, las señales de alerta, el instinto de…?
Aquel perchero del que colgar la confianza, la certeza, la entrega, la dignidad, la… para ser traicionadas, violentadas. Que devoraba cualquier reacción, duda, queja, y tras escupirla, la pisoteaba. ¿Recuerdas?, ¿no existía?, ¿existió nunca?;
-segundo: baldosas que garantizan caer sin conservar, sobre ellas, huella alguna (huella dejando);
- tercero: animal acechando con un par de cristales negros por ojos cerrados y miembros, (intenciones), ocultos;
- cuarto: el cuarto, oscuro, en el que tenía que haber, (seguro, inseguro), alguna rendija, por la que escurrirse, por la que ver, (algún resquicio al menos), lo cierto.
De haberla visto, (¿cómo lo habrías soportado?), no la habrías usado.
Pero no recuerdas haberla visto.
Recuerda: el perchero era color madera, la pared pálida y limón, y, el suelo, no era de baldosas blancas y negras…
Criatura
Tiene, la criatura, ojos pequeños tan limpios como borrosos.
Pero ve.
Muy claro: con, de la atención y el empeño, la nitidez.
Se mantiene erguida con una columna vertebral como la tuya, (la mía), aunque a ella le recorre, por la mitad el rostro, por completo, y hasta muy arriba.
Con dos fosas nasales enormes, (todo respira, le inspira),
por sienes de pares de puntos dos, (toda herida allí la envía y así la sutura)
y despellejada, (en carne viva),
vive.
Debería de ser, con aspecto semejante, aterradora, (y lo es), se llama Ternura.
.Criatura.
Punto de inflexión
Punto de inflexión, (diccionario R.A.E.L.): “señal de dimensiones pequeñas… perceptible en una superficie” y por “elevación que se hace con la voz… pasando de un tono a otro”.
¿Es “y en el principio” también una silueta de ojo como tema principal?
Entonces mirando hacia la izquierda, hoy, hacia la derecha.
¿Advertencia?, ¿señal, como el punto, de lo que quedó atrás?
.Punto de inflexión.
¿Recuerdas la sensación de esa primera vez en la que pronunciaste su, (aunque en presencia de nadie), nombre?, sí, ese que ni a escondidas a viva voz.
¿Y cuando, al que tenía, le añadiste las vocales (porque cargo, (sin ellas), sí te habías hecho de sus acciones)?
En vez de citarle, lo escribiste chiquito, como si así le estuvieras, sin llamarle, llamando, para que, en realidad, tanto hubiera que buscarle que, ni por ti, sería visto.
Por este orden, antes de conseguirlo: pensamiento, sentimiento, mano y voz, te temblaron.
Y entonces volviste al principio, a refirmar sus trabajos, (a tu través realizados), con las letras que no le habías permitido y comprenderás, entonces, qué te estaba, en realidad, contando.
¿Recuerdas la primera vez que pronunciaste su nombre?
Fue hoy.
Enfrentarás, en adelante, (todo te temblará), consentirle, (de ti afuera, a ti usándote), mostrarse.
Habrá sido, de inflexión, un punto.
Trucha de río
Hoy habrá sido una trucha de río que, si bien la miras, ni lo es.
Déjate, déjala (ser).
.Trucha de río.
Regresarás, pon por caso, de noviembre un martes.
Sin acudir al, (sin olvidar), primer trazo, (ni al segundo, ni al tercero, ni al…), ni al comienzo.
Comenzando, cada vez, algo viejo, de nuevo.
Y no te castigarás por ello.
Sólo cabeza asomando desde….
Sólo, de ella, un trozo al menos. Suficiente. Bastante.
Y, de aleta caudal, un pedazo (el cuerpo retrato de, al respecto de los momentos esos, desvaneciéndose).
Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco.
Ni agua, a otra altura de la corriente misma, moviendo rueda de molino (ni en él ventanuco desde el que comprar la harina, de tu recuerdo molido).
