León sin garras, pezuñas grandes
Todo empieza con una idea.
El León con pezuñas muy grandes tiene patas delgadas y largas que le llegan al cuello directamente.
Aunque no lo parece, tiene cuerpo (en el lomo algo escuálido ), de aire, (de cielo), en el abdomen.
Es el primero de su especie, (en la que todos eran ciegos), que con ayuda de un aparato diseñado por él mismo, (por su pensamiento),
ve.
Se abrió, (al lado y al marguen de su invento), una ventana de oportunidad (inexistente primero y después).
La alcanza a ver solamente de reojo pues, él, sólo pretendía ver en dónde , (cómo), en realidad, vivía.
La acabará traspasando sin haberse asomado previamente a mirar a su través,
Así, como si se pudiese los pies en el suelo tener y saltar al vacío a la misma vez.
Abrirá paso, su paso , a los que llegan tras él
(sean cuántos sean, o únicamente él).
Sólo le acompañarán sus pezuñas, (y grandes), que fueron garras , (sólo los que como él son lo sabrían), nunca.
Saben cosas, los dibujos, que tú no puedes creer: hay caminos que caminar así lleven, (ese también es un lugar), a parte ninguna, antes de llegar a alguna parte.
P.S: este León es el primer garabato tras migrar la aplicación descatalogada a un nuevo pc por también el sistema operativo del anterior estar fuera ya de…dará, el software, problemas, pérdidas, errores… que, en vez de animarme a desecharle, me invitaron a organizar y revisar, los trabajos con él anteriormente realizados. En ese sentido, es, el León, (sin serlo), comienzo de esta bitácora.
Todavía en marzo del 2026 no deseché la app, quizás, porque no te deshaces del pañuelo que consoló tu… ¿sudor?, quizás, porque, mientras lo puedas evitar, no te apetecen más saltos a…
Mecela
Si rota,
está incrustando pared en habitación en construcción desvencijada todavía,
y sujeta techo cohesionado por tiras más que de metal, de tirita
y coloca en la posición correcta en que chillar pidiendo ayuda
y …
Pero, hoy, está, así como la ves, y no gira.
De no haber dejado ser a Mecela, no habría encontrado el negro un, (sólo suyo), papel.
Mecela es la mano que mece la….
Es una, y agazapada, y omnipresente.
Mirando con atención y detalle, (y tiempo, y voluntad y fortuna, y…), quizás alcances a ver alguno de sus tentáculos y percibirlos como dedos que será tanto como … ver qué.
Mecela sujeta la atención, (el blanco), poniendo, sobre ella, con decisión, firmeza, (sin alternativa), el negro.
Ni a favor, ni en contra, (de su voluntad al margen), dirigiéndola.
Solamente tiene en frente, notándola, un par de ojos despiertos, (pequeños, atentos, abiertos).
Qué habrá sido de Mecela.
Brazo de dos manos
La mano (de un material que algo enmascare su función como ornamento) sujeta una cánula de oxígeno respiro dando.
La mano sujeta lente verde que muestre el (al) mundo color diferente.
El brazo de dos manos, con una sujeta, (mantiene, sostiene), con la otra señala la única relación entre el cuerpo al que pertenece y el de a su espalda: (de su mismo color), un hilo.
La mano negra es dos y brazo.
Mujer devorando lo que pilla
La mujer devora, más con ansia que apetito, lo que pilla.
Con insidia lo busca, al acecho lo localiza y, sin previo aviso, lo asalta.
Lo envía (directamente y sin masticar), a sus amígdalas.
Saliva de forma particular, como en un reguero recto y finito, (infinito), que gotea desde su vértice lingual romo.
Sus gotas son de un ácido corrosivo.
En donde caen provocan, además, efluvios y gases y reflujos,
y…lava lo que a su paso esté, lo arrasa.
Es una auténtica alimaña, todos los requisitos para serlo cumple, y tal como es, (ese mérito, en esa caverna oscura que habita, exhibe), se muestra.
Pero, la pobre, (con la compasión que merece aléjate tanto como puedes de ella), no puede ser otra cosa:
vive para convertir en podredumbre lo que sale de las, (mentas, almas), bocas
su poder: así es como vive, que mata, o muere
Gato azul y rey pez
De cómo al gato tanto le gusta el pescado.
El gato azul tiene por morro un pájaro y, sobre él, una mancha que le ocupa gran parte de la cara.
Algo está en ella, (¡eso es seguro!), todavía por aparecer.
Es dedicarle, (cuando lo tengas), algo de tiempo y, mientras, dejarle, en su gatera, (carpeta) a su aire.
Le dejas,
y al regresar, (esto también sucede),
deja de ahí estar
, desaparece, (el mismo siendo),
por ser tu mirada quien ha dejado de verlo.
Ya no hay nada que, (¡sin duda!), surgirá de su cara en la que solamente una mancha queda,
ya no está solo su ojo, otro le acompaña. Volverás a verle, será tarde, ya es perro.
El rey soñó con serlo pez (hay quien le ha apodado “López” por ello).
En la caída de su melena, en su barba más que nacida como incrustada, y en la prolongación de su cuello, creyó aletas tener.
Y se tiró a las aguas.
Le rescataron teniendo que hacerle una traqueotomía de emergencia con, para el aire, dos entradas.
En su corona hay ganchos vacíos en los que cuelga sus recuerdos:
de sus branquias (sus dos entradas de agua),
de cuando le robaron de su reino pescándole con esos anzuelos negros,
y de cuando era, (es), rey pez.
El gato es pez.
Punto blanco, punto negro
Tienen, los puntos blancos y negros, una cualidad independiente de lo que les circunde, de lo que tú, a sus alrededores, les reconozcas: indican, en el espacio, (de tu mente), la posición exacta.
El punto negro es muy cuco.
Tiró un manchón de tinta de un golpe sobre una hoja de otoño que, involuntariamente se movió de forma que tal parecía tener un pico del que gota negra brotó.
Atrajo la atención de casi todo el que cosa semejante presenció:
unos preguntándose desde cuando las hojas tienen pico,
otros que qué era eso de ese color,
una boca abierta dispuesta a probar su sabor…
(Casi todo el mundo porque siempre, afortunadamente, hay quien estará mirando para otro sitio).
Esa fue su oportunidad para escondido en vuelo de cuervo negro, darse un gran paseo, (sin esfuerzo, a costa ajena siempre, como buen cuco), por el cielo mismo.
El punto blanco ilumina la noche de un cetáceo que surca el océano con cara de hoja, y cuerpo de mango firme, (de puñal).
¡Cómo no iba a querer de él escapar el rostro ese de gafas de sol enormes y un par de bocas en el cuerpo!
La niña, con su vestidito amarillito, juega a dar una patada al aire con fuerza a ver si el zapatito chiquitito sale del pie disparadito.
Y todo junto, varios rostros.
¿Te entretendrás en mirar qué sucede si los puntos a izquierda y derecha y viceversa?
¿Ves el niño, de flequillo rubio, y feliz?,
¿o la cordillera de deshielo rojo?,
¿o…?
Pierna con ocho puntos de sutura
La pierna tiene 8 puntos de sutura cosidos con hilo corriente de coser.
Ella misma pidió que impares no fuesen porque dice haber sido toda la vida, una sola y, en adelante, tener par, (así sea en los puntos de la cicatriz una), querer.
No le importa la calidad del hilo, ni el aspecto de la huella que quedará, sólo que sea seguro y, tenga, cada uno, su compañía.
Calza la concha de un caracol que, a veces, la lleva en línea recta y otras en espiral haciéndole perder el equilibrio
(así es como la herida abierta se hizo).
El hombre de cara amarilla, frente naranja y pelo rosa ve con esos dos ojos, que sólo el uno al otro miran, lo que el caracol se asoma a ver.
Y huele, (el hombre), del molusco, el camino que deja, (y no es baba, ni resbala sino guía).
En el horizonte, una puesta de sol se opone a que la oscuridad llegue y, como puede, se la come.
Y…
gira tú, (sin abrirte herida alguna), gírala, y a ver qué ves.
Mieve y Ánforo
Mieve es, comenzada con M, (a veces, las letras patinan, resbalan, eso sucede), nieve. Encuentra, (como mínimo), en ella, los siguientes 15 objetos:
1. Oso polar algo sonriente por tener delante cucurucho de helado al revés.
2. Zorro, ¿o será lobo? al acecho.
3. Uno, algo rechoncho, que se quedó, sin ser fraile, a un “poquicillo”.
4. Con color de luna, un sol.
5. Iglú, para montañista de icebergs a los que les pille la noche, (o la intemperie), por sorpresa pues, quienes en el lugar viven, en una cueva lo hacen.
6. M muy grande que se ignora que puede andar haciendo por esos lares.
7. Lechuza, más que escondida, oculta por su blanco, de blancas nieves y pico negro azabache.
8. Morsa sin colmillos largos y mirando con atención y.., ¿enfado? a un… ¿huevo frito?
9. Pingüino sin ninguna orientación política y, sin embargo, de un color que, no siendo el natural suyo), tal parece que una tuviera.
10. Red, por ahí tirada, por si de repente, aparecen agua (o aire) en donde pescar peces, (o aves)
11. Lámpara de techo y colgante.
12. Cabeza de pez atrapada bajo el hielo, o aplastada por hombre enorme antes de desplomarse.
13. Ánfora rebosante de… que, a saber, cómo ha llegado hasta ahí y para qué.
14. Cabeza de hombre, tan grande como la de la morsa, que, quizás, fue quien, en su caída, aplastó al pez.
15. Pie de ser de las nieves.
16. Ser mitológico de nombre “Ánforo”.
Ánforo no pega, (ni con la cola que tiene), en la Mieve.
Es un ser mito y lógico y gato y...
De sus pechos, por gravedad derrotados, (condenados), emana leche perpetua (con condena de a desperdiciarse).
Careciendo de forma de ser llamado, se le llamó, (pero en masculino), como a la vasija de la que proviene, (a donde va), su leche:
“Ánforo”.
¿Ves su morro en forma de pico mirando a la derecha tuya, que es hacia su el frente?,
¿y los puntos de sutura en su cuello atrapándole en una realidad, (soledad), que no desea?
¿y su espalda de fauces desdentadas y abiertas para alcanzar la leche del ánfora?
¿y sus enrojecidos ojos derramando lágrimas blancas, densas, de pudor, de cansancio, de dolor, que, (de su gravedad), emanan?
Entraste en él ignorándole, (ignorándolo), como en una cueva.
Seguiste el susurro de un destello.
Fuiste al encuentro de la lámpara colgante promesa de algún calor meciéndose en el aire gélido.
Tu apetito congelado, la encontró.
Con cada balanceo, un dibujo en el suelo oscuro y álgido.
Y el ronroneo.
Entraste en una cueva de Mieve y te adentraste, (con qué más te habrás encontrado), en Ánforo.
Joven, palomo, conejo, patada y ave expectorante.
No te agradará
llegará, desde el comienzo, a disgustarte
no te gustará
no querrás que te guste.
Le consentirás
gustar (y disgustar)
le permitirás (a riesgo de equivocarte) quedarse.
No accederás a que, levantando vuelo,
se vaya por cualquier cielo,
ignorando, de sí, qué le sucedió
de dónde proviene.
El joven, de pelo a ondas y gris, contempla, ensimismado un pájaro negro. Nada más que eso, (ni tan siquiera su vuelo), ve.
El palomo blanco reposa su cuerpo sobre la piedra en postura algo incómoda, (que hace parecer a su cola deforme e inmensa). El, la postura, por la herida roja y abierta que tiene, para que cure.
El conejo sentado en roca de desfiladero mira con serenidad al mar (que es el cielo) y a todo lo que entre su mirada y ellos hay.
Un bichejo, llamado de arena porque con ella cuenta, (como un reloj), el tiempo entre cada vez que el pie pone en punta, así mismo asegura ser karateka, pegando patada, (eso cree que debe hacer y eso hace), lo demuestra.
Es en, realidad, pata de ave expectorante que, por la boca, aves, una a una, esputa.
El Samurai y la Balda
Tendrás que aprender que a veces, lo que veas, se expandirá, se multiplicará de tal manera que tomará forma de pausa. Y no le pondrás palabra, le dejarás permanecer como aquello en lo que algo, de nuevo, cada vez que mires, ver. Ese distanciamiento de tu implicación en el proceso, (permitir que lo que de tu mano nace, de ella se escape, discurra por…), será reposo.
La balda amarilla está suspendida del techo de aire.
Bajo ella, (y a su en derredor), sucede la vida de quienes ella no son.
¿Es todo lo presenciado lo que su vacío alberga?, ¿llena?
La balda amarilla está vacía, (llena).
El Samurai, en la esquina esa derecha, lejos de arrinconado, cerca de lo que observa.
De arrodillarse distante, en su lugar, sentado correctamente.
No pasan a su través, (ni en los alrededores suyos), las vidas que contempla.
Sabe que parte de su aprendizaje son, pero no suyas, (ni a su alcance), y así las deja.
P.S: el reposo mencionado en primer párrafo, (cuando del Samurai y la Balda), la hoja en blanco en que están, colocada en sus verticales. Cuelgo, sin embargo, los horizontales, ¿es eso invitar a que el observador participe moviéndolos él o qué…?
Mimar
Mimar: dícese de cierta criatura, (conducta), por cómo mira al mar
Mirando ese mar ver nada,
la nada,
¡nada!, (¡sumérgete si así ha de ser, no te hundas!).
Nada tener que buscar, (esperar, desear).
Acompañada por fidelidad de un color que, aún distinto, ya no diferencian, mis ojos, del mío.
Al equipaje ajeno, ajena, (aunque ahí mismo), a un lado, (en todos los lados de los lados).
Más clara, más feliz, la noche, (el viaje a ningún conocido ni lugar), que el día.
En ambas pudiendo existir, existiendo en ninguna.
Y mirar al mar.
Desde el peso muerto sustrato de montes y montañas,
no en hombros míos,
de la brisa marina en el susurro.
Sin sollozo, sin lamento.
Verte llorar y soportarlo sin renunciar a, en favor de tu dolor, mi carga.
Preferir correr, si desierta la playa, hacia el sol, sobre dos pies, (pezuñas), con sombrero improvisado de papel;
volar con piernas colgando, caminar con alas abiertas que guíen al olfato, (pues algo habrá que encontrar), a, bajo la arena, escudriñar;
sentada alzar la cabeza y aullar pretendiendo que llamo a mi manada, (pues tal cosa existe), mientras río, río, (de río soy, no de mar),
pero hoy,
desde, del acantilado, la cima
mirar al mar.
P.S: hoy firma Sinequi con letras boca arriba, abajo, y a los lados, significando que esta fotografía es de las tienes que ir girando, pero, (revisando para esta bitácora el conjunto, algo no hecho al crearlo), no acaba de ser un código que emplee de manera consistente.
Repetir imagen girada lo encuentro redundante; prefiero que, a quien le interese, se involucre haciéndolo individualmente; y... Como experimento añado marco exterior por si clarifica a qué posición de la imagen se refiere el texto. Ignoro si lo continuaré.
Ranca
Ranca, que algo busca en su cabeza,
con trozo, (prolongación), de lo que ve, mira.
La sostiene, si sentada, una espina dorsal esquelética, si en pie, un brazo alargado que usa también como pierna.
Si la giras 90 grados, (y sólo con el miembro te quedas), es ser, más pensante que pensativo, de cuerpo alargado y pies tan en el suelo, que empezando a echar, raíces en él;
si otros grados, (misma cantidad y sentido), frente de niña llegando a los ojos, asomándose parece haber, a ver a ver…;
si ya el último dos veces 45, viste un frac con dos lengüetas de acero negro directamente sujetas a camisa de su piel (manteniéndole, en su lugar, bien quieto), y rostro…bueno, a estas alturas, lo que vean…
Ranca vive en un lugar, (no ha lugar a, sin lugar, vida), y lo observa (y le mira).
Ranca
Arráncate ese dolor, esa pertenencia perniciosa, lesiva.
¿Has visto la sombra que, en el rostro, deja el apego enfermizo cuando despega?
¿Probado el pesar, la penumbra que de tus recuerdos, tus experiencias, invertirá permitirte descansar?
Extirpa ese dolor con sabor a colada sucia colgada al aire como si él, (por limpio, fresco), pudiera la mancha de aquella eliminar.
Arranca la sombra y (no requieres basura, a cualquier pared, en suelo cualquiera), a plena luz del día, (de la noche a oscuridad plena), tírala.
¿Observaste a la bestia alimentando plácidamente las aves del peor de los augurios en su caída?
No, no hay nada que caminar en ese camino imperturbablemente perturbado, en esa colina de la que siempre te podrás fiar (siempre, ¡la pobre!, la rica, perjuicio causará).
Tanto peso soportado por tan poca espina… Tanta fortaleza dorsal (de qué materia estará compuesta esa cordillera, de qué altura).
Arráncalo, como te extraes una pieza dental sana, (enferma), para salvar el resto de la boca, (del poso que a su través, a tu alma, entrará), de tu vida (de la de los demás).
En un arranque de cordura, (de locura), arráncatela.
Supertoro
El superhéroe, (éste), camina en marcha atlética:
mantiene contacto con el suelo en todo momento,
(o, cuanto menos, sin, de vuelo visible, fase),
y guarda la pierna de apoyo recta desde su primer contacto con el suelo hasta alcanzar la verticalidad.
¿Qué te parece el ritmo que le da, mientras tanto, a sus caderas… y a su hombro de hombre?
No dobles, al marchar, la rodilla: no serás este superhéroe que…
sin salida, sin línea blanca de 50 metros en la pista.
El superhéroe éste está siempre saliendo, (no llegando, entrando recta final que será comienzo, seguir marchando).
Lleva cabeza cubierta al completo con antifaz que tal parece ser casco.
Le aporta la autoridad de un anonimato que le enfrenta al juicio de sus resultados y no de lo que, por su aspecto, los esperadores profesionales, (en el mundo superhéroe, no hay árbitros), esperan.
Su robustez y fortaleza bovinas, (ese cuerpo ¡serrano!),
fueron ganadas, (ganado),
meneándose a ese son en la sierra en que nació en donde a cara descubierta mostrarse,
no le reportó,
digamos,
mayor satisfacción.
El supertoro se conduce con casco sin pitones y de material sedimentado,
(es tierra tan compacta como flexible).
Tiene un solo labio, (superior y que, en humano, sería grande),
que en alguna embestida, (por emboscada),
le quedó completamente aplastado.
Le divirtió usar algún zapato de tacón muy fino, (pero cortito, nada exagerado),
con suela, a trozos dentada, e imitar, (de otra forma no sabría), el movimiento de caderas, (y de hombro de toro),
del maratón en donde no debía.
Carecía, digamos, para tal evento, (en los superactos no hay jueces, sólo juzgados), de autorización.
Entre la mandíbula y su mechón de pelo cano, la serranía.
El supertoro surca el cielo dirección Este con fase de vuelo visible y moviendo, por el aire, (¡con qué brío, con cuanta satisfacción!), sus caderas.
Luego, caminando, regresa, (a veces con tacones, otras sin ellos),
al lugar de donde procede que es de donde nunca se marcha,
a donde siempre llega.
Cosido para roto
¿Va a tener algo que pintar, en esta bitácora, el refranero popular también!
De verdad que nunca sé qué va a faltar…
Nunca falta un roto para un descosido:
Algo que mirar si alguien mira,
una ardilla, si árbol,
un ladrón, si un robado,
si columna, una zapata
si suelo, zapato con que pisarlo
camino si ofidio reptando
si carnívoro, animal que sacrificar
si…
Nunca, (muevan la imagen 180 grados), un descosido, de roto carecerá:
para el criminal un crimen,
bilis para la furia,
para el dolor ruidoso alarido
(silencio para el sigiloso),
calma para el sosiego,
para el paseo paso,
para la cabeza sombrero, (pensamiento)
para…
Siempre faltan, para descosidos, rotos
o los hay y no se hallan
o se encuentran con…
Busquen, al roto si rotos,
si descosidos al descosido,
a ellos cósanse con hilván que, aún uniendo, no sea definitivo
o arriesgarán acabar complementándose con quien les rompa, les descosa,
con…
P.S: de ser hoy, (y de conservarlo), este dibujo iría en vertical, el verde hacia arriba, la mitad inferior desechada o rehecha y el resto sería… ¿historia de ostra saliendo de la concha con gafas color espinaca?.
No es, para este descosido, ese roto.
Perro muy cansado
El perro está muy cansado.
Soporta, su cabeza, (tan alargada), el peso de una humareda toda.
No, no le sale, de las orejas, el humo: desborda, (sustituye), a su parietal bifurcándolo.
Llenando un globo ballena a un lado, atravesando, al otro, (como en dos partido, como en un partido a dos), un humero.
La fumarada llega a un tipo de lentes, (verde claro brillante y algo neón), que la bebe con su boquita de pajarita.
Tiene, el muchacho, cabello rubio sol que acicala, (pegándole más que peinándolo), con una fusta de goma dura y color perro exhausto.
La porta entre el pelo y la frente para mostrarla, (cual tatuaje), y por tenerla, (!nunca se sabe!), siempre a mano (y al frente).
Las lentes llevan aparatos electrónicos por patillas que ven, (escuchan, aspiran), lo que, de otra manera, sólo chucho siendo.
El can agotado todo lo lleva en la cabeza, (de ella sale, en ella entra…todo ese peso etéreo que te hurta el aliento).
Sabe que la columna, (que al joven vertebra), termina en un pie de puerta cerrada y en otro de ave por zapato de tacón, (uno pisa, sella, el otro vuela);
y qué tipo de camiseta, (con, en su manga izquierda bolsillo), lleva en su cuerpo diminuto;
y que alienta el globo (de humo de ballena),
y que…
Al tuso rendido se le ha ido estirando la cabeza hasta hacer llegar, su mandíbula, al suelo.
Es cuadrúpedo:
patas muy finas y dos, y otras tantas más gruesas, (una de humarazo rebosando que la estira hasta llegar al cuerpo),
y una cola larga y plana con tiro de chimenea, (claro, limpio y vacío), en ella.
Hay
una puerta, (pie), y cerrada, en el suelo ,
un bolsillo a rebosar de humo de secretos,
y un tiro, (camino, canino), en…
El cansado está muy perro.
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Calavera
Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que la edad señala. ¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que pese a piel tersa, menos años… y… qué muestran?
Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.
Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.
¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?
¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,
¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,
ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).
Me, (te), preguntas si es un calavera.
Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.
De donde te fuiste para llegar aquí.
Caramelo de fresa con palo y relleno de chicle
Hoy, (conversar contigo… ¡el camino ese!), llegué a un lugar del que no guardaba memoria significativa alguna.
Se mostró como globo ocular en un rostro apareciendo, (desapareciendo), en las nubes de distintos tiempos, (y como cinta de sudar el palo, caramelo el cierre, en frente de cúmulo amarillento, y como…).
La fascinación de aquella niña al ver,( ¡lo que nunca primero!), ese, intacto, me fue entregado, (regresar a un momento feliz, al que solamente tuyo siendo, no habrías, de otra manera, alcanzado).
No está en tu mano, (de la mía hablo), recordar lo que alguien más evocará independientemente de su intención buena, (a este tipo de persona me refiero aquí, a las otras no), en tu mente, en tu sentimiento y hasta en tu cuerpo.
¿Qué palabra, (sonido, gesto…), te llevará allí de donde no te habías vuelto a acordar, ni relevante en absoluto, (esta clase de memoria traigo aquí, no otras), lo consideras?
Encontrar el recuerdo será como rebuscar apariciones, con otras mezclándose, sin confundirte confundiéndose, (de estas hablo, las confusas son otras), entre nubes a cámara rápida, (desenfrenada), y borrosa. Desenfocado y mezclado con los demás de toda la vida, (sin orden ordenados). Reconocerle y ser capaz de congelar, en el momento preciso, la imagen que lo contiene.
Entre memorias, (olvidos), que no lo serán hasta décadas después y en un conjunto que, hoy, reinterpretarías, (si eso fuese lo que pretendieses, consintieses, que no lo es), de una manera diferente. Conjunto que pinta, (manteniendo el escenario original), una escena, (varias incluso), bien, (mal), distinta.
Pero le dejas llegar como está, (sin que nadie más lo haya vuelto a visitar pues sola lo descubriste, lo presenciaste), decidiendo, (así de generosa te encuentra), que así se quede.
Necesitarás gafas con lupa, (como usa el relojero para construir lo que el tiempo medirá), en color pez payaso, y, bajo ellas, siendo el palo boca recta, a su izquierda, encontrarás aquel caramelo de chicle relleno.
Hoy sé, (apartando alguna otra cosa más), que nunca fue, aquel dulce, de sabor a fresa, (¡el primero, de su especie, en aquel lugar!), más que un recuerdo de chicle pues, (¡palabra de fabricante!), sabía a cereza.
Evocación, (acompañando y acompañada), de lo más diminuto, (lo más grande): ¿conoces fresa, (cereza), con sabor que se le pueda asemejar?
PS: el tipo de “frente de cúmulo amarillento” del primer párrafo de esta entrada es esta última foto girada 180 grados.
Botín de hilo
Deja aparecer lo que aparezca y, tras ello, hazte cargo de que de ti no viene sino a ti, (que a ti llega), para guardarlo, desecharlo, o para irse a otro lugar que no seas tú, que, (ojalá que, tras el número de apariciones consentidas que requiera), ya no serás quien eras.
El botín de hilo, de verdad, lo es.
Y lleva una flor, (de mentira), también, (como de ‘pega‘ ,de verdad, como esa muerte que me comentas).
Y ese hilo que le sale del escote, (que senos no requiere), ¿a qué más allá se dirige?
No lo cortas, ni lo estiras, ni lo recoges, ni de él tiras. Le dejas que adorne, que cuelgue, que…, con el destino de los hilos, cumpla: llevarte a algún lugar, solamente, si les sigues.
El botín de hilo es de tacón alto.
Hazte, de esa carga, cargo.
En ocasiones vendrá a calzarte, a pisarte en otras, la mayoría no pasará ni por tu lado. Me dices que, del dolor, te mató su taconazo pero bien sabes, que, sin estar mintiendo, verdad no dices.
Hilaste un botín de verdad, (mentira), de hilo, de tacón alto, y fino.
Pizarra
No escribas de no ser en superficie de pizarra de la que puedas eliminar por completo tus palabras de tiza. Con borrador que convierta en polvo definitivo el sulfato de calcio hidratado. Antes de hablar, piensa en alto viendo tu pensamiento escrito en pizarrón y, una vez así observado, descubre si es reflexión o vómito de polvo de yeso.
Sinequi es pizarra desgastada por el uso, (y el tiempo, y sus inclemencias, y su paso). Garabateada hoy, escrita, (ayer), mañana. Marco de un rayo de tiza atravesando, (con fuerza, a veces para ser relámpago, invisible a ratos), un cielo nocturno y nublado de tormenta. Aspadera de hilo de yeso desmadejado.
Tres letras, siete, ninguna, nada.
Nada.
Pizarrón de los de antaño tras haber, de su superficie, borrado, (del todo nunca), el rastro blanco. En donde anotar frases para olvidar, (que recuerda).
La impotencia, la tristeza, la rabia, (la belleza) …: garabatos en un encerado de antaño.
Trazos que trazas.
Traza, (y rastro).
Restos de lo que otros en ella trazaron, (aunque los haya borrado).
Teja para tejar, pavimento que pisar, ornamento…
¿La has llegado a tocar?,
¿notado la delicadez de su grano?,
¿su textura opaca y tenaz, que, si a trozos, en láminas?
¿Acudiste al lugar aquel del río de aguas plomizas de donde procede?
Ve y contempla qué le acabó por hacer a, (para qué la preparó),
aquella pizarra.