Otros
A medida que avanzo revisando e intentado organizar archivos veo que debería de seguir añadiendo subdivisiones.
A falta de reorganización final, agrego esta ‘otra‘ subcategoría a “retratos” hasta que tenga una visión más de conjunto cuando la descarga esté completa.
De ser sastre, le habría llamado cajón, y sería mío.
Hombre rumiante
Que carece de incisivos para despedazar dobles sentidos, de muelas para desmenuzar pasivas agresividades, y de mente que, con una sola pasada, digiera los pensamientos que, de esa condición, emanen.
.Hombre rumiante.
Es, (tras su frontal de rumiante), de rostro plácido, sereno, modestamente sonriente incluso, el hombre.
Ingiere palabras, (dichas, y calladas), sin pasarlas por filtro, o censura previa de ningún tipo.
Se las traga, sin masticarlas siquiera, almacenándolas.
Hasta que pasa rato reposando, (tanto que quienes no son él ni lo recordarían), el cuento que se haya contado.
Y, ahí, lo que debiera de ser un simple moño chiquitito, (de la cabeza en la punta, de la persona), resulta ser, del animal rabo, intentando los moscones intrusivos ahuyentar, sin conseguirlo.
A continuación, ya saben lo que de, bajo cola de esa especie, mana.
Las deyecciones, convenientemente compactadas, darán paso a pezuñas sobre las que dar paso, (pasos).
Pero permanecerán filamentos, que hasta la coronilla del hombre las unan pasando por su cabeza detrás, siempre y cuando, quien es, continúe siendo.
P.S: iba a ser serie pues historias aparecen en sus horizontales y verticales, pero, en principio, (a falta de rumiación futura, por algo hay que empezar), se queda en hombre.
Greta
.Greta.
Greta se negó a ser una simple hendidura en cualquier muro y ha ido cuarteando, en todo lugar que pudo, extendiéndose con … ¡estilo!,
(que viene a ser saliendo en vertical, más o menos, torcida, (retorcida nunca), fuera de los muros que habita).
Ella se sale de las superficies porque dice que mucho más mérito tiene, agrietar el aire (aunque luego mucho no la pueda sujetar), que hacer a un sólido resquebrajarse.
No es mal lugar, en que residir, una Greta.
Tiene, a su alrededor, (según esté en techo, paredes, o suelo):
niña feliz, rostro cansado y serio, cara atenta con melena, pájaro casi más que emplumado vestido, recovecos…
el problema será como quieras, (tengas que), salir, (y volver a entrar en) de ella.
Greta es, (en tu cabeza dando vueltas), una grieta.
.Bruma.
Sabrás que no es ceniza de cualquier incendio, o de algún volcán en erupción más o menos remoto:
la respirarás y ni toserás.
Dudarás si es suciedad, polución venida desde a saber qué origen:
pero la inhalarás, y ni siquiera carraspearás.
Indagarás si es un carboncillo de mala calidad, o un lápiz simplemente mal borrado:
no será un dibujo, que tos te provoque, lo que aspires.
Sea lo que fuere lo que su encuentro te haya mostrado, (ocultado), por tu camino continúa:
si de todas esas presencias suyas, (ausencias), consigues el destrozo evitar, lo verás trazado, (camino, de los estragos los restos), con la precisión de un tiralíneas.
Sólo habrá sido, (será):
bruma.
.Con voz propia rostro.
Pedazos del siniestro total,
(de la nula visibilidad esa los riesgos),
del casco de ese barco del que aún se oye el quejido de mástil en pie,
(de los deshechos en la playa),
cada vez que un aire salado hace escocer las heridas abiertas de su vela ajada.
.En los labios ojos.
Mira, con sus en los labios ojos, al cérvido de cuernas rotas ya extinto.
Con esa palabra mirando es, que, al fondo dejando la neblina, de él, (la unión, que de un hilo de labio les une, corta), se aparta.
.Circo.
Dos focos iluminan el acceso al escenario de circo ese a bombo de gorra, (bombín no), y, de cría bramido, anunciado.
Claramente indicado el pasillo claro de entrada,
el de salida, (y lo que te hará), ignoto (¿es la ignorancia calima?).
.Su vuelo.
A todo lo demás lo lleva, a su aire, el viento,
pero ella dirige su vuelo,
mirando, eso sí,
con los ojos de su cogote, de su nuca,
(de las frentes de sus integrantes simples que la convierten en por dos partes compuesta),
hacia donde van quienes no son ella (que son, sobre la bruma, sus trozos).
Causan la confusión y la falta de visibilidad de la bruma, destrozos que, de atravesarla toda, nos convierten en otros (otra).
P.S: cuando a discernir no aciertas qué mensaje recibes, (qué imagen conservar… sospechas que más en camino vienen…), las apartas, y, hasta que se aclaren, (la bruma de su alrededor se despeje), en reposo las dejas.
En muro de ningún tipo las cuelgas.
No es ésta, de ese cuando, la ocasión.
A ver a qué lleva…
.Samurái con barbilla puntiaguda.
Samurai tiene esposa, y aquí está su cara
.Samurái de barbilla puntiaguda.
Samurái tiene nariz tan chata que como cortada; ojo de un planeta rasgado en vertical; y barbilla alargada y puntiaguda tanto que, con sólo rozarla, te hace sangrar.
Carga en la boca lo que, siendo catana, podría parecer, (¿de pelo pincho?), alguna otra cosa.
Parte superior de la cabeza rasurada, como ha de ser, y a punto de recogerse en un moño el pelo sobrante.
Nuez prominente que no se sabe si ha sido incrustada desde afuera o surgido, como su deber es, desde el interior de la parte frontal del cuello.
Su voz no sé.
Es hombre que, de con mujer hablar, será sólo con la suya y con nadie más habiendo presente.
De andar dando por ahí, alrededor, vueltas, se encontraría figuras, apariciones, seres… que enfrentó, (o enfrenta), y le definen.
Más no se mueve.
Ahora espera a que la batalla, de haberla, le encuentre.
Tiene hoy, sin ir más lejos, (más cerca), a un ninja cara a cara que piensa que, tan camuflado está, que no le ve.
Pero Samurai, a estas alturas, ya sólo atacará si es para defenderse, no por a quién ve o no ve de tan cerca.
El samurái se llama Samurái pues hay veces en que tu profesión, (ocupación, oficio, …), es tu nombre.
El otro, (suyo), solamente lo pronunciará la mujer suya y cuando nadie esté presente.
.Payaso triste.
El payaso triste es hombre.
El hombre triste eligió profesión con la que poder ganarse la vida usando su condición y, de paso, haciendo pasar, quizás, a alguien, un buen (ello, en vez de un mal, escogió) rato.
Aparece tras cortina gruesa y pesada y roja y calza chalupa marrón, de la que aquí sólo verás el final de una, (con su parte más superior cortada).
Viste, su pecho, del color de su mirada, (de su palabra), y, de amarillo limón maduro, (entre refrescante y amargo), sus manos.
Ignoro si, por oposición a la tristeza que conoce, sabe de cómo alegrar el espectáculo o si hay a quienes alegra ver al infortunio consigo mismo peleando en un escenario.
El hombre triste no es payaso.
. Payaso triste.
.La pared rota.
. Pared rota (la rubia de ojos pequeños).
La pared rota fue de muro grueso y esqueleto de acero pintado de colores oscuros y mate.
Resistió, hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un horizonte a láminas integradas en una de puesta de azul y sol.
El suelo no estaba roto.
Soportaba todo el peso que le llegaba.
Hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un océano como de cueva en la que las estalactitas se adentran en al agua.
El techo está sin quebrarse todavía.
Resiste, las tensiones, los golpes, las.. los… con claraboya forzada a soportarlo.
Hasta que deje de hacerlo.
A su través, se ve un cielo atravesado por láminas, seguramente, de acero.
El hueco de la pared rota no es ventana,
no decides tú, del aire, (la lluvia, el paisaje…),
el cuándo, (cuánto), sale, (entra).
No hace, (ace), ro, su marco redondeado.
De la pared, el hueco, recibe cuidados:
· Una criatura rubia de cuello muy alargado y ojos diminutos intenta, a través de cables, recargarlo.
· Otra, con puño de acero, incrusta pieza amarilla y metálica en la pared para reforzarla.
· La más coqueta, con los piececitos muy juntos, con falda de tubo apretadísima caminando, inclina hacia atrás su espalda para verter, en hilillos, cemento que pueda cimentarlo.
· La más esforzada, sosteniéndolo sobre su espalda, con una pierna encogida y otra estirada, utiliza un mecanismo, con tubos finísimos, para regenerarlo.
Mujer devorando lo que pilla
La mujer devora, más con ansia que apetito, lo que pilla.
Con insidia lo busca, al acecho lo localiza y, sin previo aviso, lo asalta.
Lo envía (directamente y sin masticar), a sus amígdalas.
Saliva de forma particular, como en un reguero recto y finito, (infinito), que gotea desde su vértice lingual romo.
Sus gotas son de un ácido corrosivo.
En donde caen provocan, además, efluvios y gases y reflujos,
y…lava lo que a su paso esté, lo arrasa.
Es una auténtica alimaña, todos los requisitos para serlo cumple, y tal como es, (ese mérito, en esa caverna oscura y húmeda que habita, exhibe), se muestra.
Pero, la pobre, (compasión merece, no ha de ser, obligatoriamente la tuya), no puede ser otra cosa:
vive para convertir en podredumbre lo que sale de las, (mentes, almas), bocas.
Su poder, (así es como vive), que mata, o muere.
.Mujer devorando lo que pilla.
Muchacho en pie sobre trono antiguo
La madre, que antes, (fuera de plano, de la vista), de un empujón, tiró, (al niño tranquilo), en la silla, con el dedo índice hacia arriba, le riñe, por allí (¡otro crimen de nuevo!), haber ido a parar.
Él, en pie, (primera vez que, tras empujón, consiguió no caer), callado, quieto, sobre un trono de madera del siglo VII (el más caro por supuesto, ha de elegirse el que más crítica en el lugar suscite).
Ella pide disculpas y comenta con alguien, (con cualquiera menos con él), que ya no sabe qué hacer para corregir a este muchacho incorregible pero que su hijo es y ¡qué va a hacer! que pagará el crimen cometido, (aunque lo pagará él).
Él, con su bota marrón, y su ropa naranja butano, inmóvil.
Porta a su espalda mochila con capacidad de frenar, de sonrisas a golpes, dedos acusadores:
con bota negra, para su cuerpo, enorme
y el adorno de su hebilla mirando atento, del niño, al brazo
, (y un rabo que la ancla a la espalda del muchacho).
La mochila rodea con sus brazos, (su pensamiento, de él, sujetando), a quien inmóvil y en pie, ha dado así, en su próximo camino, primer paso.
Señaliza con leche de biberón, (como maternal vendido, nunca otra cosa que polvo y vacío), derramándolo para con él acabar sin que sea desperdicio.
Una vez, y sólo otra más.
Dedos índice y corazón del niño uno solo, (pegado, pegado, pegado, para sentir y para señalar incapacitado)
Y la mochila y él que no se sabe si dos o uno.
Y la madre niña que siempre recriminando y nunca enseñando a hacer.
Dos y uno, y una y otra vez, y uno, y dos…
El muchacho está en pie.
.Muchacho en pie sobre trono antiguo.
Calavera
Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que los años señalan.
¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que, pese a piel tersa, menos vivida y… qué muestran?
Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.
.Calavera.
Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.
¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?
¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,
¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,
ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).
Me, (te), preguntas si es una calavera.
Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.
El lugar, del que te fuiste, al que regresarás.
Retrato de un ojo verde
.Retrato de un ojo verde.
El hombre, (en barba y cabeza pelirrojo), pesca.
Con su nariz, en dos partida, literalmente, (como libro que no hubiese caído boca arriba) y, en pie, (abierto como en dos mitades que, hacia abajo, miran).
Bajo ella, la que podría haber sido como aleta, (o branquia), más fue libro.
Atravesando su cara plana, (en plano), dos anzuelos, (uno a cada lado), del verde de su ojo ese que tiene su lacrimal cerrado (abierto), a consecuencia del golpe que partió su nariz como lo hizo.
Ojo que, más que llorar, una lágrima sola, supura reguero nítido y fino, (que más bien hilo pareciera), hasta alcanzar la bombilla redonda, de lágrima de agua salada y fresca, pendiendo del lóbulo de su oreja ¿que… qué ilumina, (a qué da sombra)?
El hombre imaginó fumar en pipa de boquilla verde como el anzuelo, y cazoleta marrón como, de su cara, el contorno y cuerpo… pero no lo hizo. La pipa que no fumó es, en su rostro silueta, como si mostrar quisiera, de alguna manera. lo que algún día…fue, (sin haberlo sido), por decirlo.
Parece llevar un pañuelo a la cabeza más es gorro raído por la falta, (exceso), de uso y de lustros y lustros almacenado en un desván sin ventilación ni cuidado, (en su cabeza). Por el uso sin reposo ni sosiego.
El uso, (el desuso), en exceso, es pañuelo atando a la cabeza.
El pescador comenzó con un paso atrás y otro…hasta que se adelantó y tras que su mirada de verde anzuelo se cruzase con la mía, (me pescase), …
…me dije, (le dije), que tenía la razón del motivo mayor, (de la menor excusa vacía), que me iba, pero que volvería.
No mentía.
Pero no harás lo que no hiciste.
Tengo, en el rostro del alma, la silueta de un pescador de un ojo verde, (y una lágrima).
Trucha de río
Hoy habrá sido una trucha de río que, si bien la miras, ni lo es.
Déjate, déjala (ser).
.Trucha de río.
Regresarás, pon por caso, de noviembre un martes.
Sin acudir al, (sin olvidar), primer trazo, (ni al segundo, ni al tercero, ni al…), ni al comienzo.
Comenzando, cada vez, algo viejo, de nuevo.
Y no te castigarás por ello.
Sólo cabeza asomando desde….
Sólo, de ella, un trozo al menos. Suficiente. Bastante.
Y, de aleta caudal, un pedazo (el cuerpo retrato de, al respecto de los momentos esos, desvaneciéndose).
Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco.
Ni agua, a otra altura de la corriente misma, moviendo rueda de molino (ni en él ventanuco desde el que comprar la harina, de tu recuerdo molido).
Pero hubo y, por añadidura, en otro río (en otra época) me llevó él a presenciar con red su pesca, y en otro más, me contó cómo a mano, a su barriga acercándote, se captura.
La mía desde distancia seca la vi, la comí, y la suya, (de él), me la regaló a mí.
Y quieres tú, (seas quien seas, yo misma incluso), venirme a quitar, por lo que ya no hay, lo que hubo…
No me rio.
Habrá, (mía, de él), trucha.
Perro con bisagras
El perchero con cuerpo de perro es una entrada secreta.
De su cuello cuelga la llave, (última medalla identificativa de mi perro), que abrirá esa puerta.
Al abrirla no te parecerá nada más que otro armario empotrado cualquiera.
Si en él te adentras, llegarás, de la cara de perro, al cuarto trasero.
Verás lo que vio él.
Olerás lo que de su hocico, alguna vez, cerca.
Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes, hubiera.
¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?
Nada tocarás.
De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado?, colgando del hilo de su seda.
.Perro con bisagras.
Tiene, el perro, cara; le sale del cuerpo.
Unyo
De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.
.Unyo.
Unyo no es uno sino, al menos, tres:
¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y…)?
Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.
Y después, (antes), está…
La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.
¿Qué ganarías, (perderías), si,
además de entrada,
hubiese, para la bola negra,
(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?
¿Es, el nombre, la garantía de partida?
Cabeza de carnero
El carnero tiene cabeza,
(solamente eso).
En ella conviven, pensamientos y sentimientos.
Nada más.
Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras),
pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,
tiene cabeza, una, (sola).
Todo lo que le queda:
eso, (esa).
.Cabeza de carnero.
Quizás haya llegado el momento.
No lo supe,
lo sé no.
Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.
Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.
Y permites suceder lo que no pretendías.
Aparecer lo no buscado.
Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.
Abandonar el plan,
el empeño,
el proyecto,
el esfuerzo.
Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.
¿Qué sucedería entonces?
No lo supe.
No lo sé.
Nada.
Definitivo nada.
Nada que remediar se hubiera podido.
Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.
¿Qué pasaría entonces?
¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?
Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.
Y aprender a entendernos sin esas palabras.
Habitación de la esquina de la izquierda al fondo
Serán momentos, habrá sido etapa, y es retrato para colgar en la pared de a donde nunca regresar aunque, ¿te vas del todo del lugar ese en el que estuviste, o permanece, de ti, en una esquina, al fondo y a la izquierda?
. Habitación de la esquina de la izquierda al fondo.
La única luz en la oscuridad en la que vive, la de gas, (ese que reprocha, culpa, proyecta, humilla, desprecia, oculta, finge y, siempre, saciándose nunca, vence), y escondida, recóndita, tenebrosa, (familiar, familiar, familiar).
Luz que sale a la luz jamás.
¿Habría algo que objetar a que se consienta encendida la única iluminación disponible?
La única
Allí a lo lejos y arriba, tras ese desfiladero escarpado de piedra pizarrosa, creyó, (¿cuántas veces?), divisar otra.
Y fue, (¡cuántas oportunidades no se dio!).
¿Has caminado descalza alguna vez, tras la tormenta furiosa, cuesta de pizarra?
La desearás rota, para disponer de lugar, (tan desgarrador como fuese), al que agarrarte en la caída, (que impida, al comienzo, retorno).
¿Sabes lo que te sucederá una y otra vez y otra y otra y…?
Luz, (abajo), de gas, (arriba), de esperanza rota.
Verdad mentirosa.
En su rincón, (en su lugar), en la esquina de la izquierda al fondo…su oportunidad:
una puerta, al fin, entreabierta.
Brazos extendidos:
acercándole las manos uno, (fingiendo ofrecerlas), a punto de acariciar su cabeza, (sin nunca hacerlo), el otro …anticipándole lo que podría , (el interior de la habitación de la esquina, al fondo), brindar.
El único hogar que conoció abriéndole, de nuevo, la puerta:
¿no son las únicas dos manos disponibles, (que mantendrán a las demás lejos), que se aproximan, asegurándose de tocarte nunca, respeto la una y, la otra, ternura?
Sí, es cierto, un brazo rebelde procedente de un costado de su espalda,
(quizás de su espina dorsal por ello paralizada),
intenta alcanzar la luz de arriba, de a lo lejos.
Tendrá que ir sólo, sin cabeza, sin corazón, sin cuerpo y atravesar todas las luces (de gas):
el bisturí afilado, los reflejos de rostros ajenos (propios), los torbellinos de pensamientos, (de recuerdos), amenazantes, (aniquilantes), el desfiladero empinado de pizarra filosa, (despedazante), y rota…
¿por qué se empeña en intentar semejante aventura ajena, (propia), de nuevo?
Salir de un costado, (sin cabeza, ni corazón, ni cuerpo), para alcanzar luz natural, ¿cierta?
Dejar todo lo demás sentado, con piernas dobladas sujetas por su otro brazo, arrinconado en la esquina de al fondo y a la izquierda.
Sin saber si alguna vez podrá llegar.
Y, después regresar, a rescatar sus restos.
Y hacerlo.
Ameba cerebrófaga
Ameba según el diccionario de la R.A.E.L:
Del lat. cient. amoeba, y este del gr. ἀμοιβή amoibḗ 'cambio'.
f. Zool. Protozoo rizópodo cuyo cuerpo carece de cutícula y emite seudópodos incapaces de anastomosarse entre sí. Se conocen numerosas especies, de las que unas son parásitas de animales, otras viven en las aguas dulces o marinas y algunas en la tierra húmeda. U. t. en pl. como taxón.
Sin.:
amiba, amibo, protozoo
Sí, a veces, comprender el significado de una palabra requerirá que sepas el de otras…. ¿seis?.
Si a las unas evitas, no comprenderás a la otra, (lo que te sucede, ¿qué te pasa?).
. Ameba cerebrófaga.
Un ser inmenso y oscuro une ambos brazos a la altura de sus muñecas y sobre mi.
Sólo eso veo de él:
En cada mano seis dedos, (pulgar ninguno), sujetan mi única oportunidad de salir a la luz, a la esperanza, (al claro). Lo hace como quien sujeta un bocadillo, sin necesidad de decidir si lo devorará, (o qué le hará), sabiéndolo, (¿por qué otro motivo, sino, lo continuaría reteniendo?)
Veo, a través de los vacíos que sus dedos, (llenos de oscuridad), dejan, la oportunidad ajena, la vida mía que no lo será.
Y me alejo. Me acerco a lo que la ameba me hará.
Sí, quizás, trepando de nuevo sería ésta la vez en que no me escurriese, ni resbalase y fuese capaz de asomarme por algún hueco y … ¿contemplar lo que pudiera, no siéndolo, ser? La dejo, consiento que devore un aliento que no es suyo, (ni mío ya).
Déjame.
Sí: sé que hay, por ahí afuera, (arriba), luz.
Promesa perpetua de lo inalcanzable.
Déjale a él que triture con esos dientes, (en cada maxilar tantos como dedos en cada una de sus manos sin pulgares) ese…
Déjanos.
Sí, (no) podríamos haber sido diferentes, (ni lo seremos).
Ya no le verá él, con esos ojos asediados por sus seis pestañas en cada uno de sus párpados (invadiendo, sin pulgares, sus ojos, como si los agarrase para tragárselos).
Déjame.
No quedo sola: estamos dolor, enfermedad, cansancio, abandono, yo, y el monstruo.
Somos seis.
Bajo el mar, bajo el cielo, o bajo tierra. Sin uñas, para qué arañar, (ese sinónimo de suplicar), lo que te consentiste, (no hay diferencia en que fuese porque evitarlo no pudieras), arrebatar.
Y al séptimo día, de la noche séptima, (¿cuánto duró cada una?),
¿descansarás?