Pero hubo y, por añadidura, en otro río (en otra época) me llevó él a presenciar con red su pesca, y en otro más, me contó cómo a mano, a su barriga acercándote, se captura.
La mía desde distancia seca la vi, la comí, y la suya, (de él), me la regaló a mí.
Y quieres tú, (seas quien seas, yo misma incluso), venirme a quitar, por lo que ya no hay, lo que hubo…
No me rio.
Habrá, (mía, de él), trucha.
Puente colgante
Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fin no alcanzarías a ver si lo quisieras. Del que no llegarías, al fondo, aunque en él cayeras.
Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú, (alces el suelo mismo que pisas), no descubrirás que, sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.
.Puente colgante.
¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…
¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…
¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?
Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?
P.S: reposa, en, del puente colgante, un extremo, Pugante, y tiene rostro.
Retrato de una familia (ala) luna
Hay un relato en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.
. Retrato de familia (ala) luna.
De ese tronco procedieron.
A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo, (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de fábula.
De esa rama proceden.
Caminando, cada uno el suyo, un camino juntos a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.
De ese árbol procederán.
Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar cómo ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.
Que de visita venga o que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es asunto de otro nido, el tallo suyo, (de ellos), no cambió.
Perro con bisagras
El perchero con cuerpo de perro es una entrada secreta.
De su cuello cuelga la llave, (última medalla identificativa de mi perro), que abrirá esa puerta.
Al abrirla no te parecerá nada más que otro armario empotrado cualquiera.
Si en él te adentras, llegarás, de la cara de perro, al cuarto trasero.
Verás lo que vio él.
Olerás lo que de su hocico, alguna vez, cerca.
Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes, hubiera.
¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?
Nada tocarás.
De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado?, colgando del hilo de su seda.
.Perro con bisagras.
Tiene, el perro, cara; le sale del cuerpo.
Unyo
De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.
.Unyo.
Unyo no es uno sino, al menos, tres:
¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y…)?
Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.
Y después, (antes), está…
La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.
¿Qué ganarías, (perderías), si,
además de entrada,
hubiese, para la bola negra,
(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?
¿Es, el nombre, la garantía de partida?
Cabeza de carnero
El carnero tiene cabeza,
(solamente eso).
En ella conviven, pensamientos y sentimientos.
Nada más.
Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras),
pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,
tiene cabeza, una, (sola).
Todo lo que le queda:
eso, (esa).
.Cabeza de carnero.
Quizás haya llegado el momento.
No lo supe,
lo sé no.
Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.
Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.
Y permites suceder lo que no pretendías.
Aparecer lo no buscado.
Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.
Abandonar el plan,
el empeño,
el proyecto,
el esfuerzo.
Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.
¿Qué sucedería entonces?
No lo supe.
No lo sé.
Nada.
Definitivo nada.
Nada que remediar se hubiera podido.
Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.
¿Qué pasaría entonces?
¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?
Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.
Y aprender a entendernos sin esas palabras.
Cerería
¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?
.Cerería a puerta cerrada.
De pequeña, (cuando oscuro),
la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.
La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),
para confundirlas con la luz;
pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.
La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:
“Hasta cuándo
hasta cuánto
encendida.
Hasta cuando
me consuma
hasta cuando
decidas que has de apagarme tú.
¿Y si cerrases los ojos?
Enterrada, apagada, oscura, encendida.
No me toques
no soy tuya,
no soy suya
no soy.
Sólo sombra si con luz a oscuras”.
Esto sucedía estando, (la niña), rendida.
Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.
.Cerería a puerta abierta,
La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.
Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.
Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.
El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.
Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).
Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:
una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.
Siempre hay una.
Siempre (nunca).
La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .
De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.
Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;
es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.
Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.
También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.
La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo, (que lo es).
Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.
La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.
Verás, en su fachada, algunos cirios:
en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…
…y un grifo, por si un incendio se produjera.
Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.
La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.
También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.
Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.
La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